(Preventa) Teatro completo | Punto de Vista Editores
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(Preventa) Teatro completo

Edición de Pedro Víllora
Epílogo de Mercedes Lezcano

Dimensiones: 15×23 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-45-7
Nº de páginas: 586


Nota: Gastos de envío gratuitos solo para España.

25,00 

«No soy tan ingenuo como para pensar que el teatro pueda transformar la sociedad, pero estoy convencido de que existe una posibilidad de ayudar a despertarla».
Adolfo Marsillach

En este libro, editado por Pedro Víllora, se encuentran reunidas: Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?, Mata-Hari, Proceso a Mata-Hari, Se vende ático, Feliz aniversario, El saloncito chino, Extraño anuncio y Noche de Reyes sin Shakespeare, que constituyen toda la obra dramatúrgica de una de las personalidades más importantes del teatro español.

PRÓLOGO
Adolfo, por Mercedes Lezcano

INTRODUCCIÓN
Adolfo Marsillach, itinerario de un autor, por Pedro Víllora

OBRAS
Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?
Mata-Hari
Proceso a Mata-Hari
Se vende ático
Feliz aniversario
El saloncito chino
Extraño anuncio
Noche de Reyes sin Shakespeare

EPÍLOGO
Sobre Adolfo Marsillach, por Mercedes Lezcano

Descubrir, conocer, seducir, amar, convivir, respetar, vivir en libertad, ser cómplice, admirar, venerar… son experiencias que he disfrutado junto a Adolfo Marsillach: el ser humano más elegante que he conocido. Me siento tan llena de luz y amor, solo con pensar en él, que ya justifica mi paso por esta vida no siempre estimulante.
Me han pedido que escriba unas líneas para este libro, y no es fácil hacerlo. Cómo trasladar la felicidad que siento al ver en un solo libro todas aquellas obras, personajes, emociones, inquietudes, obsesiones, interrogantes y evidencias que a lo largo de su fructífera vida plasmó en unos folios.
Siempre fui su primer público. Cuando abría la puerta de su despacho, y me llamaba, para que —¡por favor!— escuchara —me encantaba que lo leyera él— ese artículo, escena o capítulo que acababa de terminar… se establecía entre nosotros una complicidad difícil de transmitir. Aceptaba mis puntualizaciones —cuando las había— con una humildad y vulnerabilidad realmente entrañables. A veces, nos producía tal hilaridad su fino sentido del humor, que ¡como dos niños! reíamos hasta saltársenos las lágrimas.
Hay en la obra de Adolfo una inclinación y un amor especial hacia los personajes femeninos. La mujer era, para él, más sensible, menos competitiva, más leal, y a la vez, más inquietante, desconcertante, divertida y misteriosa. Era un enamorado de las mujeres, y de ese amor se nutrían los caracteres femeninos. También sentía predilección por las actrices a las que consideraba, en general, más dotadas que a los actores. Decía que la interpretación era un arte «femenino».
Voy a transcribir algunas pequeñas muestras de esa devoción que sentía por los personajes femeninos:
Dice la Chica de Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?: «Oye, nada, eh, de eso nada. Si a ti te quedan tics de cuando Mussolini yo no tengo la culpa. Me he acostado contigo justamente porque estaba harta de ser virgen… harta de que mi madre me diera la tabarra todos los días con este asunto… harta de hablar de sexo a escondidas en los lavabos del Instituto… Y te he elegido a ti porque eres extranjero, porque pasado mañana te vuelves a Torino a tu mesita en el departamento de relaciones públicas de la Fiat y lo más probable es que no te vuelva a ver nunca más. Te he utilizado, ¿sabes?, a ver si queda claro. O sea, que de casarnos… nada… “niente”… otro día… cuando sea mayor».
El personaje de Mata-Hari pedía un último favor a un amigo que la visitaba en su celda, unos días antes de morir: «Búscame un libro. Y tráemelo. O envíamelo si quieres evitarte la molestia de volver a verme. Se llama El loto de la buena ley. Empieza con estas palabras: “La joven mártir a quien el verdugo iba a arrancar los ojos gritó: ‘No me importa, porque ya me han dado todos los placeres que podían darme y porque gracias a ellos he aprendido que todo es perecedero, efímero y despreciable'”».
En Se vende ático, una amiga le dice a otra: «Termina ese informe, ¿quieres? No dejes que tus problemas sentimentales se coloquen delante de tu trabajo. Esa es una trampa en la que los hombres no caen nunca».
En Feliz aniversario, Lidia reflexiona: «Con los años cada vez me parezco más a mi madre: la misma mirada… las mismas arrugas… A veces, delante del espejo, me pregunto si ella tuvo que mentir tanto como yo. ¿De dónde nos viene a las mujeres esta estúpida necesidad de ser amadas? ¿Seríamos más felices o estaríamos, por lo menos, más satisfechas, si no tuviéramos la odiosa manía de mover la cola cada vez que suena nuestro nombre o cada vez que alguien nos pasa, cariñosamente, la mano por la espalda? Los hombres precisan ser admirados y las mujeres necesitamos ser queridas. En el fondo nos cuesta muchísimo decir que no. Por eso somos angustiosamente falsas cuando ellos son absurdamente fuertes. ¿No hay forma de cambiar esta situación? ¿No hay modo de ser diferente?»
Y así podría seguir abundando en esas apasionantes mujeres que Adolfo inventó para regocijo de todos nosotros. Por suerte, y gracias a la Asociación de Autores de Teatro, ustedes puedes seguir profundizando en ese mundo tan lúcido, tierno, divertido e inquietante que son las obras teatrales de Adolfo Marsillach.
Él me escribió una dedicatoria en su libro de memorias, Tan lejos, tan cerca, que yo suscribo siempre que pienso en él y que quiero compartir con todos ustedes:

Para Mercedes,en cuyo amor
mi vida adquirió todo su sentido.
Adolfo

Adolfo Marsillach (Barcelona, 1928 – Madrid, 2002) fue actor, director, productor, dramaturgo, guionista, novelista, articulista, gestor de teatros públicos y director general de las Artes Escénicas y de la Música del Ministerio de Cultura. Desde muy joven se dedicó al teatro y enseguida destacó como actor y director de escena. En 1950 se incorpora a la compañía del Teatro Nacional María Guerrero y en 1955 debuta como director con Bobosse al que le siguen Después de la caída, Pigmalión, Marat-Sade, Tartufo o Sócrates, además de sus montajes de clásicos españoles.
También fue importante su labor actoral en el cine donde dio vida a Santiago Ramón y Cajal y protagonizó numerosas películas. En Televisión Española tuvo una labor muy destacada como actor, guionista y director en series que fueron auténticos revulsivos para la sociedad española tardofranquista y durante la transición como: Fernández, punto y coma, Habitación 508, Silencio… se rueda, Silencio… vivimos, Silencio… estrenamos y La señora García se confiesa.
En 1965 es nombrado director del Teatro Español de Madrid. En 1978 crea el Centro Dramático Nacional y en 1985 funda la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
Entre sus muchos premios destacan el Premio Nacional de Dirección, el Premio de Interpretación del Festival de San Sebastián, el Premio Mayte, el Premio Nacional de Teatro, el Premio ADE, el Premio Goya, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes o el Premio Max de Honor. Como escritor obtuvo el Premio Espasa de Humor por la novela Se vende ático (1985) y el Premio Comillas de biografía (1998) por Tan lejos, tan cerca (Mi vida).

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Ficha del libro: Descargar

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