Historia cultural de la medicina. Vol. 1. Medicina arcaica | Punto de Vista Editores
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Historia cultural de la medicina. Vol. 1. Medicina arcaica

Dimensiones: 15×24 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-18322-63-1
Nº de páginas: 520

29,90 

La historia cultural de la medicina permite comprender los actuales problemas científicos y sociales, convirtiéndose en un poderoso instrumento para la superación de la crisis cultural de nuestros días. Por ello, aprender de la historia de la medicina es fundamental para cualquier persona interesada en el devenir de la humanidad.

Orlando Mejía Rivera inicia su particular historia cultural desde la medicina prehistórica, mágica, chamánica, empírica natural y la de los pueblos mesopotámicos hasta llegar a la medicina del antiguo Egipto.

En este primer volumen incorpora los descubrimientos paleopatológicos más recientes, que son de gran significado para cualquier interesado en el origen de las enfermedades infecciosas, metabólicas y del cáncer. Gracias a los descubrimientos genómicos de la tuberculosis, la lepra y la sífilis prehistórica se han derrumbado longevas teorías científicas que se creyeron indiscutibles.

«La medicina es ciencia, técnica y arte, el insustituible arte de la relación médico-enfermo. Y su historia, un capítulo imprescindible para comprender la historia de la humanidad».
José Manuel Sánchez Ron, historiador de la ciencia y académico de la Real Academia Española

«Con la erudición de un Pedro Laín Entralgo (La medicina hipocrática) y las buenas dosis de amenidad divulgativa de Jürgen Thorwald (El siglo de los cirujanos)».
El Cultural

«[La historia de la Medicina de Orlando Mejía] destila un profundo humanismo y amor a la cultura clásica».
Javier Jiménez, editor de Fórcola

Nota a la presente edición
Prefacio

Introducción
1. La historia de la medicina en tiempos de crisis
2. La historiografía médica
3. La historia de la medicina como historia epistemológica y social
4. La propuesta de una Historia de la medicina
I. Medicina prehistórica y paleopatología
5. El origen del hombre y los hallazgos fósiles
6. Las teorías de la evolución humana, el desarrollo del bipedismo y la capacidad cerebral
7. Definición, fuentes y técnicas de la paleopatología
8. El Homo habilis, el Homo erectus y el Homo de Neandertal
9. Ritos fúnebres y religiosos
10. Condiciones de salud y enfermedad
11. Prácticas médicas incipientes
12. El Homo sapiens sapiens: del hombre de Cromañón al hombre del Neolítico
13. El arte prehistórico y la medicina
14. Los ritos fúnebres y religiosos del Homo sapiens
15. Condiciones de salud y enfermedad del Homo sapiens
16. Prácticas médicas y quirúrgicas en el Neolítico
17. Los hallazgos paleopatológicos y genómicos en la prehistoria

II. Medicina mágica, chamanismo y medicina empírica natural
18. Fundamentos etnológicos y científicos del pensamiento mágico
19. Las creencias ante la muerte humana
20. El chamanismo y sus técnicas de curación
21. Medicina mágica no chamánica y medicina empírica-natural

III. La medicina en los pueblos mesopotámicos. Las expediciones de Gilgamesh
22. Las culturas de Mesopotamia
23. Aspectos socioculturales y religiosos
24. Las creencias ante la muerte y el más allá
25. Arte y medicina
26. Las concepciones ante la salud y la enfermedad
27. La patología
28. Médicos y enfermos
29. Los textos
30. Anatomía, fisiología y formas de diagnóstico y pronóstico
31. La terapéutica
32. El código de Hammurabi y los principios ético-legales de la relación médico-paciente
33. Conclusión

IV. La medicina en el antiguo Egipto. Las sabidurías de Thot
34. Fundamentos históricos
35. Costumbres socioculturales
36. La religión, las creencias ante la muerte y el más allá, y sus influencias en la medicina
37. Cartografías ultraterrenas
38. La multiplicidad de los cuerpos
39. La técnica del embalsamamiento y los ritos funerarios
40. El Libro de los muertos
41. Concepciones ante la salud y la enfermedad
42. La patología
43. La paleopatología de las momias
44. Arte y patología
45. Patologías identificadas en los textos de los papiros médicos
46. Médicos y enfermos
47. Los textos
48. Papiro de Ebers
49. Papiro de Edwin Smith
50. Papiros de Kahun, Hearst, Berlín, Chester-Beatty N.º VI, Londres, Calsberg N.º VIII, Ramesseum, Leyden y Turín
51. Anatomía y Fisiopatología
52. Semiología clínica
53. Ginecología, obstetricia y neonatología
54. Cirugía y ortopedia
55. La terapéutica
56. Conclusión

Bibliografía
Índice onomástico

1. La historia de la medicina en tiempos de crisis
A comienzos del nuevo milenio la llamada modernidad occidental vive con un sentimiento paradójico y turbador: siente cómo más que nunca es capaz de dominar todos los secretos de la naturaleza, con el instrumento poderoso de la ciencia y de la tecnología, pero, a la vez, ha comenzado a dejar de creer en los beneficios que para la especie humana puede llegar a tener este imperio tecnológico.
Las épocas de crisis se caracterizan por la incertidumbre ante el sentido individual y colectivo de la vida, por la falta de creencias y por la incomprensión ante lo que nos rodea. Lejanos están los tiempos cuando los filósofos de la ilustración, del siglo xviii europeo, pensaron con optimismo en una sociedad futura donde la racionalidad y la ciencia construirían un paraíso humanista en la tierra.
Ahora, desde las mismas academias europeas, se escuchan las voces que hablan de la muerte del hombre, del fracaso de la modernidad, de la era del vacío, de la locura de la racionalidad, del totalitarismo de la imagen y de la máquina. En un mundo que se ha convertido en un solo pueblo desde el punto de vista del poder de la información, pero que continua estimulando los odios hacia todo lo que se perciba como diferente.
Desde los años sesenta, del siglo xx, la ideología del progreso comienza a no ser creíble en las minorías intelectuales de la ciencia, la filosofía y la educación. Los escritores de ficción nos recuerdan, desde Kafka y Joyce, que el hombre moderno es un cadáver vital en proceso de putrefacción y ha perdido su esencia humana en los laberintos infinitos de las formas. Si Nietzsche anunció la «muerte de Dios» en el siglo xix, pensadores como Foucault anunciaron en el siglo xx la «muerte del hombre». Sartre y Camus redescubrieron para la civilización de Occidente que la Nada devoraba al ente y al ser.
Este sentimiento de descreimiento en los intelectuales y los artistas, ante los fundamentos filosóficos e ideológicos de la modernidad, se ha proyectado hacia la cultura colectiva como un movimiento que rechaza los valores racionalizantes, economicistas y tecnocráticos del discurso oficial de los políticos y de los expertos. La sociedad vuelve a sumergirse en los ideales románticos de la sabiduría de la naturaleza o en las fuerzas arcaicas de la magia y la astrología.
Este retorno a lo mítico-mágico busca, en parte, recuperar el espíritu pagano que la religión escolástica judeocristiana arrasó en la Edad Media. A través de la sangre y el fuego, al convertir a las mujeres hermosas y lascivas en brujas demoníacas. A los ritos paganos de la fertilidad de la tierra, que transformaban las orgías sexuales colectivas en un canto de agradecimiento a la vida, en otros ritos erotófobos y reprimidos donde el cuerpo y la risa pasaron a representar los símbolos del mal.
No es gratuito que el psiquiatra Carl Gustav Jung se haya encontrado con que los sueños de sus pacientes europeos y norteamericanos, analizados entre los años veinte y cincuenta, eran sueños con simbolismos y enigmas que correspondían a las búsquedas espirituales de los alquimistas y los intelectuales de la Edad Media y el Renacimiento.
Parece que en el inconsciente colectivo de la humanidad no existe el tiempo ni el espacio, por lo tanto no existe la historia. Por ello, los impulsos arquetípicos que no son resueltos en un momento dado, retornan a la conciencia de los hombres con distintos lenguajes y representaciones. Si bien esta hipótesis es atrevida e incompleta, contribuye, en parte, a tratar de explicar estos tiempos que algunos han llamado como «posmodernidad» y otros, más cáusticos, como «la nueva Edad Media».
No obstante, al lado de estos signos de crisis cultural se encuentra la red de las verdades oficiales del sistema, que por medio de los discursos de «la productividad», la «globalización» de la economía, la «eficiencia total» de la vida humana, etcétera, tratan de hacer creer a las mayorías que vivimos en el mejor de los momentos históricos, en el que las estadísticas económicas y el desarrollo tecnológico son los símbolos del progreso infinito de la humanidad.
Esta ideología economicista que ha transformado simbólicamente al hombre, al mundo y al universo en objetos desechables de un supermercado gigantesco, incide en la nueva mentalidad de los hombres de ciencia, los cuales se afanan por descubrir una nueva sustancia superconductora, o establecer la estructura de un gen determinado, con el fin de patentar su descubrimiento y lograr ganancias económicas exorbitantes.
En esta época la investigación de casi todas las áreas del conocimiento es patrocinada por las multinacionales privadas, que invierten en el negocio de la venta de armas o en la producción de medicamentos con idéntica intencionalidad: para obtener rentabilidad a expensas de las necesidades reales o ficticias de las sociedades modernas.
Este pragmatismo compulsivo ha llevado a que la educación universitaria actual esté encaminada, de forma exclusiva, a preparar profesionales que sean competitivos en el mercado de la sociedad dejando a un lado los ideales de la Universitas medieval, que propugnaba por formar un estudiante que además de aprender un oficio, aprendiera a pensar y a buscar la sabiduría como meta suprema de la vida humana. De ahí la división que desde mediados del siglo XIX se estableció entre las llamadas áreas científicas y técnicas y las denominadas humanidades.
La crisis de la medicina contemporánea es el resultado de la crisis general de la civilización, de la crisis de las ciencias y, por supuesto, de la crisis de la universidad moderna. Incluso para algunos pensadores, como Iván Illich y Michel Foucault, la medicina científica representa el brazo ideológico de la tecnocracia y de allí su poder cultural. El cual ha medicalizado la vida social cotidiana mediante sus normas de higiene, salud y enfermedad que son, en el fondo, instrumentos de represión política contra todos aquellos que tratan de combatir el orden del sistema. Es la denominada «biopolítica» de Foucault.
En realidad la discusión sobre la medicalización de la vida moderna es más compleja de lo que los mismos Foucault e Illich pensaron, pues, en parte —así tengan razón en muchos de sus planteamientos— lo que hicieron fue utilizar la medicina como un «chivo expiatorio» de los males de la tecnocracia y realizaron un juicio implacable no a la medicina que existe, sino a la medicina que cada uno pudo imaginar desde su respectiva disciplina intelectual. Es decir, desde la filosofía y la teología; por tanto, desde fuera de los dominios científicos y emocionales de aquello que combatieron, sin conocer en su esencia teórica y práctica.
Lo anterior no significa que para discutir de manera critica los fundamentos ideológicos de la medicina haya que ser siempre un médico, pero sí es esencial que parte de la polémica en torno a la crisis y las fuerzas ideológicas de la medicina actual provenga de médicos que están viviendo de primera mano muchos de los problemas inherentes al ejercicio clínico.
Pero para que exista en los médicos esta capacidad de análisis de su profesión, es indispensable recuperar una formación humanista en la enseñanza de la medicina. Que prepare al médico para poder pensar sobre aquello que aprendió a hacer y no como está sucediendo en el último siglo, que solo sabe hacer técnicamente un oficio, sin tener claro por qué lo hace, para qué lo hace y si en un momento dado puede llegar a hacerlo de otra forma.
La concepción de la medicina como una tecnología del cuerpo convierte al médico en un artesano sofisticado que, incluso, puede llegar a hacer trasplantes experimentales de cerebro, pero no es capaz de reflexionar si a nivel ético, filosófico y social debe continuar perfeccionando esos trasplantes. Puede, incluso, inventar una técnica para conocer la intimidad del ADN y colaborar en el Proyecto Genoma Humano, pero se queda corto en los profundos alcances que para el futuro de la humanidad puede llegar a tener este descubrimiento.
El poder de la tecnología médica solo llegará a controlarse y a tener una dirección centrada en el ser humano si los médicos y científicos que realizan esta tecnología han sido formados también como humanistas y pensadores. De allí la importancia de cátedras como la Historia de la medicina, en estos tiempos de crisis, cuando somos capaces de construir cualquier cosa, pero no sabemos para qué.
La crisis de la medicina es una crisis de fundamentación social y epistemológica, y de la ausencia de un pensamiento reflexivo y crítico en los que somos médicos. De allí el predominio actual del lenguaje de los economistas y los discursos bobalicones de la «calidad total» en la salud y la concepción del paciente enfermo como «un cliente» o «usuario» del sistema sanitario. Frente a estos planteamientos superficiales y peligrosos, deben construirse alternativas sanitarias mucho más profundas, racionales y humanistas, que solo podrán salir de los que han interiorizado con su vivencia, el sentido de la medicina y la esencia de ser médico. Los costos de la atención en salud, la violencia médica institucional, las coberturas parciales de los sistemas sanitarios, la comprensión crítica del auge de las llamadas medicinas alternativas, los nuevos problemas científicos del sida y la multirresistencia bacteriana a los antibióticos, son todos problemas cuya complejidad ha superado la tubular visión bioquímica y molecular de los órganos enfermos.
Se requiere además de una comprensión social, ecológica, antropológica y epistemológica del hombre sano como enfermo, de la macrobiota y la microbiota, de los fundamentos ocultos de la práctica de la medicina. La reciente creación de «la medicina evolutiva» abre esperanzas a un mejor entendimiento de la salud y la enfermedad humana.
La Historia de la medicina es el núcleo de la reflexión humanista, del cual puede partir una comprensión más profunda de nuestros actuales problemas científicos y sociales. Por ello, la Historia de la medicina, en estos tiempos de crisis, se convierte en un poderoso instrumento conceptual para que los mismos médicos podamos colaborar en la superación de la crisis médica y de la crisis de la modernidad.

Orlando Mejía Rivera (Bogotá, 1961) es médico especialista en Medicina Interna e historiador de la medicina. Profesor titular de Humanidades Médicas y Medicina Interna en la Universidad de Caldas (Colombia), ha publicado más de veinte libros en los géneros de novela, cuento y ensayo. Algunas de sus obras son En el jardín de Mendel. Bioética, genética humana y sociedad (2010), La biblioteca del dragón y otros ensayos literarios (2012), Dante Alighieri y la medicina (Punto de Vista Editores, 2019) y El enfermo de Abisinia (Punto de Vista Editores, 2019). Ha sido ganador de diversas distinciones como el Premio Nacional de novela del Ministerio de Cultura de Colombia (1998) con Pensamientos de guerra, el Premio Nacional de Ensayo literario Ciudad de Bogotá (1999) con De clones, ciborgs y sirenas y el Premio Nacional de la Cámara Colombiana del Libro en la categoría «Mejor libro técnico y científico» (1999) con De la prehistoria a la medicina egipcia. Ha sido traducido al alemán, italiano, francés, húngaro y bengalí.

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