Vidas paralelas (NOVIEMBRE 2021) | Punto de Vista Editores
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Vidas paralelas (NOVIEMBRE 2021)

Dimensiones: 15×23 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-18322-31-0
Nº de páginas: 216

18,00 

Guillermo Heras, Premio Nacional de Teatro (1994), es director, productor, gestor cultural, editor, profesor y maestro de autores, actores y directores. También destaca en su papel de escritor y dramaturgo con un marcado interés por los clásicos. Sus textos buscan constantemente la relación entre la palabra y la imagen, entre el lenguaje verbal y corporal. La pervivencia de las emociones  los conflictos en sus comedias y tragedias es uno de sus signos de distinción.

En Vidas paralelas, Heras reescribe historias de la mitología griega, como las de Antígona, Andrómaca o Fedra, y otras de hombres y mujeres que han llevado una vida marcada por la tragedia,  como Federico García Lorca, Sylvia Plath o Jean Genet. Personajes muy diferentes, ubicados en espacios y tiempos disímiles, bajo códigos morales dispares, pero que enfrentan los mismos  problemas tanto en la ficción como en la realidad, dominados por sus pasiones que los hacen parecer cada vez más humanos.

Este volumen contiene
Manto de sal (propuesta escénica a partir de Andrómaca)
Ardiente Antígona
Accidentes y voluntades (Francis Bacon)
Siempre quise (delirio de confinamiento). Monólogo en homenaje a Leonard Cohen
Fedra. Fragmentos ficciones (un melodrama)
La belleza del resentimiento (Genet)
Lorcas. Una propuesta escénica
Otros rasguños (pesadillas de Sylvia)
Sueños y extravíos (una pieza teatral sobre Mark Rothko)

Prólogo
Islario dramatúrgico

Obras
Manto de sal (propuesta escénica a partir de Andrómaca)
Ardiente Antígona
Accidentes y voluntades (Francis Bacon)
Siempre quise (delirio de confinamiento). Monólogo en homenaje a Leonard Cohen
Fedra. Fragmentos ficciones (un melodrama)
La belleza del resentimiento (Genet)
Lorcas. Una propuesta escénica
Otros rasguños (pesadillas de Sylvia)
Sueños y extravíos (una pieza teatral sobre Mark Rothko)

Manto de sal (propuesta escénica a partir de Andrómaca)

En un espacio temporal que lo mismo podría ser la Grecia clásica, los años 50 del siglo xx o nuestros días. La decisión será de la puesta en escena.
Una estancia que sin duda pertenece a lo que se podría llamar «la realeza». Estilización máxima. En un lugar aparece lo que podría ser el cuerpo de un hombre totalmente tapado con una gran sábana de lino. Es el cuerpo de Neoptólemo, al que después de la derrota de Troya le toca en el reparto del botín de esclavas a Andrómaca, viuda de Héctor.
En el desarrollo de la obra aparecerán Andrómaca, Hermione, mujer de Neoptólemo e hija de Helena y Menelao. También una Criada, esclava al servicio de Andrómaca, sin duda también forzada por Neoptólemo.
La acción transcurre a las pocas horas de haber sido apuñalado y muerto Neoptólemo. En el fondo se oye el llanto de las plañideras y a lo largo de la obra podría aparecer la música de la compositora griega Eleni Karaindrou así como otros ámbitos sonoros.

ANDRÓMACA. (Cerca del cadáver.) La muerte, siempre la muerte persiguiéndome. Después del horror de la devastación de Troya. En ese momento, una ciudad libre. Cuando allí llegué un día fui colmada de dones al esposarme con el gran Héctor. ¡Lo que fui entonces y lo que soy ahora! Soy la que vi a Héctor matado por Aquiles, soy la que vi a mi hijo arrojado al vacío desde las murallas de Troya. Soy la que vi la furia del ejército vencedor. Soy la que vi el cuerpo del héroe ya sin vida cuando fue introducido en las ilustres moradas para que los cantores entonaran lamentos fúnebres. Mientras estos cantaban, las mujeres respondían con sus gemidos. Yo, Andrómaca, una de ellas, iniciando el llanto mientras sujetaba la cabeza de mi esposo.
Ahora, como una patética jugada del destino se repiten imágenes. Las mujeres ya entonaron también sus cantos fúnebres, pero esta vez yo no siento nada. Todo es una ceremonia en el vacío sobre el hombre que me esclavizó en esta tierra extranjera para mí. Otra vez Caronte llevará otra alma al Hades. Alma impía, pero que al final subirá a la misma barca que mi amado Héctor. Aquellas lágrimas que derramé sobre su cuerpo jamás brotarán ante este nuevo cadáver. El del hombre que me eligió y me humilló entre aquel coro de troyanas vencidas. Entonces, el doloroso e insaciable placer de la lamentación me arrastraba como desde una inaccesible roca corre una gota húmeda. Hoy, solo silencio y desprecio.
Y yo, perteneciente a una de las más famosas casas de hombres libres, ya solo fui un despojo, desde que fui hecha esclava en esta Grecia victoriosa. Entregada a Neoptólemo como botín de guerra de la saqueada Troya. Mujer ya de ningún lugar. Despreciada por una insidiosa corte y acosada por Hermione, la mujer que ya tenía mi depredador y que ahora yace muerto por cuchillada feroz de uno de sus enemigos interiores. ¿Puedo sentir dolor por su muerte? Me hizo engendrar un hijo a la fuerza, me trató como una más de sus esclavas. Nunca hubo amor, siempre vulgar violación. Para tantos troyanos como perecieron por la perversa estrategia de Ulises, yo me debería considerar una afortunada. ¿Por qué nunca he pensado tal cosa? ¿Por qué no me clavé su cuchillo cuando tantas veces lo tuve a mano? Somos cobardes. El miedo a lo que se desconoce más allá de las supersticiones que generan los sacerdotes de tantos dioses distintos. El dolor de todos estos años me lo he guardado en silencio, al menos no quería perder la dignidad. No he gritado, no he insultado, no he ejercido violencia alguna, pero ese silencio tampoco sirvió para ablandar el corazón del cuerpo inerte que ahora yace sin vida como un despojo más. ¡Malditas sean todas las guerras y todas las mentes que las producen! Y, cuando una acaba, empieza otra, y la historia se reproduce: dolor, hambre, miseria, exilio y muerte. Cinco jinetes inexorables cabalgando por los caminos de la tierra. Cuando Troya ardía, supe que nunca volvería a disfrutar de mi patria. Oía el llanto de las mujeres cuando los generales griegos se repartían el botín. Ese coro aterrador. Solo unas pocas miraban con altivez y dignidad: Hécuba, Casandra, yo misma. Todas convertidas en despreciadas concubinas. De nada valió, todas fuimos carne y objeto para regocijar a esas malas bestias de militares victoriosos. Pero ahora tú también has sido asesinado de vil manera. Casi como una venganza de tantos muertos como dejaste entre nuestras murallas. Ni el más feroz guerrero se librará de este final que a todos nos iguala. Aún recuerdo las palabras de mi esposo cuando me dijo: «Te dirán: Ahí está la mujer de Héctor, que era el más fuerte entre los troyanos. Tu dolor volverá a renovarse por la falta de un hombre tal como para apartar de ti los días de esclavitud». Ahora ¿qué hacer?, ¿intentar huir lejos de estas paredes o esperar a que el nuevo tirano me conceda un destino incierto? No es fácil salir de este laberinto. No es fácil tomar una decisión.

Entra la Criada.

CRIADA. Señora, perdón por no haber podido evitar escuchar vuestras últimas palabras. Sin duda solo soy una esclava de mucho más baja condición que tú, pero te ofrezco mi ayuda para salir de este cautiverio.
ANDRÓMACA. ¿Se pueden imaginar grandes diferencias en un estado de esclavitud?
CRIADA. Imagino que debe ser mucho más duro llegar a la esclavitud por un acto de violencia que nacer ya con esa condición.
ANDRÓMACA. Cierto que es muy duro comprobar cómo se desmorona todo lo que has construido desde hace tanto tiempo. Más que en el poder, mi felicidad estaba en el amor que sentía por mi familia.
CRIADA. Yo nunca llegué a conocerla.
ANDRÓMACA. Un gran vacío.
CRIADA. Una soledad infinita.
ANDRÓMACA. Ojalá llegues a construir una vida diferente.
CRIADA. Solo si sobrevivimos a esta situación.
ANDRÓMACA. ¿Crees que eso será fácil?
CRIADA. Nada es fácil ante situaciones extremas.
ANDRÓMACA. Escucharé tus consejos, ya nada me queda salvo la criatura que me hizo engendrar este hombre. Por mi hijo seré capaz de hacer cualquier cosa.
CRIADA. Podemos llevarlo con nosotras.
ANDRÓMACA. A ese futuro incierto. No acabo de entender. ¿Por qué quieres tú arriesgar tanto? ¿No te sería más fácil seguir la corriente del nuevo dueño?
CRIADA. No creo que te descubra algo que seguro ya sabes. Una constatación. También entre las esclavas existen categorías. Tú eras esposa de un valiente guerrero, un noble, una pieza codiciada por la vanidad de los vencederos. Yo siempre he sido aquí una esclava nacida como tal. Una nadería. Un objeto para trasladar otros objetos o para ser carne momentánea para aplacar al dueño cuando este sentía necesidad en su sexo. He sido usada tantas veces que viendo su cuerpo bajo esa sábana no sé ni qué sentimiento mostrar. ¿Crees que el sucesor me trataría mejor?
ANDRÓMACA. Seguro que no será dolor lo que sientas por el muerto.
CRIADA. Pero puede que tampoco odio. Ahora me es indiferente. Pero los años que me queden de vida me gustaría que fueran lejos de esta tierra y lejos de cualquier tirano.
ANDRÓMACA. ¿Crees que será fácil huir?
CRIADA. No, será muy difícil, pero, a lo largo de tantos años de ignominia, he podido averiguar ciertas salidas ocultas, túneles excavados, ciertos caminos poco transitados y, por tanto, poco vigilados.
ANDRÓMACA. Entonces, hagámoslo lo antes posible.
CRIADA. No hay que ser imprudente. Dentro de poco será la ceremonia de la incineración de nuestro señor y dueño. Debéis poneros vuestras mejores galas para engañar a la gente. Unas lágrimas a tiempo impresionan más que un discurso.
ANDRÓMACA. ¿Pretendes que sea una cínica y me disfrace como si algo me importara de verdad?
CRIADA. La verdad es siempre muy relativa. Ahora lo importante es alejar toda sospecha sobre nuestras intenciones. Burlar a todos esos depredadores que, seguro, ya están rifándose nuestros cuerpos. Los cazadores no se cansan nunca de buscar nuevos cuerpos para mostrarlos como trofeos.
ANDRÓMACA. Te haré caso. Busca mi mejor vestido y ayúdame a maquillarme. Seré la imagen de la viuda ideal. Además, quiero que me traigas a Hermione. Sé que me desprecia, pero no es justo que no pueda velar también el cuerpo del que fue su marido.
CRIADA. Así lo haré. Y juntas recordaremos las palabras de nuestros ancestros. «Ya cerraron los labios y los ojos al difunto y lo ungieron con prendas blancas y le han colocado con los pies orientados hacia la puerta de la casa. Ya oímos los llantos de las mujeres y solo queda llevarlo a la pira funeraria». ¿Te das cuenta de cómo los ritos funerarios son casi como una representación teatral en la que siempre se conoce el final?

Sale. Andrómaca muy cerca del cadáver. Las primeras frases las dirá casi como un susurro o lamento.
[…]

Guillermo Heras (Madrid, 1952), titulado en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, ha sido actor y director del grupo Tábano (1973-1983); asimismo, ha dirigido el Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas (1983-1993) y la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos de Alicante. Ha puesto en escena obras de Calderón de la Barca, Bertolt Brecht, Cervantes, Sarah Kane, Pier Paolo Pasolini, Bernard-Marie Koltés, Juan Mayorga, Álvaro del Amo, Lope de Vega, Marisa Ares, Francisco Nieva, Federico García Lorca, Sergi Belbel, Javier Daulte, Xavier Durringer, entre muchos otros. Ha ganado el Premio Nacional de Teatro (1994), el Premio Federico García Lorca (1997) y, en dos oportunidades (2015, 2020), el Premio Francisco Nieva de textos dramáticos breves. Es autor de las obras Inútil faro de la noche, Muchacha, Ojos de nácar, Rottweiler, Accidentes y voluntades, Sentido y sensibilidad, Lorcas, La belleza del resentimiento, Pequeñas piezas desoladas, Ardiente Antígona, La máscara de la peste, Otros rasguños, Sueños y extravíos, entre otros. Además, realizó la antología La mano de Dios. Fútbol y teatro (Punto de Vista Editores, 2020), que reúne los textos dramáticos de once reconocidos autores.

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Ficha del libro: Descargar

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