Dante Alighieri y la medicina | Punto de Vista Editores
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Dante Alighieri y la medicina

Dimensiones: 13,5×21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-61-7
Nº de páginas: 200


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18,90 

Alighieri es reconocido como el poeta polifacético por antonomasia. En su corta vida fue escritor, jurista, polemista, teórico, político, lingüista y filósofo. Y poeta, porque con su arte fue capaz de inaugurar una época incidiendo en la transformación del ser humano y de la civilización y la cultura de Occidente.

La lectura de Dante Alighieri y la medicina revela el atento examen de su autor por el trabajo de especialistas en las más heterogéneas disciplinas quienes, estimulados por Dante, no cesan de estudiarlo. El recorrido por la obra de Alighieri rubrica la vasta formación de Mejía Rivera que fundamenta su trabajo en el estudio, primero filológico y lingüístico, para dar paso al saber semiótico y estrictamente médico que le permite sustentar, argumentar y demostrar con bases sólidas su tesis central: Dante sí hizo estudios médicos, de anatomía, fisiología, patología y farmacopea, como revela el lenguaje metafórico y críptico de su obra literaria.

«Acabo de leer con enorme gusto el libro de Orlando en el que demuestra los conocimientos médicos de Dante. En su condición de médico y escritor, se adentra (nunca mejor usado el término) en las entrañas de la lengua dantesca para establecer decisivas conexiones entre su vocabulario y la fisiología. A su manera, la Comedia es un organismo que no había sido explorado de este modo».
Juan Villoro

Prólogo. Leyendo a Dante, por Fabio Rodríguez Amaya
Prefacio
1. ¿Estudió medicina Dante?
2. Pasajes anatómicos, fisiológicos y fisiognómicos en la Divina comedia
3. El ojo clínico de Dante Alighieri
4. El lenguaje del dolor en la Divina comedia
5. El saber terapéutico, las metáforas médicas y las referencias a médicos en la obra dantesca
6. Las enfermedades oculares y las teorías de la visión en la obra y la vida de Dante
7. Dante y el Primer Círculo: la sucursal del paraíso en el infierno
Epílogo
Bibliografía citada

Prólogo. Leyendo a Dante

Oh quanto è corto il dire e come fioco
al mio concetto! e questo, a quel ch’i’ vidi,
è tanto, che non basta a dicer ‘poco’.
Paradiso, XXXIII, 121-123

Pareciera fruto del delirio afirmar que, con las debidas proporciones, el maestro Orlando Mejía Rivera es un émulo del poeta por antonomasia. Lo hago, memorioso de introducir un libro que se publica en un mundo donde, a decir poco, el saber sigue a la saga de la ignorancia, sobre todo en su clase dirigente.
Alighieri es reconocido después de siete siglos como lo fue en su momento, como el poeta por antonomasia por su ser polifacético. En su corta vida fue escritor, jurista, polemista, teórico, político, lingüista y filósofo; entre los mejores de esa larga, lóbrega y, al final, asombrosa noche del Medioevo. Y poeta, porque con su arte fue capaz de inaugurar una época, con su inteligencia, de leerla, con su sensibilidad, de contarla y gracias a la invención de su mundo, de recrearla, incidiendo a cabalidad en la transformación del ser humano y de la civilización y la cultura de Occidente.
El autor de este libro es un científico de la medicina y un activo curador de almas y cuerpos, políglota, docto en historia, ciencias, filosofía, antropología, lingüística y arte. Y, a su vez, es poeta, ensayista y narrador, de los mejores en Colombia, como su obra certifica con creces. Además, me consta que, dinámico y silencioso, transcurre su vida en el ir y venir, humilde y generoso, por entre los hospitales donde practica la ciencia, la facultad donde profesa el magisterio y la excelente biblioteca de su hogar, donde activa el pensamiento y donde, incesante y lúdico, ejerce la poesía.
No lo hace en las dulces colinas de la ruidosa, cosmopolita y lujuriosa Florencia del valle del río Arno, ni en la aurora de un humanismo cimero, sino allá, en las lejuras lejanas cual son las feraces cimas andinas de la provinciana y mojigata, mas dinámica y sorprendente Manizales. Y en esa patria colombiana, la suya, inmersa en una sombría y perenne guerra fratricida que se libra desde el alba de los tiempos modernos y que duda aún si salir de su anquilosado medioevo.
La lección del maestro florentino, asimilada por el maestro colombiano, es clara y concisa: mi verbo se queda corto frente a la idea, y lo que digo respecto a esta (y a la epifanía que he vivido), aún más. En su vasto sentido plural, los tres versos del último canto del Paraíso me mueven a presentar, entusiasta, este tratado de la inteligencia traducido en libro. Y, sin retórica, apelo una vez más a la sabiduría del toscano: leerlo me induce a pensar en el imperceptible umbral que hay entre el conocimiento y el saber, el que a mi entender constituye la poesía, y del que este libro da merecida cuenta.
Solo una juiciosa lectura de la Commedia, como la hecha por Mejía Rivera, es ya una empresa, por el hermetismo de su lengua y la pluri significación de sus lenguajes. La interpretación correcta del sencillo barroquismo de Dante implica también un conocimiento certero del vernáculo toscano (esa forma primaria del italiano moderno), con fundamentos sólidos de latín y griego y, sin duda, del bello idioma español, que se piensa y, del castellano, que se escribe. Agréguese a esto el dominio de la imagen y la apasionada erudición médica, para saber de qué habla Mejía Rivera: en la poesía y en la ciencia.
No es de menos la investigación que le ha impuesto al tratadista fatigosos años de rastreo estudiando por el mundo en las más variadas bibliotecas, rastreando con método tratados médicos, científicos, filosóficos y teológicos de la época, salteando lecturas eruditas y multilingües de diferentes épocas y escuelas, más el renaciente arte y sus códigos estéticos, incluido el de la contemporaneidad. Confortado todo por el saber epistemológico y la mesura que le imponen al escritor un distanciamiento crítico de la materia tratada. No dudo que el mismo Dante, patrón de un ánimo lúdico, diría: ¡Tómbola! Y si fueran conocedores de este libro y de su autor, Carpentier y Saramago, que en ello son maestros, dirían: «Sencilla y diligentemente barrocos».
La lectura de Dante y la medicina revela el atento examen realizado por su autor del trabajo de los especialistas en las más heterogéneas disciplinas quienes, estimulados por el poema princeps de la literatura de Occidente, no cesan de estudiarlo: tal el misterio del arte. De este modo el recorrido por la obra poética de Alighieri en su conjunto, por documentos, tratados y testimonios de exégetas y contemporáneos, comenzando por Boccaccio y los doctores en Bolonia y Padua (sus maestros), rubrican la vasta formación de Mejía Rivera. Un ponderado aparato crítico-metodológico acentúa el valor de este libro que incluso polemiza con traductores y especialistas, y lo convierte en un vademécum, en apariencia mamotrético, mas en realidad medido en sus apreciaciones y distante de la especulación impresionista. El texto está soportado en una escritura cristalina que facilita, al especialista y al gran público, el acceso a la materia hostil de las patologías, de la intricada concepción de la medicina de la época, basada en los conocimientos primordiales del cuerpo humano, la farmacopea y la alquimia en la aurora de su cientificidad.
Este libro es un tratado, ampliado, corregido y renovado de los muchos que ha consultado el autor; está ampliamente ratificado por la bibliografía razonada y por la originalidad discursiva de los temas afrontados. Es necesario certificar la adhesión de su autor con la necesidad que vengo perorando ya desde hace muchos años, de configurar una escuela crítica independiente y laica, democrática y responsable, en un país como Colombia, donde esta brilla por su ausencia. La factura de Dante y la medicina ejemplariza un trabajo enraizado en el principio de que el ejercicio de la lectura es un ejercicio de la crítica y esta, a su vez, está implícita en el ejercicio de la escritura. Mejía Rivera desborda la tradición de las relaciones causa-efecto y funda su trabajo en el estudio, primero filológico y lingüístico de la Commedia, para dar paso al saber semiótico y estrictamente médico. Esto le permite sustentar, argumentar y demostrar con bases sólidas y con suficiencia, su tesis central: Dante sí hizo estudios médicos: de anatomía, fisiología, patología y farmacopea, como revela el lenguaje metafórico y críptico de su obra literaria y como era pertinente en su tiempo para desempeñarse en el gobierno de la señoría florentina, cuando la cultura era un patrimonio auténtico.
Un latinoamericano y cosmopolita ratifica la vigencia de este universo que aún no se escucha. Mejía Rivera asume el compromiso del intelectual con la cultura científica y humanística, al igual que con la sociedad de hoy, agobiada por las enfermedades sociales, acentuadas a la vez por la neurosis, la velocidad y el desencanto. A esta colectividad, en manos de la ordinariez, gobernada por la vulgaridad, la corrupción y el espectáculo chabacano, se dirige este libro. Como demostración de que el saber se une al conocimiento para hacer de lo impracticable y de lo oscuro una exquisita y fértil material, como es la ciencia, escrita por la poesía.

Fabio Rodríguez Amaya
Università degli Studi di Bergamo
Otoño, 2017

Orlando Mejía Rivera (Bogotá, 1961) es médico especialista en Medicina Interna e historiador de la medicina. Profesor Titular de Humanidades Médicas y Medicina Interna en la Universidad de Caldas (Colombia) ha publicado más de veinte libros en los géneros de novela, cuento y ensayo. Algunos de sus obras son: El enfermo de Abisinia (2008), Recordando a Bosé (2009), En el jardín de Mendel. Bioética, genética humana y sociedad (2010), La biblioteca del dragón y otros ensayos literarios (2012) y Medicina antigua. De Homero a la peste negra (Punto de Vista Editores, 2018). Ha sido ganador de diversos premios como el Premio Nacional de novela del Ministerio de cultura de Colombia (1998) con Pensamientos de Guerra, el Premio Nacional de Ensayo literario Ciudad de Bogotá (1999) con De clones, ciborgs y sirenas y el Premio Nacional de la Cámara colombiana del libro en la categoría «Mejor libro técnico y científico» (1999) con el libro De la prehistoria a la medicina egipcia. Ha sido traducido al alemán, al italiano, al francés, al húngaro y al bengalí.

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