El roble y la estepa. Alemania y Rusia desde el siglo XIX hasta hoy | Punto de Vista Editores
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El roble y la estepa. Alemania y Rusia desde el siglo XIX hasta hoy

Dimensiones: 14×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-01-3
Nº de páginas: 242


Nota: Gastos de envío gratuitos solo para España.

18,90 

En los últimos tres siglos, Alemania y Rusia han formado su sistema de decisión estatal —en el sentido moderno de las relaciones internacionales— basándose en tres pilares fundamentales: el comercio, la geopolítica y la energía. En este periodo, los ciclos de disenso o incluso de enfrentamiento militar han tenido un carácter excepcional.
El presente y el futuro de Alemania parecen firmemente anclados a la UE, sin embargo, una serie de situaciones internas la han colocado en una posición delicada, al ver restringida la promoción de sus intereses particulares frente a los de la UE. Por una parte, Rusia tiene muy clara la relación estratégica que quiere mantener con su aliado tradicional. Por otra, los cambios políticos de algunos de los actores mundiales más importantes, con Estados Unidos a la cabeza, pueden llevar en un futuro no muy lejano a un acercamiento aun mayor entre ambas potencias.
Los autores Carlos Fernández Pardo y Alberto Hutschenreuter, ambos expertos en relaciones internacionales, hacen un recorrido minucioso por la historia de los vínculos mantenidos entre ambos países desde el siglo XIX hasta hoy, lo que permite vislumbrar hacia dónde pueden ir en un futuro dichas relaciones y cómo pueden afectar al resto de Europa.

Prólogo
Introducción
1. La evolución histórica de la díada ruso-germana
hasta el siglo XIX
2. Las relaciones de Alemania y Rusia en la era de Bismarck
3. Weltpolitik: Alemania y la política mundial
4. Tratado de Rapallo y una tradición renovada
5. Revisionismo y crisis del equilibrio europeo
6. El Pacto Ribbentrop-Molotov
7. El último mensajero: Molotov y sus conferencias en Berlín
8. Catástrofes paralelas: Alemania y Rusia en la
primera parte del siglo XX
9. 1945: Finis Germaniae
10. El Atlántico prevalece
11. El vuelco al este
12. Alemania y Rusia en el siglo XXI: ¿El retorno de una vieja concordia?
Conclusiones

Introducción

Este libro trata acerca de la relación política entre Rusia y Alemania. Su propósito es explicar y describir la trayectoria de esa relación en un período histórico extenso.
No se trata aquí de observar un desarrollo paralelo, sino un proceso dialéctico con momentos de avances y retrocesos respecto a la aproximación, distanciamiento o guerras estatales en el transcurso de tres siglos. Acertadamente, Carl Schmitt sostenía en un texto clásico que «Desde hace tres siglos los alemanes nunca dejaron de vivir bajo la mirada de los rusos». Estaba lejos de equivocarse. En el inicio del siglo xviii se gesta, en efecto, el vínculo secular que nos proponemos estudiar en los límites de esta obra. El nacimiento del Reino de Prusia (1701) y la consolidación del Imperio de Rusia al concluir exitosamente su Guerra del Norte (1709) parece un comienzo de periodización bastante razonable.
En el curso de tres siglos, Alemania y Rusia efectivamente formaron su sistema de decisión estatal en el sentido moderno de las relaciones internacionales. Pero mientras Rusia miraba hacia el Oriente y el Báltico, Prusia miraba al sur y al este. La Paz de Westfalia resultó distante y ajena a la relación entre Alemania (Prusia) y el Imperio Ruso.
Durante todo el siglo xviii se inscriben situaciones singulares en las relaciones ruso-germanas que se aclaran a la luz de grandes procesos. «Grandes procesos» resulta un término referido a estructuras y a dinámicas determinantes de una situación. Principalmente, el proceso de «toma de la tierra», que equivale a la ocupación, mantenimiento y seguridad del espacio territorial puede ser considerado como una dinámica de esa índole.
Con ese propósito se indagan las constantes geopolíticas, aunque sin asumir necesariamente un enfoque unilateral y determinista. Después de todo, siempre existe un coeficiente de necesidad histórica para que los acontecimientos tengan explicación en su propio campo. Claro está que las constantes geopolíticas imponen a la díada ruso-germana en la sucesión de las épocas y los diferentes regímenes, restricciones y condicionamientos. Conocerlas permite entender además las oportunidades. Su trayectoria es el objeto que orienta este trabajo, que al analizar las relaciones interestatales tiene lugar mediante un enfoque diacrónico y comparativo.
En este libro también buscamos comprender el dinamismo de una relación en el sistema continental de los Estados. En la medida que comprender quiere decir tomar conciencia de un significado, nos hemos detenido en cuestiones ideológicas, políticas e institucionales, proyectadas desde una matriz de diferencias. No obstante, esas diferencias no modifican la premisa realizada por Alemania y Rusia, siendo diferentes en capacidades, en tanto unidades políticas son iguales en la función que cumplen.
Lo primero que observamos en el amplio período bajo análisis, es que Alemania y Rusia crearon sobre Europa central y oriental un subsistema de distribución del poder, con sus capacidades e influencias. Debido a que la posición geográfica es una constante, vemos que su influencia facilita o reduce el costo de acuerdo a las necesidades de las unidades políticas. Cada espacio tiene un valor político determinado. En consecuencia, se desprende de ello que la posición, extensión y límites del crecimiento territorial muestran las posibilidades de modificar el entorno político.
Evaluar la vulnerabilidad resulta más sencillo que hacer lo propio con la amenaza. En alguna parte, Arnold Wolfers llegó a la conclusión que la amenaza se vincula con una «volatilidad de la percepción». Algo así como una oscilación, entre lo subjetivo y lo objetivo entre el régimen doméstico de un Estado y la realidad del sistema internacional. Cuando la amenaza percibida se inspira en el temor, entonces podemos comprobar que la capacidad racional de los actores se pone a prueba únicamente reduciendo la incertidumbre.
Este libro se refiere también a las capacidades de Alemania y de Rusia para acceder a los recursos estratégicos, a los mercados necesarios de factores productivos y a las fuentes para mantener su potencia y su bienestar. Pero también sus aliados. No debemos olvidar la advertencia de Walter
Lippmann de que siempre existe un balance entre compromisos y recursos. Solamente la prudencia política decidirá el incremento de los recursos o la reducción de los compromisos.
No sorprende que la conversión de los recursos en poder político se haya revelado como un tema central en la vida de los Estados. La regla de parsimonia aconseja comenzar el análisis y explicación de un fenómeno partiendo de las causas más simples y progresando hasta donde dichas causas consiguen explicarlo todo según su grado de complejidad. Nuestro argumento descansa en dos asunciones, respecto a la estructura y al proceso. La primera asunción afirma que existen dos constantes geopolíticas (dimensión territorial y posición espacial de cada Estado en la díada ruso-germana) que son determinantes estructurales de su respectivo poder bajo distintas circunstancias, épocas, liderazgos y regímenes domésticos. En esta asunción analítica asoma un dilema de seguridad. Consiste el mismo en señalar que la dependencia de Alemania de recursos estratégicos provenientes de Rusia, sobre todo energía y productos de la tierra, impuso un patrón de creciente dependencia.
El corolario de esta asunción analítica es que el costo de la mencionada dependencia ya entonces no se pagaba con recursos sino con autonomía, lo que resulta más grave. Desde mediados del siglo xix, esta circunstancia ponía de manifiesto la tendencia a incrementarse, sobre todo, por el impulso industrial de Alemania y por el tamaño de su población. Precisamente, esta dependencia constituía la causa de su sentido de vulnerabilidad.
La segunda asunción analítica incorpora una variante clásica al afirmar que el Estado obra como un actor unitario que conoce sus intereses y capta sus oportunidades. Asimismo, el Estado se constituye mediante una combinación de capacidades adscriptas o adquiridas. Las capacidades adscriptas están dadas por la posición geopolítica, en tanto que las capacidades adquiridas nacen de la relación dinámica y cooperativa que generan la confianza, las alianzas favorables o la victoria en el terreno militar. Se ha dicho, acertadamente, que los aliados son palancas para la multiplicación de la propia fuerza.
Joseph Grieco sostiene que los períodos estables y pacíficos o el apoyo mutuo en caso de conflicto hacen plausible la tesis de que Alemania y Rusia se interesarán menos en las ganancias relativas que en las ganancias absolutas.
En definitiva, largos períodos de cooperación pacífica condujeron a que el vínculo ruso-alemán confirme la tesis de Grieco, cuyo coeficiente mide la sensibilidad de un Estado ante diferencias en las ganancias del otro. Ocurre, entonces, que a mayor intensidad de relaciones en un largo tiempo se espera que la incertidumbre sea menor.
Por último, creemos que resulta de utilidad la noción de «densidad dinámica». Es una categoría aproximativa al grado de importancia y magnitud de las interacciones. Fue introducida por el sociólogo francés Emile Durkheim con el propósito de designar la cantidad, frecuencia, relevancia y efectos agregados que producen las relaciones de intercambio político a lo largo del tiempo.
En este libro designamos también como áreas geopolíticas de decisión determinadas posiciones territoriales, consideradas en el caso de Rusia y Alemania, coextensivas a su propia esfera de autonomía soberana. En esta condición se encuentran los Estados del Báltico, la Europa Central (Mitteleuropa), la cuenca del río Danubio con relación al Mar Negro, la presencia de Rusia en el escenario de Medio Oriente y la crisis con Ucrania.
Precisamente, estas áreas geopolíticas de decisión han revelado su importancia en el desarrollo histórico de la díada ruso-germana hasta nuestros días. Ha sido alrededor de estas áreas como se alcanzó su máximo de acercamiento y, en ocasiones, la mayor distancia hasta su confrontación a gran escala. Desde luego, que antes como ahora las relaciones entre Alemania y Rusia han sido complejas y se desplegaron en distintos niveles. Pero aquí nos hemos interesado en las relaciones de naturaleza política en el marco de un sistema que no considera el régimen interno e institucional de cada país como un nivel de análisis determinante.
Como es lógico suponer, un período histórico largo como el que se expone aquí registra la actividad de factores cambiantes de incidencia desigual. En consecuencia, no es posible alcanzar un modelo riguroso explicativo y predictivo. Sí, en cambio, procuramos reducir una experiencia histórica singular a proposiciones generales.
Por lo pronto, la relación entre Rusia y Alemania muestra el crecimiento diferencial de sus respectivas capacidades, influencia y prestigio en el largo plazo. Deberá ponerse a prueba si en aquellas coyunturas en las que se percibe un crecimiento desigual del poder de los Estados, la competencia por el liderazgo relativo deviene más intensa.
El siglo xx se inició bajo el protagonismo de Alemania y Rusia. Nadie discutiría este aserto. Tal vez el siglo xxi corra el telón a un protagonismo parecido. Son pocos los que pondrán en duda que estos países determinaron el curso político del continente europeo. Más aún, que proyectaron imágenes paradigmáticas de una evolución que, al cabo de tres siglos, ofrece ejemplos políticos de interés. Su actividad y relaciones exteriores encierran menos certezas que en el caso de otros países. Cuando se mira hacia atrás, confesaba el historiador Golo Mann, al menos en líneas generales, hay una tendencia a creer que se ha visto llegar la historia.
Una autobiografía de Gerhard Schroeder que este gran político tituló Decisiones, nos permite conocer, con sus propias palabras, la creencia de que existe un requisito para que Europa mantenga su reputación: «En tal sentido, si quiere ser el espacio más poderoso e independiente de la política mundial, ha de unir sus posibilidades con los recursos humanos, territoriales y naturales de Rusia, así como su potencial económico, cultural y defensivo».
Si bien, con un alcance aproximativo, este libro aporta una visión de lo que se conoció, desde el príncipe Bismarck en adelante, como Ostpolitik o «Política oriental», se ha señalado que lo mismo que Inglaterra en el siglo xix, nada hay de novedoso en las prevenciones que despierta la neutralidad alemana.
En el año 1970, Henry Kissinger sostenía que la Ostpolitik, tal vez, fuera una carta de Rusia para amenazar la unidad atlántica. Se decía lo mismo en el año 1939. Dudamos mucho que en la actualidad este juicio carezca de seguidores.

CARLOS A. FERNÁNDEZ PARDO (1946) es doctor en Ciencias Políticas por la Universidad del Salvador. A lo largo de una dilatada trayectoria docente e investigadora, ha desempeñado su labor en la Universidad Católica de La Plata, la Universidad Nacional de San Juan y la Universidad del Salvador, donde dirigió el doctorado de Ciencias Políticas y de Relaciones Internacionales y de donde es profesor emérito. Entre sus obras, destacan: Frantz Fanon (1973), Teoría política y modernidad (1980), Régimen internacional de trabajo. La OIT en la política mundial (1999), Carl Schmitt en la teoría política internacional (2007) y Perón: la unidad nacional entre el conflicto y la reconstrucción (2010).
ALBERTO HUTSCHENREUTER (1959) es doctor summa cum Laude en Relaciones Internacionales por la Universidad del Salvador y posgrado en Control y Gestión de Políticas Públicas por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Profesor titular de Geopolítica en la Escuela Superior de Guerra Aérea, ha ejercido la docencia en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad Abierta Interamericana y en el Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para la Paz de la ONU. Es autor de numerosos trabajos sobre geopolítica y cuestiones internacionales publicados en medios de todo el mundo y ha sido director de Equilibrium Global. Entre sus obras, destacan: La política exterior rusa después de la Guerra Fría. Humillación y reparación (2011) y La gran perturbación. Política entre Estados en el siglo XXI (2014). Asimismo, es coautor de Debate internacional. Escenarios actuales (2014) y de Rusia en el siglo XXI: ascenso y proyección. Realidades y perspectivas de su relación con Argentina (2016).

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