(Preventa) Historia y ficción. Conversaciones con Javier Cercas | Punto de Vista Editores
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(Preventa) Historia y ficción. Conversaciones con Javier Cercas

Dimensiones: 13,5×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-69-3
Nº de páginas: 292


Nota: Gastos de envío gratuitos solo para España.

19,90 

Imaginemos la escena. Estamos ante una obra de creación. Puede ser una novela, un cuadro o una película. Estamos ante una pieza artística y la hemos disfrutado sin tener que preguntarnos necesariamente por los mecanismos o artificios que producen ese efecto. Nos procura placer, nos conmueve e incluso nos obliga a reflexionar o a interrogarnos sobre nosotros mismos. Pero el disfrute es aún mayor si además averiguamos cómo funciona esa pieza, si descubrimos mediante qué artificios el autor la ha elaborado.

El objetivo de este ensayo es, en primer lugar, disfrutar de las obras de Javier Cercas. En segundo término, preguntarnos por qué esas novelas y sus personajes recrean un mundo y unos seres cuyas vidas se desarrollan en el mismo plano que las nuestras. En tercer lugar, analizar las obras, las figuras y las acciones para trascender el disfrute particular y preguntarnos por qué tantos lectores se han sentido próximos a las novelas de Cercas.

Uno

El misterio del destornillador
Yo ensayo
Historia y extrañamiento
Nuestras guerras
Javier Cercas

Dos

El temple heroico
Un individuo moralmente digno
La lucha por el significado

Tres

Para qué leer estas novelas
La ficción que todo lo invade
¿Quiénes leen?
La aventura

Cuatro

La paz de los libros
Cercas portátil
Yo no soy ese que tú te imaginas
Retrato del artista impotente

Cinco

Conversación con Javier Cercas
Epílogo
Juegos de paciencia
Echoes
¿Y tú dices ser original?

Seis

Gente corriente
Las pequeñas virtudes
La historia minúscula
Pruebas y posibilidades
Personajes en busca de autor

Siete

El prostíbulo de Arganzuela
Lo que dijo Espada
Lo que dijo Cercas

Ocho

Vida de este chico
El impostor verosímil Enric Marco
Conversación con Javier Cercas

Nueve

Presencias reales
¿El historiador enajenado?
El timbre de Sergio Zamora
Hasta siempre
Cuando despierte
Leo y dejo de leer

Agradecimientos

Bibliografía

Uno

El misterio del destornillador

Imaginemos la escena. Estamos ante una obra de creación. Puede ser una novela o una pieza escultórica. Puede ser un cuadro o un film. Estamos ante una pieza artística y la hemos disfrutado. Aún la estamos disfrutando. Tenemos experiencia previa, no necesariamente peritajes técnicos o eruditos que permitan desentrañarla. La disfrutamos, así, sin más. Nos procura placer, nos conmueve e incluso nos obliga a reflexionar o interrogarnos sobre nosotros mismos. Que todo eso pueda provocárnoslo esta novela o aquella película es algo prodigioso. Podríamos decirlo si el calificativo no fuera hiperbólico. Es todo más sencillo: la disfrutamos sin tener que preguntarnos necesariamente por los mecanismos o artificios que producen ese efecto.
Pero el disfrute es mayor si además averiguamos cómo funciona esa pieza, si descubrimos mediante qué artificios el autor la ha elaborado. Por ejemplo, ¿acaso desentrañar una novela y sus mecanismos agosta el placer que nos procura el texto? No: la operación del lector crítico no reemplaza al escritor y su obra. Las habilidades y virtuosismos permanecen, ahora iluminados al menos parcialmente por el observador despierto o perito. Pero ese lector crítico coopera y completa lo que el autor ha hecho para su deleite y el nuestro.
Como indicaba Ricardo Gullón en Técnicas de Galdós (1970), «cuando se piensa en la novela desde la perspectiva del autor, lo esencial son los medios —las técnicas— de que este se ha servido para llevar a cabo la creación». Ahora bien, «no será posible realizarlo sin tener presente la existencia del lector». Al fin y a la postre, «importa saber cómo y por qué ese mundo —añade Gullón— le resulta accesible e interesante, hasta el punto de incitarle a identificarse». ¿Con quiénes? Con unas figuras reales o ficticias que acepta «como seres cuya vida se desarrolla en el mismo plano que la suya». Por ello, «el análisis de la novela debe explicar el mecanismo de tal identificación», una exigencia que no tiene por qué ser contradictoria con cierto estudio técnico.
Lo que me propongo hacer en este libro, el objetivo de este ensayo, queda dicho en los tres párrafos anteriores. En primer lugar, por supuesto, disfrutar de las obras de un autor, Javier Cercas, sin preguntarme de entrada por los mecanismos de producción de que se ha servido. En segundo término, preguntarme, ahora sí, por qué esas novelas y sus personajes crean o recrean un mundo y unos seres cuyas vidas se desarrollan en el mismo plano que la mía, por decirlo con Gullón. En tercer lugar, analizar esas obras, esas figuras y esas acciones para objetivar y trascender mi disfrute particular: para preguntarme, en fin, por qué tantos y tantos lectores como yo se han sentido próximos a las novelas de Cercas; para interrogarme por la cultura y el contexto que han hecho posibles ese éxito literario y esa comunidad intelectual o emocional a la que pertenezco.
Aclarado lo anterior, debería preguntarme cómo interpretar una obra de creación, de la índole que sea. Mi peritaje no es filológico, sino histórico y, como después se verá, me valgo de otras mañas. Ahora bien, en uno u otro caso, la pregunta permanece. ¿Cómo interpretar una obra? ¿Cuentan las intenciones del autor, las del artista, las del novelista? ¿O cuentan las del destinatario, las del lector, las del experto? ¿Todas las interpretaciones son posibles? ¿Hay algunas mejores que otras? Son muchas preguntas, quizá demasiadas.
Para ir aclarándome quiero introducir el asunto de la creación, el grave asunto de la creación, partiendo de lo que llamaré el misterio del destornillador. Lo hallé en una página de Umberto Eco y de él me sirvo como motivo y anécdota para empezar. Pensemos en esta herramienta que no parece encerrar misterio alguno. Pongámonos, sin embargo, soñadores. Un destornillador puede ser una obra de arte, podemos verlo como un logro de la habilidad humana. Y sin duda lo es. Al menos es un adminículo, un objeto fabricado, elaborado con pericia, incluso con mucho arte… ¿Para qué sirve? Su primera función es la de atornillar y desatornillar. ¿Qué cosa? Tornillos, ciertamente. Por supuesto, sirve también para otras funciones. Entre otras, para abrir la tapa claveteada de una caja de madera: para sacar clavos, en definitiva; para destapar. O sirve para quitar inmundicias que se han acumulado en un agujero o en una fisura. En el orificio del pabellón auditivo: no es recomendable utilizarlo para esto, pero podría hacerse, qué demonios. Aunque, en el colmo de la fantasía, el destornillador podría emplearse también para ser exhibido en una exposición. Para ser mostrado como objeto de la creatividad humana, como arte de mucho ingenio.
Imaginemos que un espectador de esa hipotética exposición ignorara para qué sirve principalmente un destornillador. Imaginemos que desconociera cuál es la función primaria de dicha herramienta. Podría tomársela exclusivamente como una pieza artística, digna de ser exhibida. Ese espectador estaría haciendo una interpretación. ¿Admitiríamos que es correcta, plausible o equivalente a cualquier otra interpretación? Umberto Eco se planteó, entre otros, el misterio del destornillador y, con este, otros casos de semejante índole. ¿Para qué? Para formularse la pregunta acerca de las interpretaciones y las funciones de las obras, las aproximaciones plausibles. Para saber si acertamos o no cuando postulamos esta o aquella conjetura.
En este libro voy a hablar de obras de Javier Cercas, y voy a proponer hipótesis acerca de ellas. Voy a postular conjeturas y a fundamentar su validez. Voy a analizar ciertas obras de un autor tomándolas como herramientas, como útiles para la creación y como útiles del conocimiento. Cada obra puede ser interpretada como una herramienta en sí misma: es decir, como algo que funciona con determinados mecanismos que pueden ser observados. Pero cada obra puede ser empleada como una herramienta que sirve para conocer y desmontar lo externo, lo ajeno, lo que está cercano o lo que resulta lejano: el presente y el pasado. En este ensayo voy a hablar de funciones, interpretaciones y sobreinterpretaciones, de polémicas y de conversaciones. Comencemos, pues. ¿Por dónde empezar? Comencemos con la naturaleza misma de este libro, de esta herramienta llamada ensayo, el instrumento de un lector crítico, un historiador cultural.

Justo Serna (1959) es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia. En su dilatada trayectoria docente e investigadora se ha dedicado sobre todo a la historia social y cultural y a la historiografía. Entre sus obras destacamos Cómo se escribe la microhistoria (Cátedra, 2000), La historia cultural. Autores, obras, lugares (Akal, 2005, 2013), Los triunfos del burgués. Estampas valencianas del Ochocientos (Tirant Lo Blanc, 2011) y Microhistoria. Las narraciones de Carlo Ginzburg (Comares, 2019), todas ellas junto a Anaclet Pons. En el campo de la historia cultural es autor de Pasados ejemplares. Historia y narración en Antonio Muñoz Molina (Biblioteca Nueva, 2004), Héroes alfabéticos. Por qué hay que leer novelas (PUV, 2008), La imaginación histórica. Ensayos sobre novelistas españoles contemporáneos (Fundación Lara, 2012), Antonio Muñoz Molina. El tiempo en nuestras manos (Fórcola, 2014), Antonio Muñoz Molina. La letra pequeña (Sílex, 2016), Leer el mundo. Visión de Umberto Eco (La Huerta Grande, 2017) y El lector impenitente (Ipso ediciones, 2018). Además, en Punto de Vista Editores ha publicado Españoles, Franco ha muerto (2015), El pasado no existe. Ensayo sobre la Historia (2016), Todo es falso salvo alguna cosa. Observaciones sobre el mundo contemporáneo (2017), y junto a Alejandro Lillo Young Americans. La cultura del rock (1951-1965) (2014) y Más acá hay monstruos. Historia cultural (2015).

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Ficha del libro: Descargar

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