El movimiento sofístico | Punto de Vista Editores
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El movimiento sofístico

Dimensiones: 13,5×22 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-18322-70-9
Nº de páginas: 336

22,90 

Los sofistas pasaron a la historia de la filosofía poco más que como unos saltimbanquis intelectuales desde que Platón condenara sus actividades. Sin embargo, en este libro, Kerferd desafía las creencias generales y los presenta como miembros de un movimiento fundamental de pensadores del siglo v a. C. en Atenas, en una época donde se produjeron profundos cambios sociales y políticos, y en los que hubo una intensa actividad artística e intelectual.

En el centro de la enseñanza de los sofistas se yergue una suerte de relativismo, expresado muy acertadamente por Protágoras al decir que «el hombre es la medida de todas las cosas», lo cual aplicaron a una amplia gama de temas como el conocimiento, la argumentación, la virtud, el Estado, la sociedad y los dioses. Su aporte fue sustancial y serio, inauguraron el debate en torno a cuestiones filosóficas fundamentales y viraron de manera decisiva el foco de la atención filosófica del cosmos al hombre. La participación del movimiento sofístico fue crucial en la disolución de patrones establecidos en favor de otros nuevos y en cuestionar las creencias y los valores de generaciones anteriores.

«Este libro es claramente el fruto de muchos años de convivencia cercana con el tema. A lo largo de ella muestra su característico buen sentido, amplio aprendizaje y don para la argumentación clara y concisa».
Peter W. Rose, The American Journal of Philology

Prefacio
Introducción
1. Hacia una historia de las interpretaciones del movimiento sofístico
2. Los sofistas como fenómeno social
3. El significado del término sofista
4. Los protagonistas del movimiento sofístico
5. Dialéctica, antilógica y erística
6. La teoría del lenguaje
7. La doctrina del logos en la literatura y en la retórica
8. El relativismo sofístico
9. El debate nómos-phýsis
10. ¿Se puede enseñar la virtud?
11. La teoría social
12. La religión y los dioses
Conclusión
Bibliografía selecta

Introducción

No una, sino dos barreras se interponen ante quien intente llegar a comprender adecuadamente el movimiento sofístico de la Atenas del siglo v a. C. No se conserva ningún escrito de ninguno de los sofistas y tenemos que depender de fragmentos minúsculos de sus doctrinas, o más de una vez de resúmenes confusos y poco fiables. Lo que es peor: para mucha de nuestra información dependemos del tratamiento profundamente hostil que Platón hace de ellos, presentados con todo el poder de su genio literario y aprovechados con un impacto filosófico poco menos que arrollador. El efecto combinado de estos dos obstáculos ha sido bastante nefasto. Ha conducido a una recepción según la cual es discutible que los sofistas en conjunto hayan aportado algo de importancia a la historia del pensamiento; su papel principal, se ha dicho más de una vez, fue simplemente el de haber provocado las condenas de Sócrates, primero, y después de Platón. En el enfrentamiento de Platón con los sofistas, se consideró esencialmente que Platón estaba en lo cierto y que los sofistas se equivocaban. Tampoco logró hacer demasiado por ellos el desprecio hacia Platón de parte de quienes lo veían como un autoritarista reaccionario. Condenados así a una suerte de vida media entre los presocráticos por un lado, y Platón y Aristóteles por el otro, parece que los sofistas fueran a vagar por siempre como almas perdidas.
El resultado es paradójico. El período de 450 a 400 a. C. fue, en muchos sentidos, la época más importante de Atenas. Fue un período de profundos cambios sociales y políticos, en los que hubo una intensa actividad artística e intelectual. Patrones establecidos de vida y experiencia se disolvían en favor de patrones nuevos. Las creencias y los valores de generaciones anteriores se encontraban bajo ataque. Y quien dio expresión a todo esto fue el movimiento sofístico. Nosotros, que contamos con la suerte de vivir en estos tiempos, nos encontramos particularmente bien posicionados, es probable, para entender con bastante seguridad lo que sucedía en ese entonces, y proceder a investigar y a determinar, hasta donde sea posible, qué pasó realmente.
La actualidad de todo el rango de problemas formulados y discutidos por los sofistas es asombrosa, y la lista siguiente parece hablar por sí sola. En primer lugar, problemas filosóficos sobre teoría del conocimiento y la percepción: el grado en que las percepciones sensoriales deban considerarse infalibles e incorregibles, y los problemas que resultan de ser así; la naturaleza de la verdad y, sobre todo, la relación entre lo aparente y lo real, o verdadero; la relación entre lenguaje, pensamiento y realidad. Por otra parte, cierta sociología del conocimiento, un tema urgente, siendo que hay tanto de lo que creemos saber que parece estar social o étnicamente, incluso, condicionado. Esta abrió camino por primera vez a la posibilidad de un acercamiento genuinamente histórico a la comprensión de la cultura humana, sobre todo a través del concepto de lo que ha sido llamado «antiprimitivismo», es decir, el rechazo a la idea de que las cosas estaban mucho mejor en un pasado lejano en favor de una creencia en el progreso y de una idea evolutiva y desarrollista de la historia del ser humano. También el problema de alcanzar un conocimiento, por mínimo que sea, acerca de los dioses, y la posibilidad de que los dioses existan solo en nuestra mente, o sean, incluso, invenciones humanas relacionadas con ciertas necesidades sociales. Los problemas teóricos y prácticos de vivir en sociedad y, sobre todo, en democracia, con la doctrina implícita de que al menos en algún respecto todos los hombres deben ser iguales. ¿Qué es la justicia?; ¿cuál debería ser la actitud del individuo ante valores impuestos por otros, sobre todo en una sociedad organizada que exige obediencia a las leyes y al Estado?; el problema del castigo; la naturaleza y el propósito de la educación y el rol de los maestros en la sociedad; las determinantes consecuencias de la doctrina de que la virtud puede enseñarse, que es solo una forma de decir, en un lenguaje caduco, que la educación puede cambiar a la gente siempre que esta esté correctamente posicionada en la sociedad. Esto, a su vez, plantea irremediablemente la cuestión de qué es lo que haya que enseñar, quién debe enseñarlo, a quién; el efecto de todo esto en la relación entre las generaciones más jóvenes y las más viejas. Y, atravesando todos estos problemas, dos temáticas dominantes: la necesidad de aceptar el relativismo, en los valores y en todo lo demás, sin reducirlo a subjetivismo, y la creencia de que no hay área alguna de la vida humana o del mundo como un todo que deba ser inmune a una comprensión cabal alcanzada con argumentos racionales.
Es una lista larga, y se nos puede perdonar por sentir que represente algo así como el mismísimo proceso de transición de una imagen inicial tradicional del mundo a otro que ya es intelectualmente nuestro mundo, con nuestros problemas. Pero el intento de interpretar a los sofistas de acuerdo con estos ejes apenas si todavía se ha puesto en marcha. Lo que sigue en el presente libro es un primer comienzo. Ahora bien, antes de proceder a interpretar verdaderamente a los sofistas sobre estos ejes, va a ser útil, creo, desarrollar dos tópicos preliminares: en primer lugar, la historia de los anteriores intentos por valorar el movimiento sofístico, que es esencial para comprender por qué ha sido tan subestimado hasta el día de hoy; y, en segundo lugar, la circunstancia histórica y social que hizo emerger la actividad de los sofistas.

G. B. Kerferd (Melbourne, 1915-Mánchester, 1988) fue un filólogo experto en cultura clásica. Cursó estudios en Oxford y dictó clases de griego y latín en diversas universidades del Reino Unido y Australia. Sus investigaciones se enfocaron en el pensamiento de los sofistas del siglo v a. C., y estos estudios fueron sintetizados en su obra El movimiento sofístico (Punto de Vista Editores, 2022). Además, coordinó la edición de The sophists and their legacy (1981, Wiesbaden), una colección de ensayos sobre el movimiento sofístico que recopiló el trabajo de importantes investigadores del medio.
Ignacio Etchart (Buenos Aires, 1988) es licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino. Ha traducido al español los libros Protágoras y el logos de Edward Schiappa (Avarigani Editores, 2018), e Isócrates y su tiempo de Paul Cloché (Punto de Vista Editores, 2019).

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