Madres e hijas en la historia (ebook) | Punto de Vista Editores
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Madres e hijas en la historia (ebook)

Nueve relatos de encuentros y desencuentros, de amor incondicional o afán de venganza, por los que desfilan una serie de madres e hijas con el denominador común de haber desempeñado todas un papel importante en la historia. Los sentimientos, las emociones y las vivencias de 18 mujeres unidas por el lazo indisoluble de la relación materno-filial. Desde la Antigüedad de las Agripinas hasta la contemporaneidad de las Curie, una unión invisible que crea para siempre una relación de complicidad peculiar y, a menudo, inexplicable.

 

 

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Tradicionalmente, la educación de las mujeres ha recaído en sus madres. El resultado ha sido y es la creación de un mundo en común, a medio camino entre la complicidad y la autoridad, en medio de una cordial convivencia o el más feroz de los enfrentamientos. A fin de cuentas, una madre y una hija son siempre dos mujeres que, con el paso de los años, un día se encuentran. De cómo resulta ese momento trata esta obra. Para ello nos sirven de guía nueve madres, nueve hijas, con el denominador común de haber desempeñado un papel importante en la historia.

Desde la complicidad de las Curie o de la mítica Sissi con su hija María Valeria, al enfrentamiento de las sufragistas Pankhurst. Desde las diferencias de criterio entre María Teresa de Austria y María Antonieta de Francia a la nostalgia de Mary Shelley por la madre que nunca conoció. Diversos tipos de relación madre e hija mediante retazos de diferentes vidas en las que sea cual sea el paisaje o la época siempre subyace un cordón invisible que perpetúa aquel que durante nueve meses alimentó una vida. El mismo que une para siempre a dos mujeres en una relación de complicidad peculiar y, a menudo, inexplicable.

Introducción

I
La embriaguez del poder
Agripina la Mayor, 14 a.C.-33 d.C.
Agripina la Menor, 16-59 d.C.

II
De amor y dolor
Isabel la Católica, 1451-1504
Juana la Loca, 1479-1555

III
El perfume del rencor
Catalina de Aragón, 1485-1536
María Tudor, 1516-1558

IV
La lección olvidada
María Teresa de Austria (1717-1780)
María Antonieta de Francia (1755-1793)

V
La madre en el recuerdo
Mary Wollstonecraft, 1759-1797
Mary Shelley, 1797-1852

VI
Pasiones privadas
María Cristina de Borbón (1806-1878)
Isabel II de España (1830-1904)

VII
La hija predilecta
Elisabeth de Austria-Hungría, 1835-1898
María Valeria de Habsburgo, 1868-1924

VIII
«Vote for woman!»
Emmeline G. Pankhurst, 1858-1928
Christabel Pankhurst, 1880-1958

IX
La fórmula perfecta
Marie Sklodowska Curie, 1867-1934
Irene Joliot-Curie, 1897-1956

Bibliografía

Introducción

En 1405, la francesa Christine de Pizan (1364-1431) escribió Le livre de la Cité des Dames (El libro de la Ciudad de las Damas), considerado uno de los primeros textos de reivindicación feminista de la historia. En él se describía la construcción de una ciudad inexpugnable donde las mujeres quedaban a cubierto de los prejuicios misóginos. En un momento determinado, al tratar sobre las Amazonas, escribió:

Si alumbraban a hijos varones, los enviaban a sus padres. Si eran mujeres las educaban por ellas mismas.

No puede decirse que ese fuera un privilegio exclusivo de tan legendaria cultura. Tradicionalmente la educación de las mujeres ha recaído en sus madres. Cierto que el varón dictaba las normas e imponía usos y disciplinas. Pero era a la madre a quien correspondía la educación sentimental y doméstica de las niñas. Las hijas crecían con la madre como primer y único referente de conducta. Incluso ahora, cuando los medios de comunicación diversifican la información, continúa vigente la figura de la madre como ejemplo de lo que se quiere o no se quiere ser. Éstas, por su parte, se miran en sus hijas e interpretan actitudes o auspician esperanzas siempre a través de su propio tamiz.

El resultado de tal circunstancia ha sido y es la creación de un mundo en común, a medio camino entre la complicidad y la autoridad, del que se deriva una cordial convivencia o el más feroz de los enfrentamientos. El momento de dirimir tal disyuntiva llega cuando la niña se convierte en mujer. Porque, dejando a un lado el parentesco, una madre y una hija son, gracias al paso del tiempo, dos mujeres que un día se encuentran.

El lector me perdonará ahora un pequeño apunte biográfico pero lo creo necesario para entender el porqué de este libro. Pertenezco a una familia de mayoría femenina. Una entrañable “ciudad de las damas” donde he podido observar las múltiples facetas, etapas, encuentros y desencuentros que pueden darse entre una madre y una hija.

He convivido en el tiempo y en el espacio con mi abuela materna, mi madre y mi hija. Entre las cuatro siempre existió una red tupida y resistente que, en todas las combinaciones posibles, ha creado entre nosotras lazos invisibles de afecto, complicidad y comunicación.

Pero, además de ser madre y de ser hija, también soy historiadora —sigan disculpando el dato personal— y como tal me interesa conocer el comportamiento de madres e hijas en diferentes ámbitos y épocas de la historia.

Porque, ciertamente no existen dos relaciones iguales, como no hay dos mujeres idénticas o dos circunstancias similares. La relación entre madre e hija está siempre condicionada por el entorno y, evidentemente, por la figura del padre —inevitable la alusión freudiana— y de los hermanos. Los ejemplos son, pues, tantos como mujeres y culturas ha habido en la historia. Pero, puesto que había que elegir, me decidí por aproximarme a distintas “parejas” que cubrieran un amplio espectro social y temporal.

En las civilizaciones clásicas la falta de consideración social hacia la mujer provocaba que la atención de éstas se centrara en los hijos varones. Este fue el caso de Agripina la Menor, encaramada en la cima del poder imperial como madre de Nerón. Sin embargo, en el horizonte del recuerdo, siempre alentó el deseo de emular a su madre, Agripina la Mayor, con la que compartió la fascinación por el poder.
Isabel la Católica no precisó de varón alguno para alcanzar un trono que por sangre la correspondía. El azar quiso, además, que la heredara otra mujer, la reina Juana, que tanto supo de amor y dolor. Resulta sorprendente imaginar a la solemne soberana, implacable con hebreos y musulmanes e inspiradora de inciertas expediciones, cobijando a su hija del frío de la noche castellana mientras ésta reclamaba enloquecida a su esposo Felipe retirado a Flandes. Su nieta, María Tudor, vivió el desamor por persona interpuesta. Creció contemplando el calvario de su madre, Catalina de Aragón, repudiada por Enrique VIII de Inglaterra, y, una vez en el trono, se hizo el propósito de reivindicar la memoria de la reina muerta. Todo lo contrario que María Antonieta, quien, de haber seguido el ejemplo materno, podría haber sido una excelente reina de Francia, pero María Teresa de Austria hubo de morir viendo, impotente, cómo su hija se hundía en una espiral de frivolidad e ignorancia.

La era de las revoluciones concedió a la mujer la capacidad pública de pensar. O al menos eso esperaba Mary Wollstonecraft. El testigo lo recogió su hija Mary Shelley, la cual, en pos de evocar la presencia materna, elaboró alguna de las páginas más señeras de la literatura romántica inglesa. En el mismo propósito de conseguir más y mejores derechos para la mujer insistieron, un siglo después, Emmeline y Christabel Pankhurst , cuando alteraron la bienpensante sociedad británica al grito de Vote for woman!

A su manera, también era libertad lo que pedían María Cristina de Borbón y su hija Isabel II, reina de España, cuando vivieron sus pasiones privadas al margen de sus deberes de soberanas. Y en la búsqueda de tan preciado don, la emperatriz Isabel de Austria se acompañó de María Valeria, su hija predilecta. Marie e Irene Curie, por último, hicieron de su laboratorio un ámbito común donde vivieron una relación familiar armoniosa y fructífera.

No busque el lector interpretaciones psicológicas o antropológicas, que doctores tiene la Iglesia y para eso están los profesionales. Los capítulos que siguen son solo ejemplos, retazos de otras vidas, que jalonan el largo camino recorrido por las mujeres desde la noche de los tiempos. No todo son historias idílicas. Entre una madre y una hija también se crea a menudo la barrera de la rivalidad, el egoísmo o el autoritarismo. Pero, en cualquier caso, sea cual sea el paisaje, siempre subyace en él un cordón invisible, evocación cierta de aquel otro que durante nueve meses alimentó una vida. Un vínculo que perdura a través del tiempo y que une a dos mujeres en una relación de complicidad peculiar y, a menudo, inexplicable.

María Pilar Queralt del Hierro es historiadora y escritora. Autora de diversos libros de relatos, y de novelas históricas como Los espejos de Fernando VII, Inés de Castro, De Alfonso la dulcísima esposa, La rosa de Coimbra o Las damas del rey entre otras, su interés por las figuras femeninas y su tratamiento historiográfico le ha llevado a escribir las biografías Tórtola Valencia, una mujer entre sombras, Agustina de Aragón, o Las mujeres de Felipe II (Premio Algaba de Biografía 2011). Colaboradora habitual de diversos medios especializados, su último libro es la biografía Isabel de Castilla, una aproximación al perfil más íntimo de la reina Católica. En su tarea divulgadora aborda por igual el ensayo y la novela histórica que, en ambos casos, tienen un único eje: el estudio de la figura femenina a través de los tiempos.

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