(FEBRERO 2021) Ensayos sobre la prosa | Punto de Vista Editores
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(FEBRERO 2021) Ensayos sobre la prosa

Dimensiones: 13,5×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-18322-28-0
Nº de páginas: 200

17,90 

Los tres ensayos, compilados por María Verónica Galfione, fueron escritos por Friedrich Schlegel entre 1797 y 1798, y forman parte del conjunto de su obra romántica. Estos textos se inscriben en el marco de un género que este filósofo alemán denominaba como «característica», refiriéndose a todo aquello «que describe con precisión, que diferencia a una cosa de todas las demás». Por lo tanto, en estos escritos se analiza la singularidad de las obras, aquello que las identifica y diferencia de otras, estableciéndose así una crítica artística y literaria. Schlegel buscaba, con esta «caracterización», que una obra identificara su «carácter», para lo cual debía abandonar los parámetros preconcebidos o las reglas para determinar su singularidad a partir del análisis minucioso de su propia configuración interna.
María Verónica Galfione reúne estos ensayos que, en particular, destacan por reivindicar el carácter fragmentario y reflexivo del arte moderno. Así, el primer trabajo tiene por objeto la obra prosaica de Lessing. El segundo trabajo está orientado a caracterizar la personalidad del polifacético y polémico naturalista y revolucionario alemán Georg Forster. Finalmente, el tercer trabajo se concentra en Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1795), novela publicada por Goethe y que, pese a convertirse posteriormente en un clásico, en su momento fue rechazada por gran parte de la intelectualidad alemana.

Estudio preliminar. La consumación de la poesía. Consideraciones a tres escritos de Friedrich Schlegel

Característica y crítica
La prosa moderna como clasicismo elocuente
Ensayos sobre la prosa

Ensayos sobre la prosa

1. Sobre Lessing
2. Georg Forster. Fragmento de una característica de un clásico alemán
3. Sobre el Meister de Goethe

Biliografía

Estudio preliminar. La consumación de la poesía. Consideraciones a tres escritos de Friedrich Schlegel

Característica y crítica

La Idea de la poesía es la prosa.
Walter Benjamin

Los tres ensayos que presentamos fueron escritos entre 1797 y 1798 y forman parte de la obra romántica de Friedrich Schlegel. Esta última se desarrolla entre 1797 y 1800 aproximadamente y es diferenciada por los intérpretes tanto del período de juventud, que se caracteriza por el trabajo filológico, como de las obras posteriores a la conversión de Schlegel al catolicismo (1808), en las cuales priman las pretensiones de carácter histórico-filosófico. A diferencia de la orientación organicista de las obras tardías y de la concentración en el arte antiguo, propia de los escritos juveniles, los ensayos y demás escritos del período romántico se destacan por reivindicar el carácter fragmentario y reflexivo del arte moderno.
Esto último puede advertirse ya en la elección de las personalidades y obras en torno a las cuales se articulan los presentes ensayos. Así, el primer trabajo, tiene por objeto la obra prosaica de Lessing y data del año 1797. Este ensayo apareció publicado en el Lyceum der schönen Künste, la nueva revista que comenzó a editar Johann Fr. Reichhardt a partir de 1797, cuando Deutschland fue clausurada por problemas con la censura. El segundo trabajo lleva por título «Georg Forster. Fragmento de una característica de un clásico alemán», y se encuentra orientado a caracterizar la personalidad de un polifacético y polémico naturalista y revolucionario alemán hoy prácticamente olvidado. Este escrito fue publicado en la misma revista de Reichhardt. El tercero de los escritos, finalmente, se concentra en Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, la novela que publicó Goethe en 1795 y que, pese a convertirse posteriormente en un clásico, en su momento fue rechazada por gran parte de la intelectualidad alemana. Este ensayo lleva el ambivalente título «Sobre el Meister de Goethe» y fue publicado en 1798 en el primer tomo de Athenäum, la revista que editaba Friedrich Schlegel junto con su hermano en la ciudad de Berlín.
Estos tres ensayos se inscriben en el marco de un género que Schlegel denominaba característica y que se hallaba estrechamente vinculado con su actividad como crítico literario. Este término era definido por un diccionario de la época como «la ciencia de juzgar correctamente el carácter de un hombre y sus acciones», mientras que este mismo diccionario identificaba como «característico» todo aquello «que describe con precisión, que diferencia a una cosa de todas las demás». Esta referencia a aquello que diferencia a la obra (o al personaje) caracterizada/o con respecto a las demás obras (o autores) da cuenta ya de la importancia del giro que se produce con Schlegel en lo que respecta a la concepción de la crítica artística y literaria. En la medida en que la «caracterización» de una obra aspiraba a identificar su «carácter», ella debía dejar de lado desde un comienzo los parámetros preconcebidos o las reglas de orden general para determinar la singularidad del objeto caracterizado a partir del análisis minucioso de su propia configuración interna.
La ruptura de los esquemas trasmitidos por la tradición y la inauguración de un tipo de relación verdaderamente moderno con las obras de arte contemporáneas hundía sus raíces en el proceso de temporalización de la experiencia que había tenido lugar durante el siglo xviii. En una primera instancia, este proceso había puesto en cuestión la ontología clásica a partir de la cual se había defendido el carácter mimético de la creación artística. Posteriormente, la temporalización de la experiencia tornó insostenible el postulado de la estabilidad de la naturaleza humana sobre la base del cual se habían desarrollado las estéticas psicológico-efectuales. En lo que respecta a la primera perspectiva, resulta ilustrativo el hecho de que, aún en el año 1751, Johann C. Gottsched hubiese podido atribuirle a la naturaleza «número, masa y medida» y fundamentar en ella el carácter bello de la producción artística. No obstante, se trataba de un caso excepcional, pues en Francia o en Inglaterra esta concepción ya había sido desplazada por una nueva perspectiva. Como decíamos, esta nueva tendencia, que fue denominada estética efectual, no renunciaba a la posibilidad de establecer parámetros para el enjuiciamiento estético, pero los derivaba de consideraciones relativas al modo en que los seres humanos se relacionaban con la experiencia sensible.
Como la mayoría de los jóvenes intelectuales de la época, Schlegel se hizo eco de la crisis en la que se encontraban los marcos interpretativos generales a partir de los cuales tanto la poética clasicista como la estética ilustrada de los efectos habían podido enjuiciar las diferentes manifestaciones literarias. Del carácter ya caduco de tales formas de considerar la creación artística da cuenta el tono burlesco con el cual el joven filósofo se refería a ellas en el marco de su caracterización de Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister. Según Schlegel una reseña escolar de esta obra «nos parecería siempre como aquel joven que fue a dar un paseo en el bosque con un libro bajo su brazo y ahuyentó a Philine con el cuco».
A diferencia de las perspectivas mencionadas, Schlegel consideraba que la crítica literaria no podía asumir criterios de carácter apriorístico. Desde su punto de vista, los criterios para el enjuiciamiento literario solo podían obtenerse a través del trabajo interpretativo que realizaba el crítico en cada caso en particular. En este sentido, Schlegel colocaba la singularidad de la obra de arte en el centro de su pensamiento y hacía de su propia lógica interna el punto de partida para la formulación de aquellas categorías que harían posible su enjuiciamiento estético. Como sostiene Schlegel, el juicio estético se hallaba subordinado a la comprensión de la peculiaridad del objeto analizado:

No hay nada más difícil que poder reconstruir, percibir y caracterizar hasta en su peculiaridad más fina de su totalidad el pensamiento de otro […] y sin embargo, solo se puede decir que se comprende una obra, un espíritu, cuando se puede reconstruir el curso y la articulación interna. Esta comprensión fundamental que, cuando debe ser expresa en palabras definitorias, se llama caracterizar, es el auténtico asunto y la esencia interna de la crítica.

Más aún, desde su perspectiva, el propio discurso teórico acerca de la producción artística resultaba dependiente del análisis pormenorizado de las obras de arte singulares. Probablemente por este motivo, Schlegel establecía la siguiente equivalencia en uno de sus fragmentos de 1797: «Deducción de las categorías críticas = filosofía de la caracterización».
De esta forma, con el desplazamiento de las estéticas normativas y la redefinición del concepto de crítica en términos inmanentes, se establecía una manera de entender el enjuiciamiento estético que, en términos generales, continuó estando vigente hasta mediados del siglo xx. Esto es algo que ya constataba Walter Benjamin en sus reflexiones acerca del pensamiento de Schlegel: «El principio cardinal de la actividad crítica posterior al romanticismo, la valoración de las obras según criterios inmanentes, ha sido obtenido en razón de las teorías románticas». No obstante, como el propio Benjamin advertía, la verdadera crítica no debía limitarse a reflejar algo que se encontraba objetivamente dado en la obra de arte, sino que debía buscar la tendencia o el ideal de esta última, aquel punto de fuga hacia el cual se orientaba la superación inmanente de su forma efectivamente dada. Esta concepción de la crítica hundía sus raíces en la interpretación alegórica de la obra de arte que defendía Schlegel. Según esta, la obra de arte auténtica se encontraba internamente fracturada y poseía una vitalidad que debía ser desplegada, antes que registrada, por medio de la actividad del crítico literario. «La esencia interna completa y la aspiración de una cosa, afirmaba Schlegel, se llama tendencia […]. La tendencia hace referencia a la esencia del objeto. La palabra tendencia ha sido elegida intencionalmente en lugar de la palabra esencia porque el término tendencia también contiene el concepto de una fuerza impulsora». De manera tal que la tarea del crítico consistía en reconstruir un texto de carácter infinito que, si bien se insinuaba como tendencia, no se hallaba disponible en ninguna representación de orden particular. El crítico debía potenciar, entonces, el movimiento autorreflexivo que tenía lugar en el interior de la obra de arte, con el fin de reflejarla en un nivel reflexivo superior y de hacer posible así el autoconocimiento de la misma.

Friedrich Schlegel (1772-1829) fue un filósofo, crítico literario e historiador alemán. Además, fue uno de los principales pensadores y fundadores del Romanticismo. En 1798, junto con su hermano August Schlegel, fundó la revista Athenäum, donde difundieron varias reseñas y artículos que contribuyeron a consolidar la estética romántica. Sus artículos, conferencias y ensayos han sido traducidos a diversos idiomas y recogidos en varias compilaciones. Entre sus obras publicadas se encuentran Sobre el estudio de la poesía griega (1797), Lucinda (1799), Alarcos (1802), Del idioma y la sabiduría de los indios (1808), Historia de la literatura antigua y moderna (1815), entre otras.

María Verónica Galfione es doctora en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba. Actualmente se desempeña como investigadora de Conicet, profesora en la Universidad Nacional del Litoral y en la Facultad de Ciencias de la Comunicación (UNC). Ha traducido La crítica al romanticismo, de Karl Heinz Bohrer, y publicado diversos libros y artículos vinculados a la estética y la filosofía moderna y contemporánea del arte. En la actualidad dirige proyectos interdisciplinares de investigación en la UNC (SeCyT/FonCyT) y en la UNL (CAID).

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