El sexo entre hombres. Más allá del tabú y de la cultura gay | Punto de Vista Editores
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El sexo entre hombres. Más allá del tabú y de la cultura gay

Dimensiones: 14×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-15930-88-4
Nº de páginas: 252

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16,90 

Este ensayo constituye un valiente alegato en favor de la diversidad y la superación de las categorías excluyentes en materia de sexualidad. El argumento de partida, para el autor, es la consideración de la etiqueta “comunidad Gay” como un elemento diferenciador y característico de una sociedad, aún muy marcada por la homofobia. Los homosexuales que hacen gala de una gran diversidad de formas y representaciones culturales, al igual que los heterosexuales, no deben ser considerados como una parte diferencial de esta, si no como parte de un mismo grupo social. Desde esta perspectiva términos como “cultura Gay” resultan discriminatorio y no representa a la totalidad de los homosexuales, si no a un cliché producido por la sociedad de consumo.

De esta forma, el autor preanuncia el fin de la homosexualidad en tanto etiqueta discriminatoria y la normalización de la ética social que volverá superflua toda clasificación sexual de las personas.

ESTE LIBRO
PRÓLOGO A LA NUEVA EDICIÓN CORREGIDA Y AUMENTADA
LO QUE ES Y LO QUE NO ES
El hecho y lo dicho
El sexo hablado
Siendo en la palabra
La identidad sexual
Una concepción restrictiva
SOY O ME LLAMAN
La idea de «homosexual»
Conducta e identidad
La radicalización del prejuicio
Ser algo que no existe
La «comunidad homosexual»
LOS ESTEREOTIPOS Y SUS PARADOJAS
El «ambiente» gay: gueto hegemónico
El a priori del afeminamiento
La «pluma»
Masculino-femenino
La de-generación
La paradoja del «tercer sexo»
LA RAZÓN CAUTIVA
¿Una etiología genérica?
La identificación con la madre
La familia patriarcal
La perversión imaginaria
El amor no tiene porqué
EL HORROR A LO HUMANO
Creced y multiplicaos
De la sexofobia a la sexopatía
Pero al principio fue el placer
Del apetito al asco
Homofobia y sistema social
EL SEXO AUTÓNOMO
Amor, sexo y promiscuidad
Pareja, fidelidad y exclusividad
Infidelidad, promiscuidad y celos
Autonomía, pluralidad y madurez sexual
La pareja abierta
LA SALIDA DEL ARMARIO
El armario
Advierto que soy homosexual
La superación del gueto
El club de hombres
Del gueto homosexual…
… al androceo
Una mutación institucional
EL OCASO DEL TABÚ
La crisis del procreacionismo
Obsolescencia del tabú
El gueto como mercado
Otra masculinidad
La liberación sexual
En síntesis…
NOTAS Y REFERENCIAS

El hecho y lo dicho

Prisioneros en una caverna y amarrados por el cuello, les es imposible girar la cabeza y mirar hacia el exterior; las sombras de lo que ocurre afuera se proyectan sobre el fondo de la cueva; aquellos desgraciados las confunden con la realidad y así, aún en su encierro, ellos creen saber del mundo. Con el mito de la caverna nuestros antepasados nos dejan, entre otras, esta advertencia: todo conocimiento verdadero comienza poniendo en crisis una creencia, o sea, cuestionando las imágenes con que espontáneamente pensamos al mundo. Para librar a la homosexualidad de las cadenas que la amarran al imaginario social instituido como real, habrá que comenzar, entonces, analizando los nombres de esas imágenes, o sea, las palabras.

Por ingenua que fuera nuestra observación del lenguaje, lo que primero notamos es su carácter de universo paralelo y diferenciado respecto de los mundos a los cuales alude. La relación que las palabras mantienen con la realidad no consiste tanto en reflejarla, narrarla o describirla, como en proponer un esquema interpretativo de la misma, ordenar sus datos, en si mismos carentes de sentido, volviéndolos significativos. La función del lenguaje, por lo tanto, no es sólo hablar de la realidad sino crear una realidad, ilusoria, hecha de palabras, pero tan consistente y decisiva como la realidad misma. Y este esfuerzo por distinguir entre lenguaje y realidad no sería necesario si no fuera que una de las finalidades de ese universo verbal autónomo es, precisamente, el confundirse con los hechos del mundo. La «ilusión de realidad» es, en última instancia, la función básica del lenguaje.

Aquel carácter de «realidad paralela» no es exclusivo de los discursos concretos ni tampoco de las ideologías, o sea, de los sistemas de ideas estables redactados socialmente, sino que ya se manifiesta en el propio lenguaje en tanto sistema de signos, en el idioma. La sintaxis y el léxico no son neutros, pues constituyen una peculiar manera de organizar los significados y las relaciones que éstos mantienen entre sí; permitiendo unos e inhibiendo otros. Y los criterios con que el lenguaje realiza esta tarea no son extraídos de la «realidad exterior» sino de los principios que rigen la estructuración de la cultura, de cada cultura. Roland Barthes, en su artículo «Responsabilidades de la gramática» [1] nos alerta sobre este carácter condicionado y condicionante, ya no de la ideología sino de la propia lengua:

que la gramática clásica haya adquirido, en su área social limitada, cierto grado de perfección, no debe ocultar los sacrificios enormes que el uso exclusivo de tal instrumento cuesta a la expresión de una totalidad humana, y tal vez incluso a la formación de ideas nuevas.

Hay ideas que sólo pueden pensarse y expresarse en un determinado idioma. Por lo tanto, hay pueblos enteros que jamás pensaron ni podrán decir ciertas cosas; sólo podrán pensar y decir otras, quizá con exclusividad. Pensemos en las dificultades, a veces insorteables, con que tropieza la traducción, incluso entre idiomas pertenecientes a una misma familia, y veremos evidenciada esta característica estructural del lenguaje. ¿Cómo se expresa en castellano «saudade»? ¿acaso «nostalgia»? Sí; pero no. No es que el castellano-pensante no pueda experimentar aquel bello sentimiento de los portugueses, sino que no ha llegado a distinguirlo. Le ha bastado con la nostalgia. Y los sentimientos humanos son más que los nombres de que disponemos para nombrarlos. Sólo hablamos de aquello que queremos o nos conviene hablar y, sólo para ello, inventamos las palabras.

Y lo que vale para un idioma, vale para todos los dialectos y jergas que de él derivan. Las variaciones dentro de una lengua permiten liberarse de unas ataduras pero al precio de renunciar a ciertas posibilidades. Ninguna jerga, por mucho que transgreda a la lengua madre, se libera de las limitaciones inherentes a todo lenguaje, herederas, como son, de las matrices estructuradoras del todo social como cultura.

A esta determinación cultural del idioma se suman, en un plano más concreto, las condicionantes de las ideologías y sistemas de valores particulares de los distintos sectores sociales y de las distintas épocas. Para decirlo con una metáfora: la lengua construye y delimita la arquitectura de un mundo de ideas, y las ideologías y sistemas de valores éticos, estéticos, etc. completan ese espacio verbal determinando sus relieves, acabados, cromatismos y disposición de los elementos. Retomemos a Barthes, en el mismo artículo:

La Gramática de Port-Royal justifica las reglas, ya no por el uso, sino por el acuerdo lógico entre la regla y las exigencias del entendimiento. Todos los comentadores de esa época, inclusive los modernos, hacen mucho caso de las reformas del siglo XVII a favor de una lengua tan clara que pueda ser comprendida por todo el mundo; pero ese todo el mundo nunca fue más que una porción ínfima de la nación; es más, precisamente en nombre de una exigencia de universalidad, se excluyeron del lenguaje las palabras y la sintaxis inteligibles para el pueblo, las del trabajo y la acción (…). De ese lenguaje están forzosamente excluidas una infinidad de acciones y la acción misma, que en él solamente subsiste como modo profundo y visceral de sentir; de ahí, entre otras, la primacía de los tiempos, la desaparición de los modos y, en general, todas las reformas técnicas que pueden ayudar a eliminar del lenguaje de los directores, como se dice ahora, esa subjetividad tan especial del hombre popular, esa subjetividad que siempre se determina a través de una acción y no a través de una reflexión.

En síntesis, la Gramática tiene algo de cárcel. Y ha sido concebida desde la ideología.

Hay personas que cuando hablan del cáncer bajan la voz o eluden el término diciendo, por ejemplo, «algo malo» o «una cosa fea». Hay quienes prefieren decir «la cantante de color» a decir «la cantante negra». Así queda condicionada la actitud del hablante ante cada tema. Eufemismos, omisiones, sustituciones, relaciones causales, privilegios de unas ideas sobre otras, etc. vienen ya incluidos en las matrices ideológicas – que son sociales – condicionando las opciones verbales del individuo.

Pero estaríamos empobreciendo nuestra comprensión del tema si construyéramos con lo anterior una representación estática del lenguaje. Así como los modelos de relación social y los sistemas de valores van modificándose con los cambios históricos, el lenguaje va adaptándose espontáneamente para absorber esos cambios. No tanto para salvar la distancia entre lenguaje y realidad como para preservar la solidaridad entre lenguaje y cultura.

Norberto Chaves nació en la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires en el año 1942. Tras cursar Filosofía y Arquitectura en la UBA, decidió dar un cambio en su vida y abandono la universidad, en busca de nuevas aventuras. En el año 1976 tuvo que emigrar a causa de la dictadura argentina y vive en Barcelona desde entonces, dedicándose profesionalmente a la asesoría de imagen y comunicación. Desarrolla desde entonces una intensa actividad docente y ha publicado varios libros relacionados con el tema. Además también ha publicado un libro de prosa poética INSTANTES, (Ed Pigmalión), un ensayo sobre la homosexualidad La homosexualidad imaginada. Vigencia y ocaso de un tabú, (Ed. Maia), que ha visto su segunda edición corregida y ampliada en El sexo entre hombres (Ed. Punto de vista editores). Literatura de emergencia para una época sin tiempo, (Ed. Gustavo Gili) y este DESAFUEROS (Ed. Punto de vista editores) que es una edición corregida.

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