Historia cultural de la medicina. Vol. 3. Medicina renacentista | Punto de Vista Editores
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Historia cultural de la medicina. Vol. 3. Medicina renacentista

Dimensiones: 15×24 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-18322-67-9
Nº de páginas: 496

Esta obra ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura y Deporte

29,90 

La historia cultural de la medicina permite comprender los actuales problemas científicos y sociales, convirtiéndose en un poderoso instrumento para la superación de la crisis cultural de nuestros días. Por ello, aprender de la historia de la medicina es fundamental para cualquier persona interesada en el devenir de la humanidad.

Orlando Mejía Rivera abandona el oscurantismo medieval para adentrarse en una etapa donde prima el rechazo a los valores y las creencias de la Edad Media mientras aparece una nueva forma de ver el mundo y al ser humano.

En este tercer volumen, la medicina del Renacimiento se comprende a partir de la manifestación cultural de la individualidad, la novedad y la mutación de la naturaleza. Se favorece la aparición de la historia clínica moderna y se cuestionan los principios biológicos aristotélicos y de los dogmas galénicos; así como se promueve el desarrollo, entre otros, de la anatomía de Vesalio, la fisiología de Fernel y Cesalpino, la nosología de Fracastoro, la fisiopatología y terapéutica de Paracelso, y la nueva cirugía de Pare.

«La medicina es ciencia, técnica y arte, el insustituible arte de la relación médico-enfermo. Y su historia, un capítulo imprescindible para comprender la historia de la humanidad».
José Manuel Sánchez Ron, historiador de la ciencia y académico de la Real Academia Española

«Con la erudición de un Pedro Laín Entralgo (La medicina hipocrática) y las buenas dosis de amenidad divulgativa de Jürgen Thorwald (El siglo de los cirujanos)».
El Cultural

«[La historia de la Medicina de Orlando Mejía] destila un profundo humanismo y amor a la cultura clásica».
Javier Jiménez, editor de Fórcola

Nota del autor
1. Introducción
La valoración científica de los textos herméticos
La antigüedad de las enseñanzas herméticas
Ideas específicas de la tradición hermética introducidas en el paradigma científico del Renacimiento

2. La nueva anatomía
3. La anatomía prevesaliana
4. Gabriele Zerbi
5. Alessandro Benedetti
6. Jacobo Berengario de Carpi
Otros anatomistas y obras prevesalianas
Alessandro Achillini (1463-1512)
Gianbattista Cannano (1515-1579)
Niccolò Massa (1485-1569)
Jacques Dubois (Sylvius) (1478-1555)
Charles Estienne (Étienne o Stephanus) (1503-1564)
Andrés Laguna (1490-1560)
Johan Guenther de Andernach (1505-1574)
Johannes Dryander (1500-1560)
Thomas Vicary (1490-1561)

7. Leonardo da Vinci y el arte de la anatomía
La anatomía al servicio de la pintura
La anatomía para explicar y sustentar las técnicas de la pintura
La anatomía para conocer la estructura y el funcionamiento del cuerpo humano
Artistas renacentistas que también tuvieron relación con las disecciones anatómicas humanas
Paolo Uccello (1397-1475)
Donatello (1386-1466)
Antonio Pollaiouli (1429-1498)
Alberto Durero (1471-1528)
Rafael (1483-1520)
Miguel Ángel Buonarroti (1475-1569)

8. Andrés Vesalio y la reforma de la investigación anatómica
9. De Humani Corporis Fabrica
10. Nicolás Copérnico y la práctica clínica
11. Anatomistas posvesalianos
12. Realdo Colombo
13. Gabriel Falopio
14. Juan Valverde
Otros anatomistas y obras posvesalianas
Bartolomeo Eustaccio (1510-1574)
Girolamo Fabrizi da Acquapendente (1533-1619)
Giulio Cesare Aranzio (1530-1589)
Felix Platter (1536-1614)
Luis Collado (1520-1589)
Gaspare Aselli (1585-1625)

15. Alberto Durero: de la mirada semiológica al simbolismo humoral
16. La nueva fisiología
17. Jean Fernel
18. Miguel Servet
19. Las discusiones ante la circulación menor o pulmonar
20. Antonio Benivieni y el nacimiento de la anatomía patológica
21. La nueva clínica
22. Girolamo Fracastoro y la teoría del contagio
23. Girolamo Cardano y un nuevo hipocratismo
24. Paracelso y los revulsivos de la medicina
Ediciones renacentistas de Hipócrates, Celso y Galeno
25. Luigi Cornaro y el arte de envejecer sano
26. François Rabelais y la terapia de las carcajadas
La materia médica renacentista (tratados, herbarios, jardines botánicos)
27. La nueva cirugía
28. Cirujanos, barberos e incisores
29. Las disputas del «pus laudabile» en las heridas y las lesiones «envenenadas» por arma de fuego
30. Ambroise Paré y la revolución quirúrgica
31. Dionisio Daza Chacón
32. Gaspar Tagliacozzi y la cirugía reconstructiva
33. La nueva obstetricia
34. Enfermedades epidémicas renacentistas
La enfermedad del sudor inglés
Fiebre lenticular o tabardillo
El garrotillo
35. El mal francés (sífilis)
Bibliografía
Índice onomástico

1. Introducción

El principal acontecimiento que separa el período que llamamos Renacimiento de la Edad Media fue la invención de la imprenta.
George Sarton, The Apreciation of Ancient and Medieval Science During the Renaissance 1450-1600 (1953)

Desde que Michelet, en 1855, y Burckhardt (1942), en 1859, dieron el nombre de «Renacimiento» a esa época de transición cultural de Europa que se inició en la mitad del siglo XV y continuó hasta el siglo XVI, se asumió esta etapa histórica como el resultado de una actitud de rechazo absoluto a los valores y creencias de la Edad Media. Frente al oscurantismo medieval se habló de la luminosidad del Renacimiento, expresada en algunas antinomias que se volvieron dogmas de fe para los historiadores del siglo XIX: irracionalidad religiosa versus racionalidad científica; colectividad humana versus individualidad del hombre; ignorancia de la cultura clásica (griega y romana) versus descubrimiento del pensamiento clásico; negación del mundo versus afirmación del mundo; sociedad de «Dios» versus secularización de la sociedad; aristotelismo versus antiaristotelismo; magia versus ilustración, entre otros.
En realidad, hoy es sabido que en buena parte el desarrollo del Renacimiento se debió a la continuidad de ideas y movimientos culturales que nacieron en la sociedad medieval y, a la vez, el espíritu mágico-religioso de la Edad Media sobrevivió en el Renacimiento adoptando otros sistemas de creencias y de símbolos. La revaloración del sincretismo cultural que gestó la revolución científica de los siglos XVII y XVIII solo es posible si se supera el esquema lineal de la historia, en el que la ideología del progreso ascendente y continuo de la humanidad se ha convertido en un mito incontrovertible.
Lo anterior no significa que se pretenda negar el concepto de «progreso» en la esfera del conocimiento científico, pero sí mostrar que ese mismo concepto extrapolado a la cultura produce un reduccionismo ingenuo en la concepción de la historia de Occidente. De la visión progresista de la historia que cataloga el Renacimiento como superior a la Edad Media, y a la Ilustración como superior al Renacimiento, existen otras miradas históricas que asumen la complejidad de cada época y la multidimensionalidad de sus creencias y búsquedas de sentido.
En este contexto lo científico-racional, lo mítico-mágico, lo religioso-trascendental y lo ético-estético son tendencias simultáneas en las sociedades humanas que se expresan mediante sistemas de pensamiento diferentes, pero que se encuentran en todas las épocas de la historia. Por lo tanto, no se puede hablar del progreso de la razón a costa de la aniquilación de lo irracional, pues esto no es cierto y la misma historia así lo confirma.
En un punto intermedio entre las concepciones lineales de la historia (positivismo, marxismo) y los esquemas circulares cerrados (Spengler, Toynbee, la cultura hindú), se encuentra la propuesta histórica-sociológica de Pitirim Sorokin, quien considera que se pueden identificar tres sistemas de valores en todas las épocas de Occidente, en donde a veces predomina uno de esos valores sobre los otros, pero todos se encuentran presentes. Sorokin denomina a estos tres sistemas con los nombres de «sensato», «ideacional» e «idealista» (Sorokin, 1957; Capra, 1987).
En el sistema «sensato», predomina la idea de que la realidad es exclusivamente material y que los fenómenos espirituales solo son productos de la imaginación humana y el conocimiento se logra por la razón. El sistema «ideacional» se caracteriza por situar la auténtica realidad en lo espiritual y se considera a lo material como inferior a lo espiritual, y el conocimiento se obtiene mediante una experiencia interior y mística. El sistema «idealista» se caracteriza por una síntesis armoniosa de los anteriores sistemas, donde la realidad tiene elementos visibles e invisibles, materiales y espirituales, racionales e intuitivos.
El ejemplo típico de un sistema «idealista» es, para Sorokin, la época del Renacimiento, donde de manera simultánea y equilibrada se desarrollaron una visión «materialista» y una «espiritualista» que se complementaban, y que explican la aparente contradicción de los hombres y los proyectos renacentistas. Con este marco conceptual, pasaré a analizar la transformación científica del Renacimiento.
Dos imágenes del mundo nacen en el Renacimiento y explican las tendencias incipientes de la revolución científica:

  • El mundo como macrocosmos y el ser humano como microcosmos. Proveniente de las fuentes herméticas, de la cábala judía, de la alquimia, del neoplatonismo, de Plotino. Se conforma un paradigma animista del universo. La expresión más elaborada de esta imagen se encuentra en Giordano Bruno y en Paracelso.
  • El mundo como un mecanismo de formas geométricas. Proveniente del predominio de lo platónico sobre lo aristotélico, de Nicolás de Cusa y Leonardo da Vinci. Comienza a germinar el paradigma mecanicista del universo que luego impulsarán Galileo, Bacon, Kepler, hasta llegar a Descartes y Newton.

Pero la característica cultural de síntesis armónica del Renacimiento permitió que las dos imágenes del mundo se interrelacionaran en el plano de la significación humana: todo conocimiento es, en el fondo, expresión de la unidad divina (lo divino como «el dios panteísta» de los herméticos, «el Cristo platonizado» de Petrarca y los humanistas, «el Dios matemático» de Descartes), y el papel del ser humano es el de darle sentido a la creación de Dios por medio del desarrollo de la totalidad de sus potencialidades racionales y espirituales.
De allí que los científicos y filósofos renacentistas no contraponen el pensamiento racional al sentimiento religioso o a la intuición mágica. Ficino traduce a Platón y a Hermes Trismegisto, Pico de la Mirandola une a Cristo con la magia y la cábala: «Nulla est scientia quae magis nos certificet de Divinitate Christi quam Magia et Cabala» («Ninguna ciencia existe que nos confirme más la divinidad de Cristo que la magia y la cábala») (Mirandola, 2014: 281). Paracelso realiza los primeros experimentos químicos con la orina de los diabéticos y a la vez busca el elixir universal. De esta actitud nace una antropología renacentista: el ser humano es capaz de convertirse en cualquier cosa o ser, tiene la libertad para descubrir el movimiento de los astros o la inmortalidad del cuerpo mediante el opus nigrum de la alquimia. Incluso, puede llegar a ser Dios.
Discurso sobre la dignidad del hombre, de Pico de la Mirandola, sintetiza esta mirada antropológica cuando le hace decir a Dios:

No te hemos dado sede, figura, ni oficio específico, Primer Hombre, para que así puedas, cualquiera sea tu figura, oficio o lugar, por tu decisión y elección, escoger lo que deseas. La naturaleza de las demás criaturas está circunscrita y definida dentro de las nobles leyes que hemos sentado. Tú, al contrario, no tienes coerción de ninguna ley y por el arbitrio que reside en tus manos, defines tu futuro. Te hemos colocado en medio del mundo para que desde allí divises, sin problemas, cuanto este contiene. No te hemos hecho terrestre ni celeste, mortal ni inmortal; de tal forma que tú, como juez y dueño de tu propio ser, puedas hacerte a tu imagen y semejanza. Estará en tu potestad descender a las viles formas de la vida; estará en tu potestad, de igual manera, ascender de nuevo a las órdenes donde la vida es divina. (Mirandola, 2002: 43)

Orlando Mejía Rivera (Bogotá, 1961) es médico especialista en Medicina Interna e historiador de la medicina. Profesor titular de Humanidades Médicas y Medicina Interna en la Universidad de Caldas (Colombia), ha publicado más de veinte libros en los géneros de novela, cuento y ensayo. Algunas de sus obras son En el jardín de Mendel. Bioética, genética humana y sociedad (2010), La biblioteca del dragón y otros ensayos literarios (2012), Dante Alighieri y la medicina (Punto de Vista Editores, 2019) y El enfermo de Abisinia (Punto de Vista Editores, 2019). Ha sido ganador de diversas distinciones como el Premio Nacional de novela del Ministerio de Cultura de Colombia (1998) con Pensamientos de guerra, el Premio Nacional de Ensayo literario Ciudad de Bogotá (1999) con De clones, ciborgs y sirenas y el Premio Nacional de la Cámara Colombiana del Libro en la categoría «Mejor libro técnico y científico» (1999) con De la prehistoria a la medicina egipcia. Ha sido traducido al alemán, italiano, francés, húngaro y bengalí.

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