Pospornografía. Estética y comunicación en la era viral | Punto de Vista Editores
Cart 0
pospornografia-cub-510x652

Pospornografía. Estética y comunicación en la era viral

Dimensiones: 13,5×22 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-18322-23-5
Nº de páginas: 280

21,00 

Solo cuando el porno se hace visible deja de engañarnos y ya no creemos que haya algo real en él. Por eso, para entender la realidad, sería impensable, hoy en día, darle la espalda a la pornografía.

Andrew Ross, en su libro No respect: intellectuals and popular culture, se preguntaba sobre la «popularidad» de la pornografía y analizaba las discusiones sobre su uso público, dado que a finales de los ochenta, reflejaba los procesos económicos y políticos de la sociedad en que se producía. Así, aproximarse al porno, como a cualquier otra de las esferas de la denominada cultura popular, parecía ser sintomático de una ruptura con las normas del modernismo y sus relatos grandilocuentes.

En la actualidad, sin embargo, vivimos en una sociedad enteramente pornográfica. Solo hace falta ver cada día un telediario o un programa sensacionalista en la televisión para encontrarnos con imágenes explícitas, comportamientos impúdicos o la utilización del término obsceno, refiriéndose a la actuación de cualquier criminal o político de turno. Así, la pornografía ha abandonado ese espacio cerrado, íntimo, casi censurado, y se ha trasladado a todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Julio Pérez Manzanares nos revela en este libro cómo la pornografía está inserta en nuestro mundo actual; por eso, opta por hablar de pospornografía para aproximarse, precisamente, a ese momento en que el lenguaje pornográfico ha abandonado su nicho para ocupar y redirigir la comunicación de la esfera pública.

Introducción. La inversión pornográfica de la posmodernidad
1. La sociedad pospornográfica
2. La inversión posmoderna y los espacios políticos del porno
3. De la esfera privada al debate público: la discusión sobre el lugar de la pornografía
4. Breve teoría del lenguaje pornográfico
5. La pornografía y los límites de la ficción
6. Todo un mundo de emociones: la narrativa del porno
7. El logos de la simulación: la mentira como medida de todas las cosas
8. Un lenguaje que penetra por todos nuestros agujeros
9. La política del porno frente a la poética de la sensación: sensacionalismos estéticos de la posmodernidad
10. La batalla pornográfica: la nueva derecha, los nuevos puritanos, y los antiguos y nuevos censores
11. Mirones y mirados: la hiperrealidad de la falsificación 24/7
12. La velocidad precoz o la política del cum shot
Epílogo. Entre cuerpos en la época viral
Bibliografía

Introducción. La inversión pornográfica de la posmodernidad

En 1989, Andrew Ross, profesor de la Universidad de Princetown, se preguntaba sobre la «popularidad de la pornografía»; con su trabajo, entraba de lleno en las discusiones sobre su uso público, el cual se estaba realizando en la época como reflejo económico y político de la sociedad en que se producían (Ross, 1989: 171-208). Los finales de los ochenta, en los que los debates acerca del, hasta entonces, (sub)género cinematográfico habían llegado hasta la Academia, parecían reflejarse a la perfección en el título, casi premonitorio, del libro de Ross: Sin respeto: los intelectuales y la cultura popular.
En ese momento, aproximarse al porno, como a cualquier otra de las esferas de esa denominada cultura popular, parecía ser sintomático de las rupturas con las normas del modernismo y sus grandes relatos. Como sucedía en casi todos los escenarios posibles del mundo de la cultura, se convertía casi en un rito de paso propio de una sociedad determinada a abrazar la posmodernidad al tiempo que abandonaba, en aquellas mismas fechas, los retos de la utopía política que habían marcado el siglo XX.
No todas las voces eran celebratorias respecto a los cambios intelectuales que se estaban produciendo en la época, en los que la pornografía y su uso se encontraban directamente implicados; y no solo se levantaron desde los sectores más conservadores y reaccionarios, sino que, desde posturas más cercanas, precisamente, a esas utopías e ideologías clásicas, como las marxistas, opiniones como las de Frederick Jameson, Nancy Fraser o Terry Eagleton (por citar algunas de las más conocidas) daban la contrapartida ideológica a algunas de las discusiones académicas de carácter aparentemente político del momento. La disputa, en este caso, se establecía contra esa peligrosa ausencia de objeto de la propia teoría posmoderna, en la que esta formaba parte tanto de los instrumentos como de los objetivos que observaba y analizaba, siendo ambos absorbidos por la incapacidad de articulación política de los discursos teóricos que abogaban por la fractura teórico-práctica de la academia y la vida, y por la imposición, en lo intelectual, de una doctrina cuya tendencia al relativismo podía convertirla —como parecería que, de hecho, ocurrió— en el equivalente intelectual del capitalismo neoliberal de la época (Anderson, 2000: 140).
El texto de Ross parecía sintomático de algo que ocurría en ese momento. La referencia a la pornografía parecía una cuestión propia de la nueva cultura popular —nada popular, en algunos casos, sino más bien elitista, como Jeff Koons y sus escarceos estéticos con el porno-kitsch de su serie Hecho en el cielo—. El trabajo del profesor se encargaba, de alguna manera, de las disputas encarnizadas entre pornófilos y pornófobos; de las diatribas que enfrentaban a feministas radicales, como Andrea Dworking, que denunciaban los abusos machistas cometidos al amparo de la pornografía contra las «antiposmodernas» conservadoras, como Camile Paglia, que siempre se han caracterizado como firmes defensoras de la pornografía. Estas no podían esconder ciertos planteamientos vinculados a las posturas liberales que, en ese momento, estaban mutando hacia su forma actual de capitalismo neoliberalista de carácter global. Ambas posturas, sin embargo, podían y pueden otorgar un papel y una profundidad al debate sobre el porno, que sobrepasa con creces su papel como género de ficción o como reflejo de la sociedad en la que se producía. Posturas que, desde entonces hasta ahora, sufrirían mutaciones críticas en relación con los distintos modos de articulación de «lo político» (incluso, de su ausencia) en función de las propias mutaciones políticas, estéticas y sociales de la cultura occidental, desde la posmodernidad hasta la actualidad, y sobre las que el porno —como miembro de pleno derecho— todavía tiene mucho que aportar.
Precisamente, si de mutaciones se trata, resultó profético que, la estrella de cine porno y protagonista de la obra de Koons, Cicciolina llegara a ser diputada en 1987 tras embarcarse en un proyecto político con el Partido Radical Italiano. Nada tiene de malo que una estrella pornográfica llegue a las cortes (sobre todo, cuando los parlamentos nacionales y mundiales están plagados de actores, humoristas, estrellas de Hollywood o empresarios); pero lo interesante era que, en este caso, lo porno no entraba en el espacio de «lo político» como lo hacía en los análisis sociológicos, filosóficos o visuales, que se realizaban en el ámbito académico, al amparo de los denominados estudios culturales y las teorías feministas, gais y lésbicas o queer (en los mejores casos), y por las adscripciones posmodernas (en los peores casos). Lo importante en el caso de Iiona Staller (Cicciolina) era que introducía los métodos del porno en la misma y no al contrario, como sucedía en la universidad. En este sentido, resulta más que elocuente la especie de boutade con la que proponía resolver la crisis previa al estallido de la guerra del Golfo —el summum del simulacro, para Baudrillard—: proponía acostarse con Sadam Hussein.

Julio Pérez Manzanares (Segovia, 1983) es doctor en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, y amplía sus estudios en Filosofía. Actualmente, ejerce como profesor de Estética y Arte Contemporáneo en la Universidad Nebrija de Madrid. Es autor de diversos ensayos sobre arte, género y cultura visual contemporánea como Costus: You Are a Star (2008), Una temporada en lo moderno: el silencio de Rimbaud (2011), Drácula Superstar (2014), Mirar con un ojo cerrado (2018) y Juan Hidalgo y zaj: arte subversivo durante el franquismo (2018). Ha realizado comisariados independientes y colaboraciones en exposiciones como «Common People: Visiones/Versiones del Presente» (2009), «Veinte años después de la muerte de Jaime Gil de Biedma» (2010), «El papel de la movida» (2013) y «En plan travesti (y radical)» (2018).

Cubierta: Descargar

Ficha del libro: Descargar

Be the first to review “Pospornografía. Estética y comunicación en la era viral”