Los Gondra (una historia vasca). Los otros Gondra (relato vasco) | Punto de Vista Editores
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Los Gondra (una historia vasca). Los otros Gondra (relato vasco)

Prólogo de Eduardo Pérez-Rasilla

Dimensiones: 13,5×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-74-7
Nº de páginas: 252


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18,00 

En Los Gondra (una historia vasca) el autor explora cien años de una familia vasca entre la realidad y la ficción. ¿Por qué escondían los abuelos una cesta de pelotari rota en un armario que había venido de Cuba? ¿Por qué faltaban en el álbum familiar fotografías de la romería de 1940? ¿Qué había pasado la noche del 12 de mayo de 1874 en el caserío Gondra entre los dos hermanos? Durante años, busca una respuesta a estos interrogantes, pero cada contestación le remite a una nueva pregunta sobre la generación anterior. El odio y la culpa se repiten cíclicamente, pero también se abre la posibilidad del perdón y el olvido.

En Los otros Gondra (relato vasco), mira desconcertado a su alrededor y trata de contar hacia dónde se dirige la familia. ¿Qué pasó en 1985 en un frontón de Algorta entre alguien que podría ser su prima y alguien que tal vez pudiera ser su hermano? ¿Qué harán con ciento veinte años de restos de Gondras cuando venza la concesión de la tumba familiar? ¿Qué peso pueden tener el apellido y la sangre para las nuevas generaciones? ¿Quién heredará la casa del padre? Transcurridos más de treinta años, intenta averiguar la verdad, pero nadie desea hablar de aquel tiempo de violencia y de odio.

Los Gondra (una historia vasca) Premio Max a Mejor Autoría Teatral 2018
Los otros Gondra (relato vasco) Premio Lope de Vega 2017

«Nos plantea una imaginación ética, que es aquella que nos arranca de la interpretación maniquea de la historia y nos invita a imaginar al otro, que antes creíamos radicalmente diferente, como a un semejante y, con ello, a imaginar su dolor.»
Edurne Portela, El País

«Ha escrito, con acentos personales y aguda mirada histórica, un fascinante fresco político y familiar.»
Vicente Molina Foix, Tiempo

«Reflexiona con rigor, emoción y hondura sobre el sufrimiento infligido y sobre la sanación del mismo por medio de una sincera voluntad de arrepentimiento, de perdón y, en último término, de olvido.»
Raúl Losánez, La Razón

Prólogo, de Eduardo Pérez-Rasilla

Los Gondra (una historia vasca) y Los otros Gondra (relato vasco) conforman un ciclo dramático compuesto, al menos de momento, por dos obras cuyos títulos parecen complementarios y cuyos respectivos subtítulos tienen un significado semejante, hasta tal punto que cabría entenderlos como variantes destinadas a evitar una repetición o equívoco en las denominaciones de las obras. En estos enunciados, y desde esta hipótesis, tanto daría historia como relato. Por su parte, la repetición del adjetivo en femenino y en masculino (detalle que no ha de desdeñarse en unos acontecimientos de los que son responsables y en los que se ven afectados hombres y mujeres) manifiesta la voluntad de establecer no solo una ubicación geográfica precisa —lo cual dramáticamente tendría un escaso atractivo—, sino de examinar los aspectos políticos, lingüísticos, míticos y culturales que un lector o un espectador puedan asociar —con más o menos rigor y pertinencia— a lo vasco. Sin embargo, la oposición entre historia y relato es relevante. La voz historia tiene un amplio espectro semántico: desde «narración y exposición verdadera de los acontecimientos pasados y cosas memorables» que, «en sentido absoluto se toma por la relación de los sucesos públicos y políticos de los pueblos», hasta «fábula, cuento o narración inventada», e incluso «cuento, chisme o enredo». La voz relato admite, por el contrario, un menor recorrido: «conocimiento que se da, generalmente detallado, de un hecho» o «narración, cuento». Significativamente, el discurso político imperante ha usurpado la primera definición del término relato como expresión de una verdad oficial sobre los acontecimientos históricos que considera constitutivos de la construcción colectiva.
En lo que se refiere propiamente a los títulos, el elemento distintivo es el adjetivo otros. La Nueva gramática de la lengua española parece admitir una cierta dificultad para clasificar este adjetivo, pero sugiere dos usos posibles del determinativo otro: como expresión de alteridad (también llamado de distinción o de diversidad) y con un sentido aditivo. Estos usos pueden ser compatibles en algunos contextos. Y esto es lo que ocurre con el segundo de los títulos. Los otros Gondra son los Gondra que pertenecen a la familia, y que habría que sumar a los que habitan en la casa de don Alfonso, pero son también los Gondra excluidos, los que no pertenecen realmente a la familia, ni habitan en la casa de don Alfonso, ni serán enterrados en el panteón familiar. Llama la atención además que esos «otros Gondra» sean mujeres: Itsaso, Ainhoa y Edurne, aunque el motivo de la exclusión en el caso de Itsaso y Ainhoa sea diferente del de Edurne. «Cada generación tuvo que expulsar a alguno para sentirse pura, para ser más Gondra que el otro», dice Natalia, consciente, al menos en algún repliegue de su intimidad, de esa propensión a excluir que caracteriza a la familia y a la sociedad en la que se inserta. Pero la ambigüedad en el empleo del adjetivo otros se neutraliza, o, paradójicamente, se acentúa si lo relacionamos con el primero de los títulos desde una perspectiva metalingüística y metaliteraria. Los otros Gondra (relato vasco) es otra obra (en el sentido de distinción y en el aditivo) acerca de los Gondra.
Sin embargo, parece claro que la complementariedad y la semejanza de los títulos y los subtítulos dirigen inevitablemente la mirada del lector (y del eventual espectador de los dos trabajos) hacia un territorio común. A pesar de la autonomía de cada uno de los espectáculos (el espectador puede ver Los Gondra (una historia vasca) y Los otros Gondra (relato vasco) sin necesidad de saber lo que ha ocurrido en el anterior o lo que ocurrirá en el siguiente), todo induce ahora a verlos (o a leer los textos) de manera conjunta, a interpretar la propuesta como una doble mirada sobre un mismo acontecimiento (o, más bien, un mismo entramado). Y no está de más anotar que las discrepancias entre uno y otro relato —que las hay—, lejos de confundir, arrojan luz sobre la reflexión que el dramaturgo pretende suscitar. Las nociones de otredad, perspectiva o espejo buscan cabida en esta relación entre las versiones de los acontecimientos.
Nos encontramos ante dos dramas (o, mejor, tragedias) diferentes, pero unidos por un poderoso vínculo: un conflicto familiar largamente dilatado en el tiempo que, como en la tragedia griega, adquiere una dimensión política. Como es bien sabido, en un primer período, las tragedias griegas se agrupaban en trilogías, conformadas por tres textos independientes que ofrecían etapas cronológicas sucesivas y entrelazadas, cuyo conjunto ofrecía una suerte de unidad superior. Más adelante, sin embargo, ese estricto agrupamiento cayó en desuso, lo que no excluye un diálogo entre algunas tragedias firmadas por un mismo poeta —puede pensarse en los Edipos de Sófocles, por ejemplo—, pero también por poetas diferentes. Es interesante examinar cómo el principio compositivo de la trilogía o de otras formas de relación entre tragedias distintas, pero con un motivo común, puede advertirse en el empleo de los distintos planos temporales que configuran cada una de las obras del ciclo de Ortiz de Gondra.
No obstante, el ciclo como tal representa también una forma de unidad de la que se quiere dejar constancia. ¿Cuál podría ser el término adecuado para denominarlo? Al clásico trilogía, utilizado con alguna frecuencia en el teatro posterior y, quizá singularmente, en el teatro contemporáneo, lo acompaña también la voz tetralogía, para las agrupaciones de cuatro obras, por lo que, a las series de dos dramas les correspondería hipotéticamente dilogía, pero la palabra está ocupada por la acepción de «palabra que hay que entender a la vez en dos sentidos distintos dentro del mismo enunciado» (Diccionario de la Real Academia Española, en adelante, DRAE), es decir, la palabra dilogía remite a una figura retórica de larga tradición literaria basada en la ambigüedad de palabras y expresiones para producir ingeniosos equívocos o efectos humorísticos. Ediciones anteriores del DRAE recogían el vocablo bilogía, con el significado de: «Libro, tratado o composición literaria que consta de dos partes». El término podría haber resultado útil al efecto que proponemos, pero la palabra ha caído en desuso y las últimas ediciones del DRAE ni siquiera la recogen ya, a pesar de que dejan vacío el espacio que habría de contener estas formas de composición literaria que constan de dos partes diferenciadas pero indisociables.
Nos queda la voz díptico, cuyas definiciones resultan a un tiempo sugerentes y esquivas para el propósito que perseguimos. El DRAE remite, como primera acepción del término, a la forma femenina díptica, cuyo primer significado es «tablas plegables, con forma de libro, en las que la primitiva Iglesia acostumbraba anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar». La segunda acepción de díptico es «pintura, grabado o relieve compuestos por dos paneles que se pueden plegar como las tapas de un libro». El origen del vocablo es griego y significa plegado en dos. La segunda acepción del término, aplicada a las artes pictóricas o escultóricas, parece mantener, sin señalarla explícitamente, la referencia a lo litúrgico que figuraba en la primera acepción, trasladada a su vez del femenino díptica. Pero esta segunda acepción se abre además, a través del símil con el que culmina su definición, a la posibilidad de una traslación semántica al ámbito libresco y, por extensión, literario. Es decir, en sentido figurado cabría aplicar el vocablo díptico a un libro conformado por dos partes que presenten entre sí, al menos idealmente, alguna relación de homogeneidad y complementariedad.
[…]

Borja Ortiz de Gondra (Bilbao, 1965) estudió dirección escénica en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAD). Más tarde se trasladó a París, donde trabajó como ayudante de dirección en grandes teatros públicos franceses. Sus obras se han representado en teatros de España y América Latina; y algunas de ellas han sido traducidas al alemán, checo, finés, francés, húngaro, inglés, italiano, portugués o rumano, como Duda razonable, Memento mori, El barbero de Picasso o Dedos (vodevil negro). También es el traductor de autores anglosajones y francófonos; entre otros, Eugene O’Neill, Joe Orton, Martin Crimp, Michel Azama o Fabrice Murgia. Ha ganado diversos premios: el Premio Calderón de la Barca, el Premio Marqués de Bradomín, el Premio Lope de Vega, el Premio Internacional de Teatro Carlos Arniches y el Premio Max a Mejor Autoría Teatral.

Eduardo Pérez-Rasilla (Santurce, Vizcaya, 1954) es profesor titular de literatura española en la Universidad Carlos III de Madrid. Su labor investigadora se centra en el teatro español y extranjero contemporáneos, el Siglo de Oro y el siglo XIX. Le han otorgado el Premio Palma de Alicante y el Premio Leandro Fernández de Moratín de ensayos teatrales. Es presidente de la Asociación Internacional de Teatro Siglo 21 (AITS21).

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