Luis de León | Punto de Vista Editores
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Luis de León

Edición de Nicole d’Amonville Alegría

Dimensiones: 13,5×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-00-6
Nº de páginas: 172


Nota: Gastos de envío gratuitos solo para España.

18,90 

En esta aproximación a la vida y la obra de Luis de León, Edison Simons rinde tributo no solo al autor belmonteño sino también a los grandes poetas que este supo verter a nuestra lengua, enriqueciéndola. Al decir de Simons, en Luis de León «la traducción deja, por vez primera en nuestra tradición, de ser ancilar, y, de por sí entra en su en sí: se ensimisma en el orbe de la gran poesía». Luis de León es ante todo un ensayo de un poeta sobre otro poeta, ambos traductores.

«Desvistamos a Luis de su hábito de fraile, de su ropa de «clásico» empolvado, e invistámoslo del fulvo pelaje del León de Nemea, impenetrable a las saetas coronadas por las plumas del águila blanca, guardianas del tino, don de Apolo, y a la punta y filo de la espada de metal hiperbóreo, don de Hermes; inconcuso a los golpes de la maza tallada por las propias manos heroicas en la madera del acebuche. El León sólo se rinde y expira cuando lo estrangula el semidios Heracles, su doble (todo poeta tiene un doble secreto), en su colosal abrazo. El doble de Luis sólo puede desollarlo con la aridez de sus propias zarpas. Se sirve de la heráldica cabeza –¡oh fijeza de los ojos amarillos!– como yelmo, y del cuero, como armadura. Mas el León le ha devorado un dedo».
Edison Simons

Preludio por Nicole d’Amonville Alegría. Edison Simons, poeta del hápax
Nota a la presente edición
Nota liminar
Luis de León
Hoja de vida
I. El León
II. El espejo de Platón. La lírica. Los nombres de Cristo
III. Persecución y cárcel
IV. El Cantar de los Cantares
V. Job
VI. Explanación del Salmo XXVI por el maestro Fray Luis de León
VII. Píndaro
VIII. Virgilio
IX. Horacio
X. Luis de León, poeta hermeneuta
Bibliografía

Nota liminar

En su ensayo ¿Qué es un clásico?, Eliot lo define en términos de madurez: madurez del propio lenguaje del poeta, madurez de la lengua en que escribe y madurez respecto a las obras magistrales escritas en otras lenguas dentro del mismo ámbito cultural. «Ripeness is all.» El primer requisito de Eliot entraña la comparación del poeta consigo mismo: el espejo en el aislado aposento de la obra singular. El segundo implica la comparación con los demás poetas que han practicado la misma lengua: la galería de retratos en un museo. El tercero abraza la comparación con obras distintas y distantes como lo están las estrellas en una constelación.
Para cumplir con los dos primeros requisitos es menester la traducción dentro de la misma lengua (Heidegger, Beiträge). La exigencia del tercer requisito depende de la traducción extramuros, la más fácil acaso, salvo en casos egregios. Lleva consigo la notoriedad que cruza las fronteras. La notoriedad, dijo Rilke, se basa en un equívoco. Mi amigo el filósofo francés François Fédier añadió en una carta: «y la no-notoriedad también». Un clásico sería entonces la madurez de un equívoco.
Luis de León cumple con todos estos requisitos. «Piélago de bellezas», la lengua singular de su obra, verso y prosa, «cebado de un abismo bellísimo», la lengua común, el castellano que ha alcanzado su plenitud en el siglo xvi.
Serenidad es la palabra que nimba al poeta: lo propio de la noche, su rocío estelar, tanto en su alto vuelo visionario como en su modo de endurar. ¡Cómo supo dormir a la intemperie cuando fue mártir de la traducción!

Hoja de vida

A fe de los escritos de Luis de León, y por el testimonio de sus amigos y contemporáneos, se sabe que la singularidad de su carácter estribaba en una perpetua oscilación entre la vehemencia y la melancolía; mas, como a ciencia cierta nada sabemos de la fecha exacta de su nacimiento (la hora, el día, el mes, ni siquiera el año), es imposible determinar su horóscopo.
Vino al mundo en Belmonte de Cuenca, en 1527 o 1528, hijo de una familia hidalga de ascendencia hebrea. En 1543 abraza en Salamanca la religión de Agustín, y profesa como fraile en 1544. Su origen hebreo no es impedimento para que curse estudios. Lo hace primero en la Universidad de Salamanca, donde tras haber recibido la enseñanza de Melchor Cano y Domingo de Soto obtiene la licenciatura en Teología y comienza a enseñar de inmediato, pese a su juventud; luego pasa a la Universidad de Alcalá de Henares (1556-1557), donde aprende hebreo con el cisterciense fray Cipriano de la Huerga. Catedrático de Biblia, bachiller en Teología en 1558, licenciado, y luego maestro de Teología en 1560, Luis de León obtiene en 1561 la cátedra de Santo Tomás en Salamanca.
En 1561 pide a su amigo Benito Arias Montano, el más docto filólogo de su época (¿qué relación guardaba con el herético Juan de Valdés?), de paso por Salamanca, que le confíe el manuscrito de su explanación latina del Cantar de los Cantares, y Arias Montano accede a condición de que Luis de León la vierta al castellano. La historia oculta del pensamiento en nuestra lengua está aún por escribir, pese al empeño de Enrique de Rivas Cherif y de Javier Ruiz.
Luego, a petición de una cara amiga suya, Isabel Osorio, monja del convento de Sancti-Spiritus en Salamanca, quien no sabiendo leer las lenguas sacras estaba deseosa de desentrañar el sentido del Cantar, Luis de León compone entre 1561 y 1562, en versión directa del hebreo al castellano, no en verso clásico, sino fraseada, una aparición del poema acompañada por una exposición, capítulo por capítulo.
El fámulo indiscreto que le limpiaba la habitación sacó a hurtadillas copias del texto, que Luis de León destinaba únicamente a una lectura privada, haciéndolas circular de mano en mano y dando lugar a la difusión del Cantar por toda España, llegando incluso a Perú, hasta caer en manos del Santo Oficio. Manipulado este por los enemigos del poeta, no sólo lo acusó de haber infringido la prohibición del Concilio de Trento tocante a la traducción al romance de las Sagradas Escrituras, sino también de haberse atrevido a exponer sin ambages el principio que rigiera su versión: «solamente trabajé en la corteza de la lengua…», acogiéndose a una estricta hermenéutica filológica que desdeñaba la interpretación canónica del Cantar; y de apartarse de la Vulgata por no considerarla fidedigna y haberse ceñido exclusivamente al texto hebreo. Se formularon sospechas de que Luis de León, debido a su ascendencia judaica, acudía al saber de los místicos israelíes para aclarar sus dudas sobre el original. ¿No serían estos consejeros anónimos los que iniciaron en la Cábala a Luis? ¿Lo ignoraba acaso la Inquisición? De no haber sido así, el poeta habría arriesgado la hoguera. La circunstancia no figura en las actas del proceso.
Luis de León es encarcelado el 26 de marzo de 1572 en los calabozos de la Inquisición en Valladolid. Su reclusión dura casi cinco años. Regresa entonces a su cátedra de Salamanca; obtiene en 1578 la cátedra de Filosofía Moral, desde donde explica la Ética de Aristóteles; y en 1579 ocupa la ansiada cátedra de Sagrada Escritura.
Comienza a publicar: en 1580 salen a la luz los Comentarios latinos del Cantar y del Salmo XXVI; en 1587, La perfecta casada y la primera parte de De los nombres de Cristo (terminó la obra en 1585). En 1588 edita los escritos de santa Teresa.
El resto de su obra quedó inédito. La Exposición del libro de Job y su doble traducción, en fraseado y octava rima, que tardó casi veinte años en escribir y que dejó inconclusa, no fue publicada hasta 1779.
Muere en Madrid el 21 de agosto de 1591.

Edison Simons (Colón, Panamá, 1933 – París, 2001) fue poeta, traductor y artista plástico. Viajero infatigable, pasó largas temporadas en Europa, Japón y Latinoamérica. En 1965, participó en la travesía poética «Amereida» cuyo objetivo era el redescubrimiento de América mediante la celebración de actos geopoéticos desde la Patagonia argentina hasta Bolivia. En 1977 trabó amistad con María Zambrano con la que participó en el prólogo de Los sueños y procesos de Lucrecia de León (1987) y con la que mantuvo una nutrida correspondencia a lo largo de los años que fue publicada una vez fallecida la filósofa. En 1992 realizó su primera exposición de pintura en París. Tradujo la poesía de Mallarmé, Coleridge, Char y Hopkins entre otros. Su obra poética ha sido recogida en Mosaicos (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2009). Ha sido traducido al francés, al inglés, al portugués, al serbio, al árabe y al chino.

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