(Preventa) Autoficciones | Punto de Vista Editores
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(Preventa) Autoficciones

Dimensiones: 15×23 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-52-5
Nº de páginas: 402


Nota: Gastos de envío gratuitos solo para España.

25,00 

«Sergio Blanco está considerado como uno de los cuatro o cinco dramaturgos mayores de la lengua española en la actualidad.»
José-Luis García Barrientos (Especialista en teoría teatral, investigador del CSIC)

«Un lujo intelectual en tiempos de teatro huérfano de ideas.»
Miguel Ayanz, Volodia

«Kassandra, un texto muy llamativo de Sergio Blanco, el dramaturgo uruguayo que se ha ganado todos los premios importantes de su paísy ahora triunfa en Europa.»
Alberto Sanabria, El tiempo

«Un espectáculo sensacional que descubre todo lo que ocultael embozo de la tradición, la inercia y la costumbre […] Tebas Landes una obra para que estallen los actores.»
Saúl Fernández, La Nueva España

«La obra está escrita con una pericia técnica y un sentidodel ritmo encomiables.»
[Sobre Tebas Land] Raúl Losánez, La Razón

«Al final de la noche, cuando empieza a amanecer, y el horizonte empieza a dibujar los perfiles negros de las cosas, Sergio y Roxana Blanco, por mor del talento y el genio, nos enseñan que no existeverdad en el mundo que valga lo que la verdad poética.»
[Sobre Ostia] Bernado Borkenztain, Revista Dossier

«Los puntos de fuga que ofrece la pieza son sus momentos más ricos, esos que no cierran con la lógica estricta que el policial demanda,donde los múltiples planos y paradojas con los que juega La irade Narciso encuentran su unión.»
Gabriel Isod, La Nación

«En este nuevo trabajo escénico Blanco se muestra como un gran director de escena, y no solamente como un escritor ingenioso, con talento para contar historias de un modo original. […] Blanco sabe escribir y escenificar acorde al deseo de muchos espectadores.En esta obra hay un toque culto, ensayístico, y también referenciasa la cultura de masas, y hasta algo de humor.»
[Sobre El bramido de Düsseldorf] Carlos Reyes, El País Uruguay

«Poner los mitos y lo mejor del arte en moldes contemporáneos, desarrollar una prosa impecablemente elegante para crear formas de teatralidad que trastornan lo establecido y mirar de frente las tragedias contemporáneas, son sólo algunas de las razones que hacen de Sergio Blanco el mayor dramaturgo en lengua hispana de nuestro tiempo.»
María Esther Burgueño, Ideas

Prólogo. Yo no soy yo
Kassandra
Tebas Land
Ostia
La ira de Narciso
El bramido de Düsseldorf
Cartografía de una desaparición

Prólogo. Yo no soy yo

Mi arte es una ficción real,
no es mi vida, pero tampoco es mentira.
Sophie Calle

El término autoficción es un neologismo acuñado en los años 70 por Serge Doubrovsky para designar su novela Fils. El término, que está compuesto del prefijo auto- (de o por sí mismo) y de ficción (falso, mentira, invención), se refiere a un género literario que se define por la asociación de elementos autobiográficos y de elementos ficcionales. Serge Doubrovsky dice: «La autoficción es una ficción de acontecimientos y de hechos estrictamente reales». Es importante destacar que, si bien el término es acuñado por Serge Doubrovsky en 1977, el concepto existía desde mucho antes. Lo que va a hacer Doubrovsky al inventarle un término a este género, es decir, al bautizarlo, es empezar a organizar un pensamiento que pueda problematizar y teorizar esta práctica literaria. Como explicita Manuel Alberca, uno de los principales estudiosos del tema: «hasta que Doubrovsky no lo formuló, no se había tenido conciencia teórica ni genérica de la especificidad de este tipo de relatos olvidados, rechazados, incomprensibles e inclasificables por su forma contradictoria».
Mi pieza El bramido de Düsseldorf se abre con una Captatio en la cual uno de los personajes propone la mejor definición que hasta el momento se me ha ocurrido de la autoficción:

Soledad Frugone: Sergio es un dramaturgo que vive en París y que desde hace años escribe obras como estas que son autoficciones. Él las define como un cruce entre relatos reales y relatos ficticios. Muy seguido, Sergio dice que la autoficción es el lado oscuro de la autobiografía y que ahí en donde hay un pacto de verdad, como es el caso de la autobiografía, en la autoficción hay un pacto de mentira. […] En varias de sus conferencias en donde habla de la autoficción, muchas veces le escuché decir esto que creo que es algo que define a Sergio: «No escribo sobre mí porque me quiera a mí mismo, sino porque quiero que me quieran».

De este intento de definición que creo que es generoso, amable y esclarecedor, como debe ser todo lo que figura en una Captatio, se desprenden tres aspectos fundamentales de la autoficción.
El primer aspecto es esta noción de intersección, de encrucijada, de confluencia entre lo real y lo que no lo es. De hecho, en los últimos años me he acostumbrado a definir rápidamente la autoficción como el cruce entre un relato real de la vida del autor, es decir, una experiencia vivida por este, y un relato ficticio, una experiencia inventada por este. Y lo interesante es que la autoficción no es ni una cosa ni la otra, sino la unión de las dos al mismo tiempo. Eso es lo que la vuelve fascinante. No estamos ante la disyuntiva de «ser o no ser», sino ante la certeza de «ser y no ser» a un mismo tiempo. Esto último es lo que hace que la autoficción proponga cuestionarse todo el tiempo sobre el vínculo entre lo que es verdadero y lo que es falso, es decir, el famoso tema de la frontera entre lo real y lo no real que siempre ha habitado el mundo del arte desde Sócrates hasta nuestros días. La autoficción, al cruzar la verdad y la mentira fundiéndolas en un solo relato, toca la raíz epistemológica del arte: el asunto de la convivencia entre lo real y lo que no lo es, el tema del mundo y su representación. Con las palabras lúcidas y filosas que siempre lo caracterizaron, el dramaturgo británico Harold Pinter arriesgó una vez la siguiente idea: «No hay distinción firme entre lo real y lo irreal; ni entre lo verdadero y lo falso. Una cosa no es necesariamente verdadera o falsa, sino que puede ser ambas: verdadera y falsa». A su manera, estaba definiendo la autoficción.
El segundo aspecto que se desprende de esta definición es lo que he designado con el nombre de pacto de mentira y que es lo que separa y aleja la autoficción de la autobiografía. Esta fórmula de pacto de mentira es algo que he inventado como respuesta a la noción del pacto de verdad del cual habla el mayor estudioso de la autobiografía, Philippe Lejeune, quien en 1975 afirma en su célebre libro El pacto autobiográfico que en toda autobiografía debe haber un pacto de verdad que el autor establece entre él y su lector. Fue estudiando este pacto de verdad como una tarde se me ocurrió pensar que finalmente en la autoficción, por oposición a la autobiografía, hay un pacto de mentira. Es en este sentido que me gusta afirmar que la autoficción de alguna manera es el lado oscuro —u oculto— de la autobiografía: allí donde la autobiografía pacta fidelidad y lealtad a la verdad, la autoficción jura infidelidad y deslealtad al documento. Si hay algo que es cautivador en la aventura autoficcional es ese desprendimiento de la realidad, de la veracidad y de la exactitud, ya que, allí donde una autobiografía atestigua y certifica, la autoficción desatestigua y descertifica. Experiencia suprema de lo ilegítimo, es eso la autoficción y, por eso mismo, es un territorio tentador en donde no hay ni ley ni moral. Si hay algo que puedo asegurar a la hora de definir la autoficción es que es por excelencia una experiencia amoral.
El tercer aspecto que resalta esta definición, al confesar la necesidad de ser querido por los demás, es la urgencia que tiene toda autoficción por encontrar al otro o a los otros. Y este no es un detalle menor: la autoficción no es un encierro ególatra en sí mismo, como erradamente suele creerse, sino que es, por el contrario, un camino de apertura a los demás. Si bien la empresa autoficcional surge de un yo, de una vivencia en primera persona, de una experiencia personal —dolor profundo o felicidad suprema—, siempre va a partir de ese yo para ir más allá de ese sí mismo, es decir, para poder ir hacia un otro. De esta forma, la autoficción propondrá siempre ese juego ambiguo, difuso y equívoco entre el uno y el otro, entre el yo y la alteridad. En esta búsqueda del amor del otro, es claro que el objetivo de la producción autoficcional no es enclaustrarse o recluirse en sí mismo, sino, por el contrario, ir hacia otro: intentar alcanzar en un movimiento de apertura ese otro que no soy yo.
Hoy en día, ante la amenaza cada vez mayor de esta desubjetivación dirigida por las nuevas economías de mercado y que conduce a los autoritarismos políticos, a los integrismos religiosos y a los comunitarismos sociales que finalmente prohíben y sancionan toda forma de expresión individual —oponiéndose así al proceso de personalización del que habla Lipovetsky y a la cultura de sí mismo del que habla Foucault—, la autoficción surge con fuerza como una alternativa artística que busca resistir a esta intimidación desubjetivadora. En este comienzo del siglo XXI, la autoficción se activa como una forma de resistir a este individualismo totalizador que termina formateando comportamientos y conductas aberrantes, para volver así a relatos autoficcionales que aspiren a una palabra singular, libre, autónoma e independiente. Una palabra ajena a los mercados, los misiles y las modas. Una palabra que se busca y que busca. Una palabra que se abre a los espacios interiores de retrospección y reflexión. Una palabra que duda. Que tiembla. Que piensa. Una palabra que sobre todo se piensa.

Sergio Blanco (Montevideo, 1971) es dramaturgo y director teatral franco-uruguayo. Vivió su infancia y su adolescencia en Montevideo y reside actualmente en París. Después de realizar estudios de Filología clásica decidió dedicarse por entero a la escritura y a la dirección teatral. Sus obras han sido distinguidas en reiteradas ocasiones con prestigiosos premios, entre ellos, el Premio Nacional de Dramaturgia del Uruguay, el Premio de Dramaturgia de la Intendencia de Montevideo, el Premio del Fondo Nacional de Teatro, el Premio Florencio al Mejor Dramaturgo, el Premio Internacional Casa de las Américas y el Premio Theatre Awards al Mejor Texto en Grecia. En 2017, su obra Tebas Land recibe el prestigioso premio británico Award Off West End en Londres. Entre sus títulos más conocidos destacan Slaughter, .45’, Kiev; Barbarie; Kassandra; El salto de Darwin; Tebas Land; Ostia; La ira de Narciso; El bramido de Düsseldorf; Cuando pases sobre mi tumba y Cartografía de una desaparición. Sus obras han sido estrenadas en Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Colombia, Venezuela, México, Costa Rica, Bolivia, Estados Unidos, Francia, España, Reino Unido, Alemania, Grecia, India, Italia, Luxemburgo, Turquía, Portugal, Suiza, Croacia, Bélgica; y la mayoría de ellas han sido traducidas al inglés, al francés, al catalán, al alemán, al portugués, al italiano, al turco, al japonés, al hindi, al hebreo, al farsi, al árabe, al neerlandés y al noruego.

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Ficha del libro: Descargar

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