Laura y Francisca | Punto de Vista Editores
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Laura y Francisca

Edición y traducción de Nicole d’Amonville Alegría

Colección: Libros porvenir
Dimensiones:
13,5×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-39-6
Nº de páginas: 178


Nota: Gastos de envío gratuitos solo para España.

18,90 

Laura (Riding) Jackson (Nueva York, 1901 – Florida, 1991) es una gran desconocida entre el público hispanohablante. Salvo raras excepciones, la mitad no ha oído hablar nunca de ella y la otra mitad solo la tiene presente como musa hechicera de Robert Graves. Sin embargo es una de las mayores poetas del siglo xx y su poesía no tiene nada que envidiar a la de sus compatriotas Ezra Pound y T. S. Eliot.

Paul Auster, en un artículo publicado en el New York Review of Books, afirma acerca de Riding, que aún no había entrado en la cuarentena cuando publicó sus Collected Poems: «a una edad cuando la mayoría de poetas apenas empieza a encontrar su voz, ella ya había alcanzado la madurez». Y prosigue: «en los años 1920 y 1930 llegó a tener un importante peso en la vanguardia poética».

Entre los poemarios más destacados de Riding se hallan The Close Chaplet of Thought (1926), Poems: A Joking Word (1930), Poet: A Lying Word (1933), Collected Poems (1938), Selected Poems in Five Sets (1970), y la edición definitiva de los Collected Poems (1980). Al alimón con Robert Graves escribió A Survey of Modernist Poetry (1927), Contemporaries and Snobs (1928) y la novela No Decency Left (1932) publicada bajo el seudónimo de Barbara Riche. A ello hay que añadir otras dos novelas escritas por ella sola: A Trojan Ending (1937) y Lives of Wives (1939).

El propósito de esta edición bilingüe es enderezar el entuerto que pesa sobre la figura y la obra de esta originalísima poeta presentando el extenso poema «Laura y Francisca» en sus dos versiones: la original de 1931 y la corregida que la autora incluyó, transcurridos casi cincuenta años, en la segunda edición de su poesía reunida, The Poems of Laura Riding. A new edition of the 1938 collection (Carcanet, 1980). Como colofón añadimos un facsímil de la publicación original de Laura and Francisca, manufacturada en The Seizin Press (Deià, Mallorca) en 1931.

Prólogo por Nicole d’Amonville Alegría. Laura, Francisca y yo
Nota a la presente edición
Laura y Francisca (1980)
Laura y Francisca (1931)
Facsímil Laura and Francisca (1931)

Prólogo. Laura, Francisca y yo

Laura (Riding) Jackson es una gran desconocida entre el gran público hispanohablante. Salvo raras excepciones, la mitad no ha oído hablar nunca de ella y la otra mitad solo la tiene presente como musa hechicera de Robert Graves. Esto último es literalmente injusto. Riding no solo fue musa del autor de La diosa blanca, cuya publicación en 1948 motivó el airado comentario de la escritora: «donde antes reinaba yo ha cobrado vida una prostitución abominable, una Frankenstein reconstruida a partir de los fragmentos de mi vida y mis pensamientos», sino que es una de las mayores poetas del siglo xx. Su poesía no tiene nada que envidiar a la de sus compatriotas Ezra Pound y T. S. Eliot, por citar a dos poetas de prestigio internacional, muy consolidados por la crítica. Como bien expresó Graves, Riding «aportó algo nuevo y permanente que no existía antes».
Es cierto que la obra poética de Riding, como la de Graves —cuya fama, por desgracia, no se debe a su poesía, sino principalmente a la novela Yo, Claudio (objeto de una serie televisiva) y a su relato autobiográfico Adiós a todo eso— tampoco es conocida por el gran público anglosajón, aunque sí lo sea entre destacados poetas y novelistas a ambos lados del Atlántico, entre los que ha ejercido y sigue ejerciendo una notable influencia. Ello se debe principalmente a dos factores. Por un lado Riding, al igual que Graves, se preciaba de ser una poeta «menor», según la definición de Auden —que reconoció la influencia de Riding en numerosas ocasiones—, «aquel a cuya obra las universidades no dedican un curso entero». Por otro lado la propia Riding contribuyó a obstaculizar el camino de su reconocimiento, entre otras cosas, al renunciar a la poesía «como medio adecuado para decir la verdad» y a continuación prohibir reeditar su obra durante casi treinta años.
El título del tercer poemario de Riding Poet: A Lying Word es revelador de su posterior renuncia no solo a escribir poesía, sino también a publicar. Cuenta Ashbery en su libro Other Traditions (2015), donde reivindica la poesía de seis poetas «menores», incluida la de Riding, que a partir de la publicación en 1938 de los Collected Poems, la escritora, que también había abordado la ficción y el ensayo, prohibió que se reeditase su obra previa «como mínimo hasta 1964», año en que por fin le permitió publicar un cuento en la revista Art and Literature de la que era editor. «En 1970 —continúa Ashbery—, dos años después de la muerte de Schuyler Jackson [el segundo marido de Riding], la escritora autorizó a Faber & Faber a reeditar una versión reducida de los Selected Poems con una introducción donde advertía a los lectores que «no interpretasen los poemas como poesía en el sentido generalmente otorgado a la palabra».
El hecho que Riding, que había sido una devota defensora de la poesía, con la misma devoción renunciase a su lealtad a ella como profesión y a su fe en ella como institución, no fue bien recibido ni por la crítica ni por sus colegas. A ello hay que sumar el agravante del prolongado silencio que la escritora guardó al respecto. Riding ofreció en el prólogo a la antología Selected Poems: in Five Sets (1970) una rigurosa explicación de su renuncia, pero hasta entonces no había hecho sino una única mención impresa en los años 50 en Twentieth Century Authors, tomo suplementario de la antología World Authors, 1950-1970. Lo cierto es que cuando sintió la necesidad de justificar su decisión, tampoco fue comprendida, quizá porque lo hizo mediante escrupulosas explicaciones un tanto alambicadas que en sí mismas requieren una explicación, lo que sin duda ha contribuido a su falta de popularidad. En su opinión, pese a la «lógica indiscutible» de su postura lingüística tanto en la época en que trabajó de poeta, como cuando lo hizo «sin afiliación alguna a una postura categóricamente literaria», sus explicaciones han obrado en contra de su verdadero logro como poeta. Suscribo la opinión del crítico norteamericano John Holmes: «sus poemas hallan una verdad distinta de la verdad que ella intenta hallar en su prosa».
Ahora bien, la renuncia de Riding a la poesía no significa que repudiase los poemas que había escrito y publicado hasta entonces. En el texto A Recording (1972) leído en la universidad de Harvard, explicita: «Honro mis poemas por su felicidad en las palabras que son, y por no alejarse nunca furtivamente de mí para convertirse en extraños. Somos amigos hasta donde llegamos. Yo no renuncié a ellos: y como yo era su aliento, ellos no renunciaron a mí.» Riding, que dedicó su vida en cuerpo y alma a la búsqueda de la perfección lingüística como expresión última de la verdad del ser, no puede sino afirmar con toda honestidad: «pienso que la poesía obstaculiza la consecución general de algo mejor que lo que ofrece nuestra forma de vida lingüística. Solo puedo esperar que los propios poemas suavizarán esa inconsistencia haciendo que la naturaleza de la poesía, a la que son fieles, sea más llana en su forzada y fina suspensión de la verdad. La poesía y la verdad han sido tan mal utilizadas que hay una escasa percepción integral de lo que son».
Riding, implacable buscadora de la verdad individual, reflejo de una verdad universal, será recordada ante todo como poeta, pero no hay que olvidar que su aguda inteligencia iba acompañada de un inusitado don para la crítica. El propio Graves, que en su poema «On Portents» calificó la mente de Riding de bladed mind (mente cuchilla), sometió a su certero, constructivo e implacable juicio todo cuanto escribió durante los catorce años que vivió con ella, a partir de 1929 en absoluta y dolorosa castidad. Cabe recordar A Survey of Modernist Poetry publicado a ambos lados del Atlántico en 1927 y 1928, donde bajo la batuta de Riding ambos poetas introdujeron un nuevo método de minuciosísimo
análisis textual que sentó los cimientos de lo que se denominó la Nueva Crítica, uno de cuyos máximos exponentes, William Empson, recogió el testigo en el celebrado Seven Types of Ambiguity (1947).
Paul Auster, en un artículo publicado en 1975 en el New York Review of Books, afirmaba acerca de Riding, que aún no había entrado en la cuarentena cuando publicó sus Collected Poems: «a una edad cuando la mayoría de poetas apenas empieza a encontrar su voz, ella ya había alcanzado la madurez». Y prosigue Auster: «en los años 1920 y 1930 llegó a tener un importante peso en la vanguardia poética». Otro admirador de Riding, Robert Fitzgerald, crítico de gran prestigio, poeta y traductor de los clásicos griegos y latinos, escribió: «De todos los poemas contemporáneos que conozco, estos me parecen los más avanzados, personales y puros […]. Puede que poco a poco se recupere la autoridad, la dignidad de decir la verdad que la poesía ha perdido en favor de la ciencia. Si es así, estos poemas deberían constituir algún día una suerte de Principia
Entre los poemarios más destacados de Riding se hallan The Close Chaplet of Thought (1926), Poems: A Joking Word (1930), Poet: A Lying Word (1933), Collected Poems (1938), Selected Poems in Five Sets (1970), y la edición definitiva de los Collected Poems (1980). Al alimón con Robert Graves escribió A Survey of Modernist Poetry (1927), Contemporaries and Snobs (1928) y la novela No Decency Left (1932) publicada bajo el seudónimo de Barbara Riche. A ello hay que añadir otras dos novelas escritas por ella sola: A Trojan Ending (1937) y Lives of Wives (1939), ambas gozaron de cierto éxito.
A mi entender Final troyano (A Trojan Ending), novela histórica en la tradición de Yo, Claudio, es la única obra de la autora publicada en España hasta la fecha (desconozco la situación en América Latina). Vio la luz en 1986 bajo el sello de Edhasa; Ediciones Orbis la reeditó en 1988, Salvat Editores hizo lo propio en 1998 ¡atribuyéndole la autoría a Robert Graves!, y RBA Coleccionables volvió a reeditarla en el año 2000. El propósito de la presente edición es enderezar el entuerto que pesa sobre la figura y la obra de esta originalísima poeta y empezar a colmar esta laguna presentando al lector hispanohablante el extenso poema «Laura y Francisca» en sus dos versiones: la original de 1931, publicada de forma independiente en un libro manufacturado en Deià (Mallorca), y la corregida que la autora incluyó, transcurridos casi cincuenta años, en los Collected Poems de 1980.
En el prólogo a esta segunda edición de los Collected Poems la poeta, a la que la crítica clasifica como «modernista», especifica: «Al convertirme en poeta en el primer cuarto de siglo del modernismo poético, asumí el carácter de moderna en la libertad con la que alegremente prescindí de las convenciones literarias del lenguaje poético y me forjé una dicción poética a partir de unos niveles normales de excelencia en la dicción, moldeada según los requisitos de los asuntos especiales de la poesía.» Sin embargo, continúa Riding, siendo que la tradición no define esos «asuntos especiales», sino que se presenta ella misma como definición, cada poeta tiene un margen para decidir cuáles son esos «asuntos especiales» y traducirlos a sus propias palabras. Ella reconoció esa «asignación tradicional de la poesía a sí misma de un área de la experiencia de una calidad espiritual inmediata, absoluta y purificadora», y aceptó «la poesía sin reserva habiendo demarcado ese área como un espacio potencialmente ocupable por específicas formas de consciencia, funciones reales del ser, y una congrua y exacta traducción de su ocupación en palabras».
Es más, su rigurosa honestidad, que no podía sino traducirse en un feroz individualismo, la lleva a desmarcarse de sus colegas modernistas alegando «escrúpulos de veracidad lingüística» frente a «una ilustrada opinión doctrinaria». Riding no creía en la poesía como «un mero arte», «un simbólico ritual de espiritualidad, un proceso de imitación metafórica de lo religiosamente serio», sino que la elevaba al rango de religión secular, «una institución dedicada a la búsqueda de un realismo espiritual, frente a la religión que busca el idealismo espiritual». Aunque esa secularidad no era de molde «mundano», pues ella concebía la poesía como «cédula de la espiritualidad interna, independiente y personal del ser humano».
En el caso de Riding es útil —y hasta necesario— orientar la lectura de su obra con cierto conocimiento de su vida, lo que tampoco es fácil, porque la propia poeta se encargó de borrar el rastro de cuantos datos biográficos tuvo ocasión. Un ejemplo de ello, presente en «Laura y Francisca», es la supresión en la versión de 1980 de todos los versos referentes al escultor y dibujante neozelandés Len Lye y a su esposa Jane. Len, lo mismo que Jane, contratada por Graves y Riding en calidad de mecanógrafa, fue un estrecho colaborador en The Seizin Press encargado de diseñar portadas y contraportadas, entre ellas las de Laura and Francisca, y la portada de la célebre biografía de Graves Goodbye to All That, que en su primera edición contenía un epílogo dedicado a Riding. De ahí que considere oportuno presentar una sumaria biografía de la autora.
Laura (Riding) Jackson nació en Brooklyn en 1901 de padres judíos no religiosos apellidados Reichental. En 1922 Laura contrajo matrimonio con Louis Gottschalk,
tutor de historia en la Cornell University, donde ella era estudiante, y publicó sus primeros poemas y narraciones bajo el nombre de Laura Reichental Gottschalk (su marido adoptaría también el de ella, y lo conservaría hasta su muerte). Sin embargo, siendo que no era feliz en el matrimonio y encontrando que aquel nombre era demasiado aparatoso, no tardó en sustituirlo por Laura Riding, nombre con el que firmaría todos sus poemarios hasta la nueva edición de su poesía reunida en 1980, que ya firma con el apellido de su segundo marido, el escritor Schuyler Jackson. Sin embargo, para no desorientar a los lectores que la conocían como Laura Riding, no solo conserva ese apellido entre paréntesis, sino que el libro se titula The Poems of Laura Riding.
De ahí que, pese al deseo expreso de la escritora de firmar como Laura (Riding) Jackson las ediciones de su obra posteriores a 1940, en esta breve introducción me refiera a ella por el sencillo apellido de Riding.
En su primera juventud Riding atrajo la atención de «los fugitivos», un grupo de escritores estadounidenses sureños, que incluía a John Crowe Ransom, Allen Tate y Robert Penn Warren, fundadores de la revista The Fugitive (1922). Fueron ellos quienes en 1923 dieron a conocer a la joven poeta publicando en su revista un poema de ella que destacan por su «calidad y originalidad». Al año siguiente The Fugitive, de la que Graves era suscriptor, alababa su poesía como «el descubrimiento del año». En 1925 Riding, que ya se había instalado en Tennessee, no solo formaba parte del grupo, sino que era uno de sus miembros principales. Sin embargo, la comunión con «los fugitivos» fue de corta duración. La poeta pronto descubrió que sus colegas no estaban dispuestos a observar sus criterios lingüísticos, morales y espirituales con la religiosidad que ella exigía, por lo que ya divorciada de su primer marido abandonó Nashville y regresó a su Nueva York natal, donde trabaría amistad con Hart Crane.

Entre los poemarios más destacados de Riding se hallan The Close Chaplet of Thought (1926), Poems: A Joking Word (1930), Poet: A Lying Word (1933), Collected Poems (1938), Selected Poems in Five Sets (1970), y la edición definitiva de los Collected Poems (1980). Al alimón con Robert Graves escribió A Survey of Modernist Poetry (1927), Contemporaries and Snobs (1928) y la novela No Decency Left (1932) publicada bajo el seudónimo de Barbara Riche. A ello hay que añadir otras dos novelas escritas por ella sola: A Trojan Ending (1937) y Lives of Wives (1939), ambas gozaron de cierto éxito.

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