El arcoíris en las manos | Punto de Vista Editores
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El arcoíris en las manos

Dimensiones: 13,5×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-37-2
Nº de páginas: 198


Nota: Gastos de envío gratuitos solo para España.

17,90 

Marita es una mujer transexual de 24 años que se gana la vida como trabajadora del sexo. Con mucha paciencia y tesón ha aprendido a aceptarse a sí misma y a tener el valor de enfrentarse a cualquiera que se atreva a intimidarla, excepto a las dos personas más importantes de su vida: Revólver, su pareja desde hace muchos años, que olvida que Marita tiene un cuerpo masculino que cubre bajo sus vestidos; y su madre, quien a pesar de rechazarla vive de su dinero porque considera que es lo mínimo que merece dada la humillación que le supone tener un hijo transexual.

Entre los prejuicios de la sociedad y el lugar marginal que muchas veces deben adoptar las personas transexuales, Marita lucha para hacer sus sueños realidad en una historia que rebosa de sensibilidad y valentía.

«No te voy a engañar. Cuando termina esta obra, no estás feliz. Tampoco estás triste. Te quedas paralizado. Te secas las lágrimas y nada te borra la sonrisa. No paras de aplaudir. De pie. Entonces entiendes que estás agradecido, con ganas de abrazar a alguien. Y no sabes bien si correr a felicitar al autor o al director.»
Javier Ponce Gambirazio, Lucidez

«El rechazo familiar, la estigmatización social y la discriminación institucionalizada son algunos de los temas que la obra aborda con sinceridad y valentía.»
José Antonio Perez-Wicht, La Razón

«La obra trata de una manera muy cercana y personal el problema de la transexualidad. Es de un naturalismo absoluto.»
Alonso Alegría, Crítico teatral publicado en Perú21

Escena I

El escenario está a oscuras. Se oye música, la melodía de un bolero. Se ilumina la parte central del escenario y vemos a Marita. Ella lleva el cabello largo y suelto. Viste un vestido elegante pero antiguo, se nota que es uno que estuvo de moda en la década de los 80’s. El vestido es azul y lleva un cinturón, negro y grueso, en la cintura. Marita está frente al público como si se estuviera mirando en un gran espejo.

Marita
(Al público) Si no fuera por el color, el vestido sería el mismo… nunca pensé encontrar uno así… es igualito…

Posa frente al espejo imaginario, de frente, de costado, de espaldas.

Marita
(Al público) Todavía no puedo creerlo. Este tuvo que ser un milagro de la virgen. Yo no tenía nada que hacer en esa calle, nunca paso por ahí, ni sabía que existía esa tienda de ropa de segunda… Y ahí estaba… cuando lo vi en la vitrina me quedé cojuda. Felizmente acababa de hacerme una chambita y tenía plata, así que no dudé ni un segundo y lo compré. La idea fue comprarlo para mi mamá… pero no me aguanté las ganas de probármelo… y la verdad, no creí que me quedaría tan bonito, ¡por eso ahora me lo quedo yo! Y acá, entre nos, seguro que mi mamá no lo hubiera querido porque es usado.

Marita disfruta viéndose en el espejo imaginario, hace diferentes poses.

Marita
¡Ay, me gusta cómo me queda!, hasta casi podría decir que… que… ¡no, mejor no digo nada!… Igual, no sería cierto… estaría mintiendo. A nadie le quedaría más bonito que a mi mamá.

El sonido del bolero aumenta y Marita empieza a bailar con los ojos cerrados, como transportada a otra época. De pronto, deja de bailar y se vuelve a mirar en el espejo imaginario. La música se detiene.

Marita
¿O quizás si? ¿Podría ser que yo fuera más bonita?

Una voz rompe su concentración.

Vandrea
¿Marita?, ¡Marita! ¡Oye, te estoy hablando!

Se ilumina el escenario en su totalidad. Estamos en el cuarto de Marita, un lugar pequeño con solo dos sillas, un pequeño mueble con tres cajones y una cama. Vemos que Marita no está sola sino que está con Vandrea, quien está sentada en una de las sillas y mira a Marita, muy sorprendida. Vandrea tiene el cabello suelto y largo, viste jeans, rotos y ajustados, y una blusa muy llamativa que anuda a la altura de su ombligo. Las palabras de Vandrea han vuelto a Marita a la realidad.

Marita
¿Ah? Sorry, Vandrea, no te oí.

Vandrea
Sí, ya me di cuenta ¿De qué chala te habrás acordado que te distrajistes? No, no me digas, ya sé de cuál.

Marita
¡Vandrea! Solo me distraje pensando en el vestido.

Vandrea
Y de eso te estaba hablando: del vestido. ¡Está lindo, hermana!… pero, ¿no está un poquito viejo? Me hace recordar a la protagonista de una telenovela que veía cuando era chiquita, chiquita.

Marita
Ya sé que es viejo, por eso lo compré. Me recuerda cuando era niña. Solo viéndolo, recuerdo tantas cosas que creí olvidadas. ¿Sabes? Mi mamá tenía uno igualito pero en rojo, y la correa era…

Vandrea
¡Correa usan los perros, chica! ¡Cinturón! Por favor, habla con propiedad.

Marita
Okey, Vandrea: El cinturón era blanco. ¡Ay! Es como si me viera a mí misma antes de ir al colegio, esperando que mi mamá termine de planchar el uniforme, mientras escucha su radio de boleros… le encantaban los boleros, ¿sabes?… A mi hermana y a mí nos acabaron gustando, éramos las únicas chibolas hinchas de Los Panchos en todo el barrio.

Vandrea
Qué lindas…

Marita
Es increíble que haya encontrado este vestido.

Vandrea
Te creo, nadies hubiera imaginado que llegarías con eso, y por más bonito que esté, tienes que prepararte para el bullying que te harán las chicas cuando te lo vean puesto, porque de cajón que te van a cochinear.

Marita
No me importa, igual falta mucho para que esas lo vean.

Vandrea
¿No lo vas a usar?

Marita
Sí lo voy a usar, tonta, pero todavía no… Mi mamá se ponía el suyo solo en ocasiones importantes. Ese vestido jamás conoció polladas, ¡no señor! Me acuerdo que siempre lo usaba en el cumple de mi abuelo, que era justo un día antes de fiestas patrias. Así que, siempre, a las 12 de la noche, la fiesta paraba y todos cantábamos el himno. Mi mamá se ponía al frente, como si estuviera vestida con la bandera y dirigía el canto…

Vandrea
¿Así? Seguro cantaba lindo tu vieja.

Marita
Eso creía de niña, pero cuando crecí, me di cuenta de que cantaba bien feo.

Vandrea
¡Típico! Por eso digo que todas las madres deberían tener los huevos bien puestos pa’ decir a sus hijos, desde chiquitos, que todo lo bueno que ven en ellas es pura imaginación. Así nos ahorrábamos tantas decepciones.

Marita
¡Ay, Vandrea, eres una exagerada!

Vandrea
Puede ser… Pero ya, dime, ¿qué carajos tiene que tu vieja haya usado ese vestido solo en cada muerte de obispo?

Marita
Pues que yo haré lo mismo. Esperaré una ocasión importante para usarlo.

Vandrea
Pero hermana, todo lo que hacemos nosotras es importante: el partido de vóley del domingo es importante, y la chupeta, después del partido, es recontra importante…

Marita
No, querida, este vestido no se manchará con la chela pateada que nos venden en la cancha, ¡ni loca! Y tampoco lo usaré para chambear. Lo guardaré para mi graduación.

Vandrea
¿Graduación?, ¿de qué? ¿Del instituto en el que te has metido?

Marita
Ajá.

Vandrea
Oye, ni siquiera han empezado tus clases, ¡falta un huevo para la graduación, maricona!

Marita
El tiempo pasa volando, y estoy segura de que no encontraré mejor vestido que este para ese día.

Vandrea
Vestido más bonito… no sé, pero que no encuentras otro más barato y más viejo, ¡eso júralo!

Marita
¡Ni más bonito! Yo quiero usar este.

Vandrea
Oye, ¿y si no terminas de estudiar?

Marita mira a Vandrea seriamente, está a punto de reclamarle por sus palabras.

Vandrea
¡Ay ya, chica!, era broma… Bueno, entonces tendrás que ponerle harta naftalina para que no se apolille.

Marita
Lo guardaré bien.

Vandrea
Apuesto a que no te aguantas y lo estrenas con el Revólver.

Marita
Vas a ver que no, además que cuando estoy con el Revólver, lo que menos ando es vestida.

Vandrea
Ya, ya, tampoco me saques cachita. Aunque digas que no, igual un día lo sorprendes: «Revólver, ¡aquí está tu Verónica Castro!».

Marita
¡Cállate!, ¡envidiosa!

Marita se acerca a la cama y empieza a quitarse el vestido

Vandrea
No, hermana, ni tanto… Aunque te cuento que hace poquito me acordé de la historia de su primera vez…
(Al público) Es que cuando me toca un cliente jodido y se me apaga la chispita mágica que arde dentro de mí, nada más con pensar en la historia de esos dos y ¡zas!, ya estoy lista para darle con todo… es que esa historia es tan ¡mmmmm!

La luz se centra en Marita y Vandrea desaparece. Marita se quita el vestido azul y lo deja sobre la cama, quedando en ropa interior de mujer. Mientras habla, se quita el brasier y se pone unos shorts anchos y una camiseta masculina.

Marita
(Al público) ¿Han oído ese dicho «Tropezar con la misma piedra»? ¡Claro que sí, todos lo hemos escuchado! Ya pues, para mis amigas eso es el Revólver en mi vida: una piedra del tamaño del Machu Picchu. Dicen que por estar con él, perdí increíbles oportunidades de mejorar mi vida, y es que desde que chambeo en la calle, hace cuatro años, varios viejos con plata se me enamoraron. Tuve a varios comiendo de mi mano y fui la chibolita más buscada. El que estuvo más perro por mí me dejó este cuarto. Era un viejo bien feo, pero buena gente, obviamente casado. Todas las chicas me decían que no sea cojuda, ¡que aproveche!, que este cuarto no era nada comparado a lo que él podía darme si me volvía su firme… pero yo no quise eso. O sea, yo puedo estar con cualquiera el tiempo que dura un servicio, pero ¿venderme a tiempo completo? ¡No hay forma! Si soy como soy es porque decidí no traicionarme a mí misma viviendo una vida que no es la mía… Y en mi vida está el Revólver… aunque a veces lo odie. Él fue mi primer hombre. Lo conocí cuando entró a mi colegio, en tercero de secundaria, pero después de haber repetido no sé cuántas veces el mismo grado en otros colegios. Obviamente no se llama Revólver, pero cuando lo conocí ya le decían así. Dicen que él mismo se puso esa chapa porque desde chibolo decía que ninguna mujer se escapaba de su «revólver».

Daniel Fernández Vargas (Lima, 1980) es uno de los jóvenes dramaturgos limeños a tener en cuenta. En 2015 recibió el Tercer Premio del Concurso Nacional de Dramaturgia organizado por el Ministerio de Cultura de Perú con el texto que presentamos. La obra también ha ganado los Premios «Oficio Crítico» en 2017 al Mejor montaje, Mejor actor, Mejor actriz de reparto y Mejor actor de reparto. Ha participado en el taller del Vivero de Dramaturgia de Alonso Alegría y en el Seminario Internacional de Dramaturgia «Panorama Sur» en Buenos Aires (Argentina). También ha formado parte de los equipos de producción de diversas obras y muestras teatrales. Actualmente está inmerso en la escritura de otros géneros como el musical y el microteatro y es uno de los integrante de VIVE Producciones.

Cubierta: Descargar

Ficha del libro: Descargar

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