El enfermo de Abisinia | Punto de Vista Editores
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El enfermo de Abisinia

Dimensiones: 13,5×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-82-2
Nº de páginas: 130


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14,90 

El Rimbaud que Orlando Mejía ha escogido para su novela es el más enigmático de los hombres: el que ha huido de la civilización occidental, del éxito literario, de su madre, de sus amigos, de la poesía y, por supuesto, de una parte de sí mismo. Cada uno de aquellos que lo conocieron da su versión de los hechos, bien con repulsión o con admiración y deslumbramiento.
El libro se abre con un poema de Girolamo Fracastoro, de 1530, donde aparece por primera vez la palabra sífilis, que él deriva del pastor Sífilo, quien contrajo una enfermedad que, según Fracastoro, «traspasó las murallas de nuestra ciudad / trayendo consigo tales ruinas y estragos / que ni siquiera el rey escapó a su furor». Este poema nos remite al tema mismo de la novela, pues lo que hace Orlando Mejía, quien pertenece a la estirpe de médicos-escritores (entre los que se cuentan Pío Baroja, Gottfried Benn, Cèline, Chéjov y William Carlos Williams) es escribir estas páginas para desmentir la hipótesis de que Rimbaud murió de sífilis. Esto no se limita, como se verá, a un dato curioso, sino que alude al hecho de que esta enfermedad, como hoy en cierta forma el sida, se relacionó y se sigue relacionando, creo, con degradación, promiscuidad y castigo.
Piedad Bonnett (Del prólogo)

«El enfermo de Abisinia es una novela sobre la muerte y el exilio, del despojamiento del espíritu, del abandono del cuerpo, de la lejanía y la soledad. Sus tres personajes principales: Rimbaud, Verlaine y Sotiros, viven hasta el límite de la condición humana, entre el dolor, el remordimiento y la impotencia.»
Juan Felipe Restrepo David, Revista Universidad de Antioquia

«En El enfermo de Abisinia, Orlando Mejía Rivera realiza un recorrido por la etapa final del escritor francés a través de los testimonios epistolares de amigos y enemigos, defensores y detractores, que ofrecen una suerte de retrato poliédrico del personaje, una multivisión resuelta en un collage de voces.»
Eloy Tizón, Revista de libros

Le peuple souverain

16 de noviembre de 1871

Notas de París

Por Edmond Lepelletier

Con estupor e indignación hemos recorrido las nuevas calles y construcciones hechas por el Barón de Haussmann. Todavía está en el aire el olor de la sangre de los comuneros muertos hace algunos meses y este aristócrata, que no ha ocultado su rabia y resentimiento contra los proletarios de la ciudad, se encarga ahora de pretender borrar del centro de París todo vestigio del pueblo y sus lamentaciones. El centro para los ricos y los miserables que se escondan como ratas en los arrabales, para que una nueva epidemia de cólera los expulse para siempre de la que también es su ciudad, donde sus tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres han luchado por el pan y con su propia sangre han defendido a Francia de sus enemigos extranjeros y de sus más monstruosos enemigos nacionales, como el señor Barón Haussmann, que se enorgullece de ser un «artista de la demolición». Que quede claro a todos mis lectores que esas calles anchas construidas por Haussmann lo que buscan es que el pueblo no pueda volver a hacer sus barricadas, en las que con valentía y orgullo nos han defendido de los que solo piensan en sus propios beneficios personales y de clase, por encima de los intereses de nuestra amada nación.
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Finalizó ayer el Consejo de Guerra contra Elisée Reclus en Saint-Germain. Ha sido condenado a deportación perpetua. ¿Desde cuándo los patriotas terminan castigados por sus hazañas? ¿Acaso por la maravillosa idea del servicio de las palomas mensajeras que tanto alivió a París en el sitio que le impuso el ejército prusiano? Seamos serios. Cómo es posible que a un defensor de París, a un héroe nacional, se le prohiba volver a estar en su propia ciudad. No será con estos aberrantes procedimientos que lograremos la reconciliación, se necesitan más gestos de unión y menos estulticia política. Los amigos de Reclus han organizado en su homenaje una reunión en la casa de la calle Feuillantines Nº 71, mañana a las ocho de la noche. Quedan invitados de mi parte, queridos lectores.
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Acaba de salir en librerías, en volumen doble, la novela de Julio Verne Viaje alrededor de la luna. Los lectores del Magasin d’Education et de Récreation, ya tuvimos oportunidad de leerla por entregas entre marzo de 1869 y junio de 1870. El novelista Verne es un buen narrador, que conoce el oficio y es capaz de entretener al lector con sus aventuras. Sin embargo, deearíamos que su talento no se desperdiciara en fabulaciones imposibles, como viajes a la luna que nunca logrará la especie humana. Señor Verne, desde esta columna lo invitamos a que escriba de la realidad y también de lo que puede llegar a ser posible en el futuro.
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Estuvimos en el Odeón, en compañía de todos los poetas parnasianos, para la presentación de un volumen colectivo de sus poesías editado por el amigo Alphonse Lemerre. Podía distinguirse aquí y allá al rubio Catulle Mendès que daba el brazo al delgado Mérat. León Valade, Dierx, Henri Houssaye charlaban aquí y allá. El poeta saturniano Paul Verlaine cogía del brazo a una persona encantadora, la señorita Rimbaut. En resumen, una velada excelente en el Odeón. Hasta la próxima semana, queridos lectores.

Orlando Mejía Rivera (Bogotá, 1961) es médico especialista en Medicina Interna e historiador de la medicina. Profesor Titular de Humanidades Médicas y Medicina Interna en la Universidad de Caldas (Colombia) ha publicado más de veinte libros en los géneros de novela, cuento y ensayo. Algunos de sus obras son: Recordando a Bosé (2009), En el jardín de Mendel. Bioética, genética humana y sociedad (2010), La biblioteca del dragón y otros ensayos literarios (2012), Medicina arcaica. De las enfermedades prehistóricas a los papiros médicos del antiguo Egipto (Punto de Vista Editores, 2019), Medicina antigua. De Homero a la peste negra (Punto de Vista Editores, 2018) y Dante Alighieri y la medicina (Punto de Vista Editores, 2019). Ha sido ganador de diversos premios como el Premio Nacional de novela del Ministerio de cultura de Colombia (1998) con Pensamientos de Guerra, el Premio Nacional de Ensayo literario Ciudad de Bogotá (1999) con De clones, ciborgs y sirenas y el Premio Nacional de la Cámara colombiana del libro en la categoría «Mejor libro técnico y científico» (1999) con el libro De la prehistoria a la medicina egipcia. Ha sido traducido al alemán, al italiano, al francés, al húngaro y al bengalí.

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