Teatro | Punto de Vista Editores
Cart 0
pasolini-teatro-cub-510x652

Teatro

Traducción de Amelia Pérez de Villar
Prólogo de Mario Colleoni

Dimensiones: 14×22 cm
Encuadernación: tapa dura
ISBN obra completa: 978-84-18322-73-0
Nº de páginas: 552

Esta obra ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura y Deporte

34,90 

En 1966, poseído por un súbito impulso creativo, Pier Paolo Pasolini compuso seis textos que constituyen el núcleo de su obra dramática. Poeta, novelista, cineasta, crítico y periodista, nadie pensó en definirlo como dramaturgo, ni él se consideró como tal. Pero lo cierto es que, en sus años de formación, el teatro no estuvo ausente en su horizonte creativo.
En estas seis obras se aúnan todos los temas que recorren su vida y obra de principio a fin: la lucha de clases, el comunismo, los oprimidos (no solo en lo político, sino en todos los órdenes), la amistad y la lealtad (Pílades), la homosexualidad, la relación paterno y maternofilial (Fabulación) —con el tinte psicoanalítico freudiano que aún estaba en boga en la época—, el desdoblamiento de los personajes (Pocilga y Orgía), el sueño frente a la vigilia (Calderón) —y la pregunta de cuál de los dos es más real—, la guerra, el campo de concentración y exterminio, el antisemitismo, la prostitución, el suburbio, el diferente…
Por primera vez en español, se reúnen en un solo volumen todas las obras dramáticas de Pasolini traducidas por Amelia Pérez de Villar; además, acompañan a estos textos el Manifiesto para un nuevo teatro, donde deja entrever sus nuevas teorías buscando escenarios y temas distintos de los convencionales. Este es un libro que se hacía necesario para complementar la prolífica labor de Pier Paolo Pasolini, uno de los artistas más reconocidos de su generación no solo por su valioso aporte a las artes cinematográficas europeas, sino por su fecunda obra que abordó distintos géneros.

Prólogo de Mario Colleoni
Pier Paolo Pasolini, un oxímoron viviente

Nota de la traductora
Bestia de estilo. Autobiografía de un dramaturgo accidental

Obras
Calderón
Fabulación
Pílades
Pocilga
Orgía
Bestia de estilo

Manifiesto para un nuevo teatro

Calderón

PRIMER ESTÁSIMO

NARRADOR. Estoy aquí para decirles unas palabras introductorias.
El autor me ha encargado que les explique, antes que nada, que él cuando escribe solo puede hacer uso de las experiencias que ya ha vivido y no de las que está viviendo ni de las que vivirá.
Espera, claro está, que su pasado no sea tan remoto y que en las experiencias de un pasado todavía reciente se incluyan las que aún quedan por vivir, aunque solo sea como premisa o posibilidad.
Quiere el autor asimismo disculparse, especialmente con los expertos de esta nueva época que ahora da comienzo, presentes en este teatro y que, incluso siendo de su misma edad, están tan informados sobre el presente y las posibilidades del futuro que consideran decrépitas las experiencias vividas el año pasado. Eso por no hablar del lenguaje con que las expresan…
Sean pacientes estos entendidos —séanlo también los colegas del autor, esos que tan bien saben ir al ritmo de los tiempos— que, naturalmente sin maldad alguna, asustan con su saber tan actual a quienes ofuscados por el ansia se ven obligados a tener en sus relaciones con el mundo una paciencia enorme y una gran fuerza para soportarlo todo. Solo las personas sanas, sin achaques, pueden vivir de cara al futuro: el resto, las que están enfermas y llenas de dolores, están ahí a medio camino, sin certezas, sin convicciones y quizás ahora, al menos en parte, siguen siendo víctimas del conformismo y de los dogmas de una historia aún más antigua contra la que tanto han luchado. Y si luego participan en alguna lucha nueva lo hacen sin fe, sin optimismo, enarbolando banderas que cuelgan como trapos.
Así, al menos, en esta noche de 1967.

EPISODIO I

ROSAURA. ¿Dónde estoy?

ESTRELLA. Estás en tu lecho.

ROSAURA. ¿Este es mi lecho?

ESTRELLA. Este es tu lecho… ¿Cómo? ¿No lo reconoces?

ROSAURA. No, no lo había visto nunca, hasta este momento.

ESTRELLA. No digas tonterías…

ROSAURA. Y tú, ¿quién eres?

ESTRELLA. ¡Rosaura! Soy Estrella, tu hermana Estrella…

ROSAURA. ¡Mi hermana!

ESTRELLA. Pero ¿qué te ocurre?

ROSAURA. ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Ayúdame, por caridad!
¿Cómo que qué me ocurre? ¡Sácame de aquí!
¡Sácame pronto!

ESTRELLA. Pero ¿qué dices, Rosaura?
¿Adónde quieres ir? ¿Por qué quieres marcharte?

ROSAURA. ¡Auxilio! ¡Auxilio! Yo no te he visto nunca… ¿Quién eres?
¡Va, márchate! ¡Vete de aquí! ¡Vete!
Yo no te he visto nunca, me das miedo. ¡Es una aparición!
Jamás he visto esos ojos, esa boca, esos cabellos…
Esa cara que pegas a la mía… ¡Márchate, no me toques!
¡No me abraces! ¡Auxilio! ¡Auxilio!

ESTRELLA. Pero ¿qué te ha ocurrido esta noche?

ROSAURA. ¿Esta noche? ¡Buen Dios! Pero si yo ayer aquí no estaba,
no he estado aquí jamás, no reconozco nada
de lo que me rodea…
¡Aaaaaaaaaaaah!

ESTRELLA. Estabas ayer tarde aquí, en esta casa,
conmigo, con tu padre, con tu madre…

ROSAURA. ¿Mi padre? ¿Mi madre?
Yo no sé nada, nada,
todo aquí me es ajeno, yo soy extraña a todos aquí dentro.
Quiero marcharme lejos,
quiero volver allá de donde vengo.

ESTRELLA. ¡Basta, Rosaura!
Siempre has estado sana y has sido dueña de tus actos,
una muchacha como yo, como cualquiera…
Ya está bien de bobadas.

ROSAURA. ¿Cómo te llamas?

ESTRELLA. Ya te lo he dicho: Estrella. Rosaura, ¡no digas tonterías!

ROSAURA. Qué hermosa eres. Qué piel tan delicada, y sin embargo fuerte…
Qué elegante es la onda descuidada de esos cabellos
que te caen por la frente…
Y este vestido blanco de seda que sin duda
cubre un cuerpo que no habrá conocido
nada menos valioso… Y este lecho…
Este lecho, que parece un barquichuelo de oro
amarrado en la rada de un convento.

ESTRELLA. Sí, somos ricos, Rosaura. Nuestro padre
posee junto a Madrid tierras tan vastas
que se podría construir otro Madrid. Y el área edificable
sube de precio cada día que pasa: ahí juega a nuestro favor el tiempo.
Las novedades, aunque sean contrarias a nuestra costumbre,
aumentan nuestro capital.

ROSAURA. Entonces, ¿por qué no reconozco el lino
de estas sábanas, ni el brocado de este cobertor…?
O, si los reconozco, ¿es como
si los hubiera imaginado y nada más?

ESTRELLA. Eso no es cierto.
Y es hora de poner fin a estos delirios.
Llevas ya veinte años durmiendo en este lecho.

ROSAURA. ¡Y estas cortinas que cubren la ventana! ¡Qué maravilla son!
Cortinas como estas… Yo solo puedo haberlas visto en sueños.
No las conozco: su carestía no está entre mis recuerdos…
Ni entre lo acostumbrado para mí… ¡No puedo permitírmelas!
Y estas alfombras, estos suelos tan ricos…
¿Todo lo que hay aquí me pertenece? No puede ser: yo no conozco
ni la riqueza ni todo lo que lleva aparejado.

ESTRELLA. Vamos a ver, Rosaura: trata de ayudarme. Hay algo en tu razón
que ha vacilado. Y ahora, pobre de mí, algo comienza
a vacilar también aquí en la mía.
Este altercado no tiene sentido.
Trata de concentrarte: ¿qué has soñado esta noche?

ROSAURA. Yo no he soñado nada: ESTO es un sueño.

ESTRELLA. Ya. Pero como yo sé que no lo es,
y soy tu hermana, y he vivido
tu misma realidad, tienes que procurar al menos suponer
—por absurdo que se vea— que tal vez no lo sea.
Vamos a inventarnos un juego.

ROSAURA. ¿Qué juego?

ESTRELLA. Vamos a imaginar que tú no reconoces, de verdad, el que es
tu lecho, en el que te has despertado esta mañana,
ni a mí, que soy tu hermana; ni esta casa, que en la familia llamamos,
en son de broma, el Palacio de Invierno, ni todo eso…

ROSAURA. ¿Y luego?

ESTRELLA. Tú haz como si de verdad nada supieras de ese mundo
en el que te has despertado esta mañana. Y vive…
Yo fingiré que tengo que explicarte cómo son las cosas…

ROSAURA. ¿Y qué propósito tiene todo esto?

ESTRELLA. Pues que nadie, jamás, vendrá a sacarte, aunque pidieras
auxilio hasta mañana, hasta quedarte afónica.
Porque yo no podré no ser tu hermana
aunque tú hasta la muerte lo negaras.
Y lo mismo estos muebles, esta casa, nuestro padre,
nuestra madre, nuestro hermano Pablito,
que juega en los jardines del Palacio de Estío.
Así te quedarías: gritando, ajena
para siempre jamás. Por eso tienes que fingir
y escuchar, como en un juego, cualquier explicación
que pueda darte yo sobre esta vida…

ROSAURA. No, no quiero, me niego. ¡No quiero saber nada ni aprenderlo!
¡Yo quiero únicamente regresar a ese lugar del que de verdad vengo!

ESTRELLA. Sobre la cómoda hay un anillo de oro.
Es antiguo. Y es porque nuestra madre, doña Lupe,
lo heredó de la suya que se llama —igual que tú— doña Rosaura.
Ella a su vez lo heredó de la suya,
doña Agustina Íñiguez de Aguado. Y así, de madre en madre,
de doña en doña, podríamos al menos remontarnos
al tiempo de Velázquez. Y la verdad es que de este anillo
podremos ver ejemplares en El Prado:
en la pintura llamada Las meninas, por citar un ejemplo.
Y eso explica el color, entre el rojo, el rosado y el violeta,
de la piedra engastada en un pequeño marco oblongo,
asimétrico, como las faldas de las reinas de aquel siglo.
Lo primero que has hecho siempre tú, por la mañana,
ha sido colocártelo en el dedo. Así que ¡póntelo!

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Lacio, 1975) fue un poeta, dramaturgo, escritor y director de cine. En 1961 comenzó su carrera como director de cine, y sus películas fueron consideradas controvertidas, pues trataban abiertamente sobre la sexualidad y la violencia. En 1968 comenzó a desarrollarse en el ámbito del teatro con una corta pero contundente producción de obras dramáticas que inició con Orgía (1968). Entre sus obras más reconocidas destacan los libros de poemas Poesie a Casarsa (1942) e Il canto popolare (1954); los ensayos Una vida violenta (1959; 2003) y La divina mimesis (1975; 2011); las películas Edipo rey (1967), Medea (1969) y Saló o los 120 días de Sodoma (1975); y las obras de teatro —que se reúnen en su totalidad por primera vez en esta edición— Fabulación, Pocilga y Orgía.

Cubierta: Descargar

Ficha del libro: Descargar

Be the first to review “Teatro”