(Preventa) Cuarteto español | Punto de Vista Editores
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(Preventa) Cuarteto español , , , ,

Cuatro espectáculos de José Luis Gómez

Dimensiones: 13,5×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-90-7
Nº de páginas: 192


Nota: Gastos de envío gratuitos solo para España.

18,00 

Coincidiendo con el 25º aniversario del Teatro de La Abadía (1995-2020) publicamos los textos de cuatro espectáculos de José Luis Gómez que ha representado en este teatro a lo largo de los años: Azaña, una pasión española, Memoria de un olvido, Diario de un poeta recién casado y Unamuno: venceréis pero no convenceréis. Todas las grandes personalidades creadoras que están detrás de esos textos sufrieron un mismo destino: el exilio.

«Los vínculos que nos ligan a una tierra determinada pueden ser de índole muy diversa y dar lugar a sentimientos profundos que generen ese que llamamos patriotismo. La emoción de pertenencia o de membresía, con la perspectiva de generar un dulce y nutriente lazo, tiene también otro posible lado excluyente y discriminador que se llama nacionalismo; en nombre de la patria nos fusilamos los españoles mutuamente durante aquellos terribles años del 36. ¿De qué patria hablaban unos y otros?
Valga la lectura de estos textos para recordar.
Sin rencor.
Y perdonar.»
Del prólogo «Exilios» de José Luis Gómez

«Manuel de Azaña fue la revelación de la República con su portentosa oratoria. Y así lo recupera en el teatro José Luis Gómez.»
Santos Juliá, El País

«Gómez da vida al poeta (Cernuda) siguiendo una dramaturgia que recrea sus vivencias y su alma pero que también pretende ofrecer una mirada de España a través de las palabras del poeta.»
Javier Villán, El Cultural

«El actor José Luis Gómez interpreta el gran libro de amor de Juan Ramón.»
Juan Cruz, El País

«Y es este José Luis Gómez / Miguel de Unamuno el que sobrecoge a la audiencia con la declaración final, con el estertor que entonces y ahora parecen darse la mano como delirios tristes que jamás terminan: “Esto es un infierno, el mundo se me viene encima… Creí que había remedio pero me he engañado”.»
Juan Cruz, El País

Exilios. Prólogo de José Luis Gómez

Kaspar, de Peter Handke.
Apenas terminada la función, mientras aún me seco el sudor del trabajo y elimino los restos del maquillaje, el responsable del teatro llama a la puerta del camerino y me dice que un matrimonio español me espera y ha manifestado su deseo de saludarme. Me apresuro y salgo.
La mujer es de baja estatura y ojos vivos y penetrantes, blanco el cabello, seria; él, más alto y delgado, con leve bigote, desprende bondad. Me acerco para saludar y ella, sin más rodeos, me dice: «Hola, soy Rosa Chacel, nos ha conmovido vuestro trabajo, teníamos muchas ganas de escuchar español de España y queremos daros las gracias, yo y mi marido Timoteo Pérez Rubio». Respiro hondo, Jeannine Mestre había leído y me había pasado las Memorias de Leticia Valle, y así acierto a decirle que había leído ese libro suyo. Sus ojos brillan de alegría y así los de Timoteo, complacido.
Los pocos días que pudimos estar en Ciudad de México no nos separamos de ellos, escuchando historias de los «refugíberos», el salvamento de las obras del Prado, el convento de las Descalzas y la Academia de Bellas Artes de San Fernando; la llegada a México tras la guerra, la acogida del gobierno de Lázaro Cárdenas. Al escribir esto, rebrota la emoción española que me embargó entonces. La relación con Rosa Chacel continuó a lo largo de los años y se tornó amistad privilegiada entre ambas en el caso de Jeannine Mestre.
El Teatro de La Abadía y Punto de Vista Editores han decidido publicar la base textual de cuatro espectáculos que he representado en este teatro a lo largo de los años: Azaña, una pasión española, Memoria de un olvido, Diario de un poeta recién casado y Unamuno: venceréis pero no convenceréis. Todas las grandes personalidades creadoras que están detrás de esos textos sufrieron un mismo destino: el exilio. La Real Academia Española define exilio, entre otras acepciones, como «expatriación», generalmente por motivos políticos. Es el caso de Manuel Azaña, Luis Cernuda, Juan Ramon Jiménez y Miguel de Unamuno, aunque este último fuese, hasta la muerte, expatriado en su propia casa.
Cuando fui director del CDN, me vi obligado a dirigir La velada en Benicarló: me sentía en deuda de lealtad con Adolfo Marsillach, que la había programado, y mi recordado José Luis Alonso, que había sido elegido para dirigirla, desistió de hacerlo. No había leído antes la obra ni ningún otro texto de Manuel Azaña y, al hacerlo, quedé conmovido y deslumbrado y decidí ponerla en escena. El resultado está en los anales de aquellos años.
Con anterioridad había leído copiosamente en torno a la guerra civil española, especialmente durante los años de mi exilio elegido en Alemania, donde tuve acceso a fuentes entonces vedadas en España, pero la obra de Manuel Azaña me puso tan cerca, y de modo tan desgarrador, nuestra tragedia civil del 36 que el tema anidó en mi interior y he vuelto a él a lo largo de los años para contribuir a recordar lo que no debe olvidarse.
Durante aquellos años sesenta en que me tocó vivir y formarme en la República Federal de Alemania, aquel país emprendió un minucioso proceso de revisión de su memoria histórica del que fui testigo: por todos los medios a su alcance los sucesivos gobiernos, de uno u otro signo, sacaron a la luz los errores del pasado y los terrores del nazismo y, por si aún hiciera falta, se legisló para evitarlos. No se llamó aquel proceso de «memoria histórica» sino, y lo considero más acertado, de «superación del pasado»: Vergangenheitsbewältigung.
Los vínculos que nos ligan a una tierra determinada pueden ser de índole muy diversa y dar lugar a sentimientos profundos que generen ese que llamamos patriotismo. La emoción de pertenencia o de membresía, con la perspectiva de generar un dulce y nutriente lazo, tiene también otro posible lado excluyente y discriminador que se llama nacionalismo; en nombre de la patria nos fusilamos los españoles mutuamente durante aquellos terribles años del 36. ¿De qué patria hablaban unos y otros?
Valga la lectura de estos textos para recordar.
Sin rencor.
Y perdonar.
Otoño de 2019

José Luis Gómez (Huelva, 1940) tras su formación inicial en Alemania y Francia realiza sus primeros trabajos profesionales como actor, mimo y, más tarde, director de movimiento. A su vuelta en 1971 produce, dirige y actúa en montajes como Informe para una Academia de Kafka recorriendo los escenarios españoles y latinoamericanos. En 1978 asume la dirección de Centro Dramático Nacional, junto a Nuria Espert y Ramón Tamayo, y dos años más tarde la de Teatro Español.
Desde 1995 se ha concentrado en la concepción, gestión y dirección de Teatro de La Abadía, donde realiza como director de escena: Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte (1995), Castillos en el aire (1995), Entremeses, en codirección con Rosario Ruiz Rodgers (1996), Baraja del rey don Pedro (2000), Mesías (2001), Defensa de dama (2002), El Rey se muere (2004) y La paz perpetua (CDN/Abadía, 2008). No abandona su faceta como actor y trabaja con directores como Carles Alfaro, Rosario Ruiz Rodgers, Georges Lavaudant, Krystian Lupa y Roberto Ciulli en Las sillas (1997), El señor Puntila y su criado Matti (1998), Play Strindberg (2006), Fin de partida (2010) y El principito (2012). Trabajos como director y actor en La Abadía: Azaña, una pasión española (2000), Memoria de un olvido (2002), Informe para una Academia, nueva puesta en escena (2006), Diario de un poeta recién casado (2009), Celestina (2016) y Unamuno: venceréis pero no convenceréis (2018).
Ha recibido multitud de galardones en su larga vida teatral entre los que destacan el Premio a la Mejor Interpretación Masculina en el Festival de Cannes, por Pascual Duarte (1976), el Premio Nacional de Teatro (1998), la Cruz de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, otorgada por el Ministerio de Cultura de la República Francesa (1997), la Cruz de Caballero de la Orden del Mérito de la República Federal Alemana (1997), la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes (2001) y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes del Ministerio de Cultura (2005). En 2011 es elegido Académico de la Real Academia Española.

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