La República de la reputación. Economía, poder y emociones | Punto de Vista Editores
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La República de la reputación. Economía, poder y emociones

Dimensiones: 13,5×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-70-9
Nº de páginas: 202


Nota: Gastos de envío gratuitos solo para España.

19,90 

La ilusión de la tecnoutopía que despiertan las nuevas formas de comunicación nos ha llevado a una falsa era de libertad digital, en la que las grandes plataformas de contenidos se han convertido en las auténticas vertebradoras de la información y en la que los algoritmos secretos moldean la vida de la sociedad y de las personas, con la posibilidad de generar burbujas ideológicas radicales o poco democráticas. La consecuencia inmediata es que hoy son más vulnerables las empresas, las instituciones y los ciudadanos.

La batalla frente al lobby tecnológico o al poderoso sector financiero es –siempre lo ha sido– limitada y desigual; sin embargo, tienen un flanco enormemente vulnerable: su reputación. La posibilidad de valorar a empresas, instituciones u organizaciones, y la incidencia que dicha valoración tiene sobre su reputación, nos otorga un nuevo e importante poder de influencia para reconfigurar el mundo. El capital reputacional es hoy esencial para cualquier personalidad, político, empresario o celebrity, al tiempo que ofrece al ciudadano una herramienta valiosa de presión.

En esta nueva República de la reputación, hiperconectada y emocional, debemos interpretar esta cartografía física y social para, a través de las historias y las nuevas narrativas corporativas, aprender a cuidar nuestra reputación como un activo que no conviene menospreciar.

«La marca es el perfume que usas, la reputación, el olor que dejas.»
Alfonso Alcántara

Prólogo

Introducción. Una nueva república sin banderas ni fronteras

I. La economía de la reputación

1. La desconfianza, el rasgo característico
de nuestra era
2. La revolución de los intangibles
3. Propósito y negocios. La paradoja de China, vencer sin convencer

II. Del poder a la reputación

1. Reputación y empresa familiar: quién cuida de nuestro buen nombre
2. Marca país: del poder del territorio a la reputación de las cadenas de valor
3. Política y reputación: recuperar la licencia social para operar
4. Pepe Mujica o el poder de las historias
5. (R)emocionar la comunicación política e institucional

III. La reputación en la era digital

1. Posverdad y noticias falsas: el nuevo autoritarismo de la mentira
2. Algoritmos, ética y libertad digital
3. Marca personal: cuando tu currículum es tu huella digital
4. Hacia un mundo de programadores y contadores de historias

IV. Las emociones son la nueva energía

1. La era de la comunicación seductiva: narrar, compartir y emocionar
2. El poder de las historias en la nueva comunicación corporativa
3. Comunicar el propósito, la verdadera promesa de valor de las organizaciones

Introducción. Una nueva república sin banderas ni fronteras

Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay muchas otras montañas por escalar.
Nelson Mandela

Utopías para un mundo desconfigurado

En el ya lejano 1516, en la ciudad de Lovaina, el humanista Tomás Moro escribía una obra maestra, Utopía. El libro es una crítica feroz a la sociedad inglesa de su tiempo. Influido por las ideas platónicas de La república, Moro trata de imaginar cómo sería un Estado perfecto aun a sabiendas de que era simplemente imposible. Ese Estado perfecto solo puede existir «en ninguna parte», que es lo que significa utopía en griego. La Real Academia Española de la Lengua define el término así:

    1. Plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización.
    2. Representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano.

Hoy, como entonces, sabemos que la república perfecta no habita en ninguna parte, pero la utopía sigue siendo el horizonte que nos guía y da sentido en el camino para avanzar ética y socialmente en nuestras sociedades.
El mundo desconfigurado en el que vivimos necesita reconstruir el nexo emocional entre los diferentes actores políticos, económicos, sociales y culturales para consensuar un nuevo pacto social. El mundo de hoy carece de relato, y todavía menos de un relato inclusivo. Estamos necesitados no tanto de nuevas ideas —que también—, sino de nuevos líderes que nos ayuden a construir nuevos consensos para transitar por este nuevo proceso reconstituyente global. Esos líderes, sin embargo, poco tienen que ver con la mayoría de los dirigentes actuales, más preocupados por el cortoplacismo de las elecciones, en el caso de los políticos, o de los resultados trimestrales o semestrales que garantizan sus bonus, en el caso de los directivos de las grandes empresas. Necesitamos un nuevo modelo de liderazgo abierto, ético, moral y profesional que concilie comunidad y destino, desarrollo económico y prosperidad con cohesión social y que se haga cargo del estado anímico de la sociedad.
Si hiciéramos hoy parcialmente el ejercicio intelectual de Tomás Moro, y los ciudadanos del mundo nos pusiéramos a la tarea de constituir una nueva República, deberíamos, entre otras cosas, organizar una votación libre para elegir a la persona ideal para dirigirla o representarnos a nivel global. Ese ejercicio deberíamos hacerlo en el contexto actual, esto es, en un entorno globalizado, interdependiente y de una inabarcable complejidad. Esa teórica consulta sería imperfecta por naturaleza, ya que deberíamos preguntar a aquellos ciudadanos conectados o informados, es decir, a los que hayan tenido acceso regular a periódicos, radio, televisión, internet o teléfono en los últimos años. A pesar de que proclamamos que vivimos en un mundo hiperconectado y global, todavía hoy la tecnología excluye a una buena parte de la población mundial. Las tendencias autorreferenciales del mundo desarrollado hacen que solamos pensar que nuestro mundo es el mundo, cuando la realidad es mucho más amplia, rica, plural y compleja.
En esa hipotética carrera electoral global, lo normal sería elegir al personaje que pueda representarnos con más o mejor reputación. Sería un ejercicio meramente simbólico, pero relevante, ya que mostraría el grado de confianza o de prestigio del que gozan o han gozado algunas de las principales figuras de nuestra era. De igual forma, daría muestra del estado de ánimo de las sociedades contemporáneas y de los desarreglos emocionales que padecemos, así como de las expectativas de la mayoría de la población a lo largo y ancho del planeta. Puestos a elegir a aquel o a aquella que debería representarnos, ¿a quién elegiríamos?

Pau Solanilla (Barcelona, 1970) es consultor internacional en comunicación estratégica y corporativa, desarrollo de negocio internacional y comercio exterior. Emprendedor y formador, ha vivido y trabajado en Barcelona, Bruselas, París, Madrid, Casablanca, Sevilla y Panamá.
Tiene estudios de Ciencias Políticas en la UNED. Es máster en Dirección de Comunicación Corporativa por la Online Business School de la Escuela de Negocios EAE y la Universidad de Barcelona y máster en Business Administration por la Escuela de Administración de Empresas.
Con una larga trayectoria en el mundo asociativo, institucional y empresarial, es autor de diversos libros y publicaciones, entre los que destacan Empresa responsable, empresa rentable (1997), Europa en tiempos de cólera (2010) y La energía de lo pequeño: democracia, tecnología y territorio (2012).

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