(ENERO 2021) Doña Francisca Pizarro. La ilustre hija del conquistador | Punto de Vista Editores
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(ENERO 2021) Doña Francisca Pizarro. La ilustre hija del conquistador

Dimensiones: 14×22 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-18322-29-7
Nº de páginas: 180

17,90 

Numerosos autores han narrado los episodios de la conquista del Tahuantinsuyu, la historia del Imperio inca, pero muy pocos han abordado la situación de la mujer durante ese periodo. En el presente libro, María Rostworowski parte de la pregunta sobre cuáles eran los sentimientos de las mujeres andinas frente al invasor, para que comprendamos el contexto del nacimiento y la vida de Francisca Pizarro. Y es que estas mujeres tuvieron un contacto más directo y estrecho con los conquistadores, por ser amantes, esposas, mancebas, prostitutas o sirvientas; entre las mujeres indígenas y los invasores se estableció desde muy temprana fecha una obligada relación de dependencia.
De estas uniones furtivas o estables nacieron los primeros mestizos de Perú. La más destacada e insigne de aquellas mestizas de la primera generación fue doña Francisca Pizarro, hija del famoso conquistador Francisco Pizarro y de doña Inés Huaylas Yupanqui, hija a su vez de Huayna Capac, soberano del Tahuantinsuyu, y de Contarhuacho, curaca y señora de Ananguaylas.
Francisca Pizarro, desde muy joven, fue traída a España, donde tuvo una vida novelesca. Sin descender a la especulación literaria ni a la imaginación fácil, este libro recrea, sobre bases documentales firmes, las peripecias de esa «primera mestiza», introduciéndonos, a través de sus biografías, a la vida de otros personajes claves de la conquista del Perú, y a la de muchas mujeres anónimas cuya historia yacía en el olvido.

«María [Rostworowski] reconstruye, cuando las fuentes lo permiten, las vidas de las mujeres de la élite, revela las singularidades de sus vidas al mismo tiempo que las inserta dentro de un universo mayor, de situaciones más amplias que organizan sus vidas. Nos brinda una visión fascinante sobre cómo las particularidades se combinan con contextos más generales, y cómo los individuos no responden sólo a una cuestión individual. Ahí yace una potencialidad interpretativa y metodológica sólida y sugerente».
MARÍA EMMA MANNARELLI, Revista Argumentos

Introducción

1. Los ascendientes maternos de doña Francisca

2. La sublevación de Manco II, el sitio de Los Reyes y la actitud de las mujeres indígenas

3. Pizarro se separa de doña Inés Huaylas Yupanqui y la casa con un español

4. Un juicio por hechicería en Los Reyes

5. Doña Inés Muñoz y la infancia de doña Francisca

6. Las encomiendas de doña Francisca

7. Primer testamento de doña Francisca

8. El viaje a España

9. Hernando Pizarro

10. Isabel Mercado

11. Primer matrimonio

12. Los hijos

13. Segundo matrimonio

14. Los descendientes

15. Comparación entre la infancia de doña Francisca y la de Garcilaso de la Vega

16. Dos coetáneas

Doña Beatriz Clara Coya
Una homónima de doña Francisca

17. Recapitulación

Anexo

Testamento de Doña Francisca Pizarro
Documentos sobre los gastos efectuados durante el viaje a España en 1551 de los hijos de Francisco Pizarro
Cronología

Documentos citados

Bibliografía

Introducción

Numerosos autores han narrado y comentado los episodios de la conquista del Tahuantinsuyu, pero muy pocos han abordado la situación de la mujer andina en ese periodo.
Los acontecimientos de la invasión repercutieron hondamente entre los miembros femeninos, tanto de la nobleza como de las clases populares. En tiempos del Tahuantinsuyu, las mujeres nobles se distinguían de las plebeyas por el cuidado de su persona y su esmero en el vestir. Las de la clase noble llevaban los cabellos largos y sueltos sobre los hombros, y según Pedro Pizarro (1944 [1571]: 200-201), eran hermosas. Durante los viajes estas mujeres eran conducidas en hamacas o en andas por numerosos servidores. Según Sarmiento de Gamboa, cuando la coya o reina se casaba, el Inca le otorgaba un gran número de servidores. Esta élite femenina estaba acostumbrada a una situación de privilegio, de abundancia y de lujo, además de ostentar en algunas regiones el poder, a título de jefe étnico. En el norte, las capullanas o cacicas perdieron, como consecuencia de la invasión europea, su posición sociopolítica a favor de los varones. A raíz de la conquista, muchas mujeres nobles se vieron convertidas en mancebas, concubinas o prostitutas. En algunos casos se casaban con españoles, pero por lo general de rango inferior al suyo.
¿Qué sentimientos surgirían entre las mujeres andinas ante el invasor? ¿Se conjugarían en ellas las cambiantes circunstancias sufridas en tumultuosas contradicciones de amor y de odio?
Fortunas y destinos cambiantes. Para unas, la conquista significaría la pérdida del cobrizo amante tiernamente amado y la caída en el torbellino de las pasiones pasajeras de los nuevos amos del Tahuantinsuyu; mujeres maltratadas, violadas, abandonadas. Otras aceptarían complacientes a los extraños forasteros venidos de misteriosas y lejanas tierras en singulares casas flotantes. ¿Les fascinaría el poder que ejercían los barbados guerreros, su rápido triunfo sobre el hierático y temido Hijo del Sol, Señor de los Cuatro Suyus? ¿Cuánta curiosidad concebirían las mujeres andinas sobre las cualidades y capacidades de amar de los extranjeros?
Solo podemos especular sobre las disposiciones femeninas en el choque de estas dos civilizaciones, tan distinta una de otra.
Los contactos establecidos entre los naturales y los invasores debieron ser diferentes según el género. Los varones estaban obligados a seguir a los españoles en sus guerras civiles y sufrieron las consecuencias de tales conflictos. Durante los combates, los indígenas no solo participaban como soldados en las luchas, sino que fueron empleados masivamente en el transporte de víveres y armas para suplir las necesidades de los ejércitos.
En los momentos de paz, los varones se convertían en la fuerza de trabajo que edificaba las nuevas ciudades y estaban obligados a cumplir la tasa para sus encomenderos, cuya cifra era fijada según el capricho y la rapacidad de los invasores. Esta situación se mantuvo hasta que el licenciado Pedro de La Gasca ordenó la primera Visita General en 1548, en la cual fijó las bases para calcular y confeccionar posteriormente la tasa.
Sin embargo, los encomenderos retardaron la realización de tales visitas, y la tasa resultó muy elevada, en contra del deseo de La Gasca de que fuese benigna para con los naturales, que se veían muy afectados por las guerras entre los españoles. Inclusive en sus cartas, el Licenciado sugería que los indígenas no pagasen tributo durante un año (Rostworowski 1983-1984).
Las mujeres, en cambio, tuvieron un contacto más directo y estrecho con los conquistadores, por ser amantes, esposas, mancebas, prostitutas o sirvientas; entre las mujeres indígenas y los invasores se estableció desde muy temprana fecha una obligada relación de dependencia. Ellas compartían la vida diaria de los hispanos, cohabitaban con ellos según sus diferentes condiciones. La escasez de mujeres españolas en los primeros tiempos hizo indispensable para los varones europeos la presencia de las mujeres andinas.
De estas uniones furtivas o estables nacieron los primeros mestizos del país. A no dudarlo, la más destacada e insigne de aquellas mestizas de la primera generación fue doña Francisca Pizarro, hija del famoso conquistador y de doña Inés Huaylas Yupanqui, hija a su vez de Huayna Capac, soberano del Tahuantinsuyu, y de Contarhuacho, curaca y señora de Ananguaylas.

María Rostworowski (Lima, 1915-2016) inició su educación en distintos países de Europa, pero su formación como investigadora comenzó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde fue discípula del intelectual peruano Raúl Porras Barrenechea y del antropólogo norteamericano John Murra. Fascinada por la historia andina, publicó su primer libro, Pachacutec Inca Yupanqui, en 1953 y desde entonces se dedicó, durante cincuenta años, al estudio de la etnohistoria de los incas. Fue miembro fundadora del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y miembro de número de la Academia Nacional de la Historia de Perú. Recibió el honoris causa de la Universidad Nacional de San Agustín (1991), la Pontificia Universidad Católica del Perú (1996), la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (2008), la Universidad de Varsovia (2010), entre otras. Además, recibió distinciones importantes como la Orden El Sol de Perú (2001) y el premio Sigillo D’Oro del Centro Internacional de Etnohistoria (Palermo, 1996). Entre sus trabajos más reconocidos se encuentran los libros Curacas y sucesiones: costa norte (1961), Historia del Tahuantinsuyu (1988), La mujer en el Perú prehispánico (1995), Pachacútec y la leyenda de los chancas (1997), El señorío de Pachacamac (1999), entre otros. Punto de Vista Editores ha publicado el libro Tahuantinsuyu. Historia del Imperio inca (2016).

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