La condición del hombre corriente. Ensayo sobre el humanismo de George Orwell | Punto de Vista Editores
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La condición del hombre corriente. Ensayo sobre el humanismo de George Orwell

Dimensiones: 13,5×22 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-18322-71-6
Nº de páginas: 360

23,90 

George Orwell se ha convertido en un nombre de referencia mundial en los ámbitos políticos y literarios y su figura no ha dejado de adquirir relevancia incluso fuera de los países anglosajones. Ha conseguido filtrarse en el lenguaje corriente y pasar a la posteridad configurando la vida de las personas sin que se tenga demasiada conciencia de ello.

Aunque solemos creer que las obras solo reflejan el periodo en el que fueron escritas, es sorprendente constatar cómo el espíritu de nuestra época está fielmente retratado en novelas como Mil novecientos ochenta y cuatro, Rebelión en la granja o Subir a por aire. Aspectos como la frustración profesional, la presión por el éxito, la inestabilidad emocional o el incesante movimiento tecnológico son frecuentes en las temáticas de la obra de Orwell y en nuestras vidas.

En este libro, Oriol Quintana estudia el humanismo orwelliano y reflexiona sobre cómo este nos brinda nuevas formas de pensar la condición del ser humano contemporáneo. En ese sentido, Orwell se presenta con una propuesta humanística que aún tiene mucho que decir sobre los problemas más acuciantes de nuestro tiempo.

Introducción

Usted conoce a George Orwell mejor de lo que cree. Se ha convertido en un nombre de referencia mundial en los ámbitos políticos y literarios, y su figura no ha dejado de adquirir importancia desde la aparición de Rebelión en la granja (Animal Farm, 1945) o Mil novecientos ochenta y cuatro (Nineteen Eighty-Four, 1949), pero no se trata solo de eso: Orwell está por doquier.
Estas dos obras (sus dos últimas novelas) constituyen, sin duda, el legado más importante del autor y han sido ampliamente difundidas y estudiadas: es posible que usted mismo las haya leído. Algunos especialistas han aventurado la cifra de cuarenta millones de copias vendidas; a pocos autores del siglo pasado se les puede atribuir tamaña cantidad. Pero los responsables de gestionar el legado literario de Orwell, concretamente la agencia A. M. Heath, no se pronuncian al respecto. En una entrevista, Jennifer Custer, de esta agencia, afirmaba que actualmente ya no se puede calcular la cantidad de copias de las obras de Orwell que se han vendido. En algunos países, como Canadá, los derechos de autor ya han caducado y la obra circula libremente. Sin duda, es en el mundo anglosajón donde la obra de Orwell ejerce una influencia más notoria. Rebelión en la granja y Mil novecientos ochenta y cuatro son lecturas fundamentales para los estudiantes de secundaria de aquel ámbito geográfico; en el Parlamento inglés no es raro oír expresiones orwellianas como Big Brother o doublethink como moneda corriente en los debates políticos. Generalmente son bombas verbales que los parlamentarios, la prensa y los analistas lanzan contra el bando rival.
Pero el hecho más importante es que, aun fuera de los países anglosajones, Orwell se ha filtrado en el lenguaje corriente, y por eso es muy posible que usted conozca a Orwell mejor de lo que cree. Pocos autores han pasado así a la posteridad: configurando la vida de las personas sin que tengan demasiada conciencia de ello. De cuando en cuando, los avatares políticos hacen que la obra de Orwell resurja con fuerza; la última vez fue especialmente sonada: con Mil novecientos ochenta y cuatro consiguió ser el autor más vendido en Estados Unidos dos semanas después de la toma de posesión del presidente Donald Trump (¡casi setenta años después de la muerte de Orwell!). A fin de cuentas, el concepto de posverdad, tan corriente hoy en día, remite a la obra orwelliana.
En España, la editorial Destino tradujo al castellano los textos más relevantes de Orwell a lo largo de la década de los setenta. Las editoriales que publican en catalán se han lanzado a traducir, además de Mil novecientos ochenta y cuatro y Rebelión en la granja, una obra como Homenaje a Cataluña (Homage to Catalonia, 1938), elemental para contribuir a que el nombre de Cataluña no suene exótico a oídos europeos, así como para explicar cómo entendemos nosotros algunos episodios clave de la Guerra Civil. A la postre, también en nuestro país la obra de Orwell ha penetrado sibilinamente en la cultura popular. Notamos su influencia a través de ciertos programas televisivos o por el modo en que, al igual que en otras partes del globo, nos imaginamos un futuro distópico. En nuestro país, cualquiera ha oído hablar del Gran Hermano, lo que ha contribuido a que el legado y la influencia de Orwell goce de buena salud, aunque no por razones estrictamente literarias.
¿Y las obras menos leídas? ¿Qué se puede aprender de aquellas obras que solo los especialistas de Orwell conocen a fondo? Pues mucho, y el presente libro da cuenta de ello. Estudiarlas ha sido una continua fuente de sorpresas; entre ellas, la lectura de Subir a por aire (Coming Up For Air, 1939) ha resultado especialmente cautivadora.
Subir a por aire trata de la gente como usted y como yo. Trata de las personas que van a lo suyo y no destacan. Trata de gente que se esfuerza por dar una buena vida a sus hijos y que trabaja a diario, aun cuando el trabajo no resulte del todo satisfactorio. Trata de gente que vive en un mundo que no termina de gustarle, pero que no sabe cómo cambiar. Trata de gente que teme quedarse sin empleo. Trata de gente desconectada de la política y desconcertada por un mundo que se ha vuelto muy complejo. Trata de gente que, de vez en cuando, intenta pasar un buen rato, pero que también se preocupa por cómo irá el mundo. Gente que quisiera rebelarse contra las injusticias, pero no sabe por dónde empezar. Gente que esperaba vivir una vida plena, pero tiene que conformarse con demasiados días grises. La novela, en definitiva, intenta retratar la vida de la gente común.
Así como Rebelión en la granja y Mil novecientos ochenta y cuatro tuvieron un impacto directo desde los tiempos de Orwell, Subir a por aire ha sido siempre una novela extemporánea. Tener como tema central las condiciones concretas de existencia de un hombre corriente en la Inglaterra del periodo de entreguerras y su evocación de la Inglaterra rural del periodo eduardiano (el anterior a la Gran Guerra) hacen que sea una novela extraña, pues pudiera parecer que su tema central es más bien un mundo ya inexistente en el momento en que fue escrita. ¿Qué interés podría tener, entonces, estudiar un libro que nos habla de dos mundos (la Inglaterra eduardiana y la propia Inglaterra de entreguerras) irremisiblemente desaparecidos?
Pues bien, no es el mero afán de reivindicar novelas semiolvidadas lo que ha motivado la redacción del presente libro. Es más bien el hallazgo de que Subir a por aire retrata de un modo sorprendente e inesperado, y fiel como solo pueden hacerlo las obras de ficción, lo que provisionalmente y con todas las precauciones cabría denominar las condiciones espirituales en que se desarrollan nuestras vidas hoy. Solemos creer que las novelas son capaces de reflejar el espíritu de una época; en este sentido, Subir a por aire es sorprendente porque retrata el espíritu de nuestra época, pese a todos los años transcurridos.
La novela no es demasiado larga, y los sucesos que en ella se retratan pueden explicarse muy brevemente. Subir a por aire narra la aventura de George Bowling, de cuarenta y cinco años. Su vida es de lo más convencional y aburrida. Tiene, como es preceptivo, dos hijos pequeños, una mujer con quien lleva casado muchos años y con quien no acaba de congeniar, y un trabajo aburrido como inspector de compañía de seguros. Su aspecto físico (regordete, siempre con la vestimenta propia de su clase y profesión) lo convierte en el ejemplo perfecto de ciudadano medio, de hombre sin atributos. De carácter bondadoso, parecería que hubiera de contentarse con lo que tiene y conformarse, como hasta la fecha, con el correr de los días y con el ir tirando. Pero su aspecto externo de hombre gordo esconde en su interior la figura de un hombre flaco e inconformista. Nadie lo diría observándolo desde fuera, pero hay en él una poderosa rebeldía ante la grisura de lo que les toca vivir a las personas corrientes.
Su acto de rebelión consistirá en hacer una escapada a Lower Binfield, el pueblo donde nació. Será indudablemente una revuelta no muy efectiva, de una sola persona, hecha en secreto: un acto íntimo de resistencia. Bowling se dice a sí mismo que necesita subir a respirar y espera encontrar, en aquellos paisajes de su infancia, al yo que los tiempos modernos —y la grasa— han engullido. No soporta más la presión de la cotidianidad gris, ni la amenaza de la guerra, la temida Segunda Guerra Mundial, que ya se avista en el horizonte.
La escapada de Bowling resulta un fracaso. El pueblo donde naciera también ha engordado: ha sido enterrado bajo capas de asfalto, borrado por las formas de vida del mundo moderno. La balsa donde solía pescar de niño ha sido convertida en un vertedero. Completamente desengañado, decide regresar a casa antes de lo previsto cuando, al maniobrar, un avión de la RAF deja caer accidentalmente una bomba sobre el pueblo. Al llegar a casa, su mujer le desmonta la excusa que había preparado para justificar su escapada y lo somete a un duro interrogatorio para que confiese que ha estado viéndose con una amante. Él admitirá falsamente la acusación, sin albergar esperanza alguna de hacerle entender ni la situación espiritual en que se halla ni el fracaso de la escapada. Tendrá que reintegrarse, mansamente, en la vida ordinaria.
La de Bowling es, por tanto, una aventura con pocos acontecimientos, como lo es la vida del común de los mortales. Ahora bien, su crisis personal es, de hecho, universal. A partir de cierta edad, cualquiera experimenta la frustración de haber deseado el bien, de haber aspirado a una buena vida, de haber buscado la belleza o la justicia, y de haber fracasado. La frustración de George Bowling, además, tiene mucho que ver con la llegada de la vida moderna, en particular de la inestabilidad espiritual derivada de vivir en una sociedad en incesante movimiento, en la cual las innovaciones tecnológicas y los cambios culturales acelerados nos hurtan la serenidad que nos permite crecer como personas. La presión por el éxito, por competir, por no quedar desplazados, contribuye también a la inestabilidad personal. El resultado es una sorda, pero perenne sensación de agotamiento: la sensación de que no hay donde subir a coger aire.
¿Coincide el diagnóstico orwelliano de las condiciones espirituales de la vida moderna con el diagnóstico de los filósofos actuales? Creemos que sí. Pero para responder a la pregunta, tendremos que conseguir comparar los pasajes más relevantes de la novela con los análisis llevados a cabo por algunos críticos de la cultura contemporánea. Los paralelismos que estableceremos en la primera parte del trabajo entre las obras de Byung-Chul Han —y, más incidentalmente, otros autores— y la obra de Orwell resultarán, esperemos, de lo más elocuentes. Si concluimos la operación con éxito, podremos considerar probado que Subir a por aire tiene cosas relevantes que decir a nuestros contemporáneos, y que Orwell, a quien siempre se le ha atribuido cierto don profético, dio en el blanco con esta novela.
Es menester, con todo, llevar el estudio de Orwell un poco más allá. Y es que George Orwell vivió y escribió en una época especialmente tumultuosa. Los hombres y las mujeres que vivieron durante la década de los treinta del siglo pasado hubieron de hacer frente a tal acumulación de incertezas que cuesta ponderar su alcance. Por un lado, la década arrancaba con una crisis económica inaudita: el famoso crac del 29, que supuso un engrosamiento del número de desempleados nunca antes visto. Hubo, por consiguiente, una crisis política internacional de enormes proporciones: el surgimiento del nazismo en Alemania, del fascismo en Italia, la consolidación y el avance de un régimen comunista en la URSS; es decir, el autoritarismo se presentaba como la única solución a los problemas económicos, y parecía que solo en Inglaterra la democracia hubiera de resistir el embate. Una nueva guerra parecía inevitable, y la guerra civil española podía considerarse una suerte de ensayo general. En el ámbito cultural, todo estaba cambiando: aparecían nuevas formas artísticas de vanguardia, se producía una crisis en el cristianismo tradicional y aparecían nuevas propuestas filosóficas llamadas a sustituirlo, desde el existencialismo más radical hasta la utopía socialista. Era como si las élites culturales y políticas de Europa se hubieran propuesto repensarlo todo.
No únicamente Subir a por aire pertenece a este contexto, sino toda la obra de Orwell (y, en realidad, toda la obra de los intelectuales, artistas, políticos, periodistas y escritores de la época). Se trataba de repensar el humanismo. La vieja pregunta por el hombre, sobre qué se supone que ha de hacer el hombre con su vida, sobre qué le es posible esperar, ocupaba de nuevo un lugar destacado. Y, en este sentido, como veremos, había no pocos humanismos en liza. ¿Cuál era, en concreto, la propuesta de Orwell? El análisis de Subir a por aire será nuestro punto de partida. Como decíamos, si podemos demostrar que la novela resulta relevante en una época como la nuestra, también será relevante el humanismo que se puede deducir de la obra orwelliana en su conjunto.
El mundo no se ha detenido desde que Orwell concluyera prematuramente su obra (murió de tuberculosis a los cuarenta y siete años). En estas primeras décadas del siglo XXI aún necesitamos un humanismo válido. Las personas todavía aspiramos, como Bowling, a algo más que a ir tirando. Hoy, además, tenemos nuestras propias incertidumbres. Ya no se trata, quizá, de la llegada inminente de una tercera guerra mundial, como los hombres del siglo XX temieron durante la segunda mitad de siglo. Nuestras incertidumbres provienen más bien de un desarrollo tecnológico tan acelerado que nos lleva a temer de nuevo por la mera existencia como especie. Junto con el problema ecológico, hemos de enfrentarnos a la perspectiva de que la tecnología pueda transformar completamente al hombre. ¿Tendrá el humanismo de Orwell algo que decir respecto del actual transhumanismo, por ejemplo? Creemos que sí. De hecho, si logramos pensar una propuesta válida ante estos nuevos retos será justamente porque habremos oído la voz del escritor. ¿Merece la pena escucharla? ¿Acaso no sabemos nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, más que él? Desde luego. Precisamente lo que hoy sabemos es lo que nos enseña la obra completa de Orwell, analizada e interpretada, y desde ella intentaremos construir nuestra propuesta. Lo que pretendemos, por tanto, es describir el humanismo de Orwell y reflexionar sobre cómo puede contribuir hoy a pensar la condición humana.
Este libro empezará, pues, con un primer apartado explicativo de los paralelismos entre las condiciones sociales y espirituales que Orwell atribuyó al protagonista de Subir a por aire para mostrar hasta qué punto esta novela retrata, sin quererlo, la condición del hombre corriente de hoy (capítulo 1). La segunda parte estará dedicada a estudiar la figura de Orwell, en particular su biografía y sus influencias literarias, así como a repensar lo más importante de su obra (capítulo 2): un paso imprescindible para comprender mejor su particular humanismo, que expondremos en la tercera parte (capítulos 3, 4 y 5). Precisamente al final de la tercera parte presentaremos algunas reflexiones sobre cómo debería ser un humanismo válido en el presente: aquello que George Orwell le podría decir hoy a usted.

Oriol Quintana (Barcelona, 1974) es doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra y profesor de la Cátedra de Ética y Pensamiento Cristiano de IQS (Universidad Ramon Llull). Cuenta con una larga experiencia en el mundo de la enseñanza. Sus libros configuran una filosofía inconformista y crítica, no solo ante el productivismo del modelo tecnocrático de nuestra sociedad, sino frente a esas filosofías espiritualistas que, en un intento por compensarla, acaban usando la misma mentalidad. Es autor de los ensayos Cent preguntes filosòfiques (2017), La pereza (2019), Vostè i George Orwell (2019), con el que ganó el XXVI Premio Joan Maragall de ensayo, y de Filosofía para una vida peor. Breviario del pesimismo filosófico del siglo XX (Punto de Vista Editores, 2016, 2021).

Introducción
1. La relevancia de la obra orwelliana en el siglo XXI
Orwell como escritor inmunológico
Subir a por aire, una novela posinmunológica
Paralelismos
Las estrategias del hombre corriente ayer y hoy

2. La génesis del humanismo de Orwell
George Orwell, un hombre poco común
George Bowling, el modelo del hombre corriente
George Bowling como sujeto revolucionario
Hacia un humanismo: los referentes literarios de Orwell
Subir a por aire, el final de un camino

3. El humanismo de condición media
Definición funcional de humanismo
Humanismo de condición media y trascendencia
Objeciones al humanismo liberal
El humanismo de condición media y el juicio negativo sobre el hombre
El humanismo de condición media: un intento de salvar la condición del hombre corriente

4. El humanismo de Orwell y las necesidades humanas
Las necesidades de seguridad y de riesgo
La necesidad de realidad: recuperar las cosas y el tiempo
La necesidad de reconocimiento: igualdad y jerarquía
La necesidad de belleza: «the sense of wonder»

5. El humanismo de condición media en el proyecto político de George Orwell
Una política para salvar al hombre corriente
Una política para el reconocimiento
Una política por la verdad
Una política por el arraigo

Conclusiones. George Orwell y la condición del hombre corriente
Bibliografía

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