Textos fundamentales para la Historia | Punto de Vista Editores
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Textos fundamentales para la Historia

Dimensiones: 14×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-67-9
Nº de páginas: 1008


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34,90 

Con este libro Miguel Artola ha querido poner al lector en contacto directo con documentos y obras de pensamiento fundamentales para comprender los grandes momentos que en el devenir de la historia han marcado el rumbo de la civilización occidental. Se trata las más de las veces de textos dispersos o de difícil localización reunidos aquí por su indudable valor histórico, precedidos de una introducción del autor con las claves necesarias para su lectura contextualizada y agrupados en grandes bloques: la formación de los poderes de la Iglesia y el Imperio, el feudalismo, la lucha por el dominium mundi, la recepción de la cultura clásica, el Renacimiento, la formación del capitalismo moderno, la Reforma, las guerras de religión, el individualismo político y las doctrinas contractualistas, la Revolución científica, la Ilustración y el despotismo ilustrado, la fisiocracia y el librecambio, el liberalismo y la democracia, la Revolución liberal-burguesa, la Revolución industrial, el Romanticismo, el socialismo y el marxismo.

Lactancio, san Agustín, san Pablo, Lulio, Tomás de Aquino, Vasari, Juan Luis Vives, Montaigne, Pico della Mirandola, Petrarca, Erasmo de Rotterdam, Kempis, Leonardo da Vinci, Maquiavelo, Hernán Cortés, Bartolomé de las Casas, Francisco de Vitoria, Tomás de Mercado, Bodino, Lutero, Calvino, Ignacio de Loyola, Hobbes, Locke, Aristóteles, Galileo, Kepler, Newton, D’Alembert, Cadalso, Diderot, Swift, Voltaire, Kant, Jovellanos, Quesnay, Turgot, Adam Smith, Malthus, Montesquieu, Bentham, Rousseau, Marx, Sismondi, Herder, Fichte, Gautier, Hegel, Moser, Savigny, Burke, Müller, Proudhon, Saint-Simon, Owen o Engels son algunos de los autores que desfilan por las páginas de esta obra.

Nota a la presente edición
Agradecimientos
Introducción
1. La formación de los poderes universales de la Iglesia y el Imperio
2. Feudalismo y régimen señorial
3. La lucha por el dominium mundi
4. La recepción de la cultura clásica (I). El derecho romano
5. La recepción de la cultura clásica (II). La filosofía aristotélica
6. El Renacimiento
7. La expansión de Europa y la formación del capitalismo moderno
8. La Reforma
9. Contrarreforma y guerras de religión
10. Individualismo político y doctrinas contractualistas
11. La Revolución científica
12. Ilustración y despotismo ilustrado
13. Fisiocracia y librecambio
14. Liberalismo y democracia
15. La Revolución liberal-burguesa
16. La Revolución industrial
17. El Romanticismo
18. Socialismo y marxismo
Índice analítico

Introducción

Los acontecimientos históricos son hechos cuyo significado sólo se pone de manifiesto cuando son utilizados como datos para construir una teoría. La insuficiencia del relato de acontecimientos para establecer sus interconexiones y de esta manera darles un significado determinó la ampliación del campo de investigación histórica incluyendo en él no sólo las actividades tradicionalmente consideradas como objeto de la Historia —la guerra y la política—, sino la totalidad de las actividades humanas, desde las socioeconómicas (estructuras) hasta las intelectuales (mentalidades), pasando por las instituciones.
La expansión de la historia tiene como consecuencia:
1. La creciente convergencia e incluso confusión de disciplinas y especialidades que tienen en común el estudio del pasado. La posibilidad de una historia del arte, de la literatura, del derecho o de la ciencia que no tomen en consideración sino los fenómenos artísticos, literarios, jurídicos o científicos es cada día más ilusoria debido a las insuficiencias de un esquema explicativo puramente formal. Una catedral puede ser una obra de arte, pero, en cualquier caso, es una realización colectiva que refleja no sólo un estilo artístico, sino también una mentalidad religiosa y una realidad social y económica determinadas, que no se revelarán a quien se limite a estudiarla desde un planteamiento puramente estilístico.
Simultáneamente, se produce la historificación de aquellas ciencias que, sin estar específicamente orientadas al estudio del pasado (geografía, economía, etc.), necesitan adentrarse en él para disponer de series cronológicas (datos demográficos, ciclos económicos, etc.) en cantidad suficiente para poder establecer regularidades y descubrir normas.
2. La participación de especialistas de muy diversos orígenes y formaciones en la investigación histórica, que determinó la introducción de conceptos y categorías científicas ajenos por completo a los planteamientos originarios de la historia y que han dado origen a una ciencia que amenaza con resultar incomprensible para aquellos historiadores que no se adapten a su nivel actual de desarrollo.
De lo dicho se sigue la necesidad de un cambio radical en las capacidades requeridas del historiador, a quien el nuevo y multiplicado material que ha de manejar le exige no una memoria feliz que le permita acumular información, sino una preparación suficiente en muy diversas materias (geografía, matemáticas, economía, sociología, etc.) para interpretar las informaciones disponibles, por cuanto no es la naturaleza de los datos lo que hace al especialista, sino la manera como los trata. La formación universitaria del historiador no puede, por tanto, reducirse a la asimilación de un relato más o menos rico, con destino a ulteriores repeticiones, sino que habrá de ser ante todo una capacitación para poder analizar e interpretar los fenómenos históricos. Es evidente que ambos objetivos se excluyen mutuamente y que la acumulación de información no deja tiempo para la formación que hoy en día exige la historia. Se plantea así una decisiva opción entre extensión y selección, entre acumular información o limitarla en beneficio de una preparación que, a primera vista, podría parecer poco relacionada con la Historia, como es el estudio de las materias antes mencionadas.
El desarrollo y control de las capacidades del historiador imponen, a semejanza de lo que ocurre en las restantes ciencias, la necesidad de un entrenamiento que sólo puede practicar enfrentándose directamente con textos y documentos originales. Estos textos, sin embargo, no pueden consistir en relatos más o menos entretenidos o pintorescos según la vieja fórmula de la lecturas históricas, sino que deberán tener un significado que permita ejercitar el análisis histórico, entendiendo por tal el poner de manifiesto los elementos conceptuales o reales que permiten vincular el texto a una época determinada o a un fenómeno histórico concreto, descubrir sus relaciones con otros y revelar su significado histórico.

Miguel Artola Gallego (San Sebastián, 1923) es uno de los intelectuales e historiadores más prestigiosos de nuestro país. Es académico de la Real Academia de la Historia y doctor honoris causa por las Universidades del País Vasco y Salamanca. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1991 y Premio Nacional de Historia en 1992. Es autor, entre otros, de La burguesía revolucionaria (1808-1874), Los afrancesados, Antiguo régimen y revolución liberal, Los orígenes de la España contemporánea, La España de Fernando VII, La monarquía de España y El legado de Europa.

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