Actos Intimos | Punto de Vista Editores
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Actos Intimos

Dimensiones: 15×23 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-16876-27-3
Nº de páginas: 354


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23,90 

¿Puede improvisarse una emoción? ¿Hasta qué punto podemos ensayar un sentimiento y llevarlo a escena? ¿Existe un método para amar, sufrir o estar tristes? ¿Sabemos lo que nos deparará el destino a la vuelta de la esquina? Entonces, ¿por qué pactarlo todo también en el teatro? Son cuestiones sobre las que el actor, director y dramaturgo español Santi Senso lleva reflexionando a lo largo de toda su trayectoria profesional y que le han llevado a desarrollar un lenguaje artístico propio y singular, el lenguaje de los Actos Intimos. Un lenguaje donde no hay lugar para el ensayo ni la improvisación, donde los pactos no están permitidos y en el que la incertidumbre abre la puerta a la vulnerabilidad del actor/espectador y a una verdad descarnadamente honesta.

De todo ello nos habla en primera persona en este libro. Del acto creador, del «no método» de actuación, del impulso irracional con el que desarrolla sus dramaturgias, de la manera en que desea comunicarse con el espectador, copartícipe siempre de sus espectáculos.

El lector encontrará aquí una selección de sus más destacadas dramaturgias, que el artista ha adaptado ex profeso para este libro con el que busca trascender el acto de lectura, que se convierte así en una experiencia única, en un auténtico Acto Intimo.

Finalmente, en los «Cuadernos íntimos» y el «Oráculo de Senso» el lector/protagonista encontrará nuevas vías para interactuar con el autor, cuya obra literaria se convierte en un artefacto digno de su original lenguaje.

«Santi Senso tiene un fajo de sorpresas reservado: seremos huéspedes suyos, no meros espectadores, y acabaremos implicados en su juego como quien no quiere la cosa. Nadie se resistirá.»
JAVIER VALLEJO, El País

Prólogos: Tres miradas sobre Santi Senso
En mi casa, que es la tuya, por Javier Vallejo
La belleza de vivir en la incertidumbre, por Curro Cañete
La esencia amiga, por Alberto Amarilla

Primera parte: Exégesis

Segunda parte: Dramaturgias vivas
Hiela el calor
El amor eterno
Velar el desvelo
Orgíame. La depravación del yo
Intento, un acto de amor
Desnudando a los clásicos
La religión de Sade
Yo, indígena. La conquista de uno mismo
El descanso de Caronte
Pornocapitalismo, a sangre viva
Casta, peste y eternidad. Una apología del amor

Tercera parte: El oráculo de Senso. Sin verdad absoluta, con amor en absoluto
Cuaderno Íntimo
Soy afortunado

Primera parte: Exégesis

El impulso irracional

Todo parte de un impulso irracional, de un sentimiento, de una emoción visceral, prácticamente siempre las mismas: el poder, el deseo, la dominación, la sumisión, la muerte, la familia, la herencia, el legado, la vulnerabilidad, el miedo, el suicidio, el contagio, la venganza, la religión, el ego, el amor y la locura, una locura linda.
Normalmente, me inspiro en personajes y autores clásicos como Romeo o Dante, del teatro griego o romano, e incluso de personajes más modernos como Don Juan Tenorio, Drácula, el Marqués de Sade, y un largo etcétera. Con ese impulso, el de querer ahondar en la vida, en el sentir, en el latir de estos personajes y escritores, me planteo qué es lo que me habita, qué aporto yo a esos personajes reales o ficticios de los que únicamente adopto los nombres, porque en realidad siempre me comporto como soy yo. Por eso, en los Actos Intimos los espectadores no ven a Don Juan Tenorio, por mucho que Doña Inés me llame así. En el Acto Intimo, ven a Santi, porque hablo de una forma honesta, desde la verdad, desde el yo. La gente que me conoce sabe que me llamo Santi, los que no, aceptan el nombre de Don Juan como referente.
Otros son personajes contemporáneos, un vagabundo, un comunista o un capitalista… puede ser cualquiera. En Pornocapitalismo, por ejemplo, no me llamo Pedro, me llamo Santi, que es capitalista. Lo que me mueve a interpretar esos personajes son las emociones y los sentimientos. Si me mueve el poder y el deseo, encarnaré a Don Juan Tenorio; si me mueve la dominación y la sumisión, al Marqués de Sade; si me obsesiona la idea del legado, el alma que vamos a dejar de herencia en el mundo, la estirpe, el contagio, encarnaré a Drácula. El Santi que acepta la vida y por eso también la muerte, ¿a quién encarna? A Caronte. Si me viene el impulso del amor, un amor limpio y puro, encarnaré a Romeo.
Yo encarno un sentimiento, pero realmente Santi es el que es, porque lo que a mí me habita es la emoción. Porque, ¿cuántos Carontes hay en la vida que se llamen Pedro, Catalina, Beatriz?, ¿cuántas Ofelias hay en la vida? Por eso, muchas de mis compañeras y compañeros también utilizan sus propios nombres en los Actos Intimos, porque los hacen más cercanos, y para ir cediendo el protagonismo a los espectadores y espectadoras, que no son tales, sino habitantes de ese espacio, son nuestros parientes y parientas de Romeo y Julieta, son los clientes y clientas cuando vienen a hacer ese trabajo, ese juego, ese habitar de la sumisión y la dominación. Son inquilinos y huéspedes de esas casas particulares donde vamos a compartir el Acto Intimo.
Así pues, en el origen de todo está el impulso, visceral e irracional, muy visceral, nada racional, no hay nada premeditado. Tomo un personaje histórico o real, contemporáneo, de ahora, del día a día: un vagabundo, un capitalista, una prostituta, como me venga el impulso de la emoción, que es lo primero, y seguidamente viene el personaje, que es una excusa, un referente para poder presentar la emoción en sociedad, para ubicarla, aunque después es a mí al que realmente ven, sienten, tocan, desean, increpan, etiquetan o aceptan o no aceptan.
Ese «no personaje» nace de un latir, un sentimiento, una emoción. Y, de pronto, sin saberlo, sin quererlo, sin pactarlo, me viene un nombre para el Acto Intimo, y de ahí, como un chorro, como un vomitar, como un escupir, me viene la sinopsis de lo que voy a hacer.
Entonces, en unos primeros textos reflejo, por ejemplo, sentimientos que he tenido de poder, donde me he sentido poderoso, donde me he sentido dominante, donde me he sentido no compasivo, donde he sentido el amor más pleno, más verdadero, más honesto, generoso. Textos donde no hay censuras, ni corazas, ni ataduras, textos que son recuerdos.
Es todo muy autobiográfico, me baso en mi vida, en mi familia, en mi colegio, en mi educación católica, mi educación en la calle, con mis amigos, en la iglesia, en los campamentos católicos, en la música, en el conservatorio en mi rebeldía no buscada sino inconsciente. Es curioso porque siempre he recibido una educación muy estricta, menos en mi familia, donde ha primado siempre el respeto y la escucha. El amor.
Mi familia, mis hermanos forman parte de todos mis escritos, están siempre presentes, forman parte también de toda esa dramaturgia y están siempre en el arranque de un Acto Intimo. Ellos me acompañan y forman parte de la puesta en escena, en los textos, en el attrezzo, con las fotografías de mi familia, de mis padres, con esas cartas de amor que se escribían. Ahí es donde descubrí que mi familia no tenía secretos, y que los Actos Intimos no son secretos, y que la intimidad sólo es íntima cuando se comparte.
Cuando yo les pedía a mis padres las cartas de amor que se escribían de novios y ellos las compartían conmigo, eso ya era un Acto Intimo en sí. Si no me las hubieran enseñado, serían unas cartas secretas. Pero un acto secreto, ¿cómo se cuenta? De ahí vino esta cosa del Acto Intimo, de que la intimidad está en uno y sólo es íntimo lo que se desvela, lo que se visibiliza.

La aceptación del ego

Lo que se llegue a desvelar en el Acto Intimo forma parte del ego. Cuando uno acepta su ego en todas sus ramificaciones, en el amor, en el trabajo, en la amistad, se comunica con otros egos y los escucha. La dramaturgia, el texto, el movimiento, la coreografía, la música salen justamente de ahí, porque previamente ya he escrito en un papel o en mi cuerpo, en mis recuerdos, mi historia de la dominación, mi historia del amor, mi historia de la seducción.
Ya sé cómo seduzco y lo acepto, ya sé cómo amo, ya sé cómo domino, ya sé cómo son mis actos más fuertes y perversos sexualmente hablando y los comparto, y eso asusta, y da miedo, y paraliza. Por eso yo digo que mi ego es muy dominante y poderoso, porque lo acepto. Dominación que no se impone sino que se propone.
Día a día, me enfrento a nuevos retos, a nuevas ramificaciones de mi ego que tengo que trabajar: eso forma parte de ese proceso de aceptación. Trabajo sobre el ego y sobre la aceptación. Uno sabe pedir perdón sin verbalizarlo a otra persona, al mundo, a su padre, a su madre, a su amante, a su pareja cuando acepta su ego. Es muy revelador eso de pedir perdón antes que esperar que otros te lo pidan a ti.
Si realmente aceptas tu ego, reconocerás en él tu carácter, tu nivel de exigencia con y para el mundo; y si, ante esta exigencia, esa demanda, alguien se siente violado y te das cuenta de ello, le pedirás perdón porque sabrás aceptar que eres invasivo, y ojo que Santi es muy invasivo.
El ego es más poderoso cuando es aceptado, porque cuando no lo es lo único que nos queda es el ególatra y su egocentrismo. Y esto último es nefasto porque aniquila el ego ajeno.
Cuando forzamos al otro negando su ego, llegamos a invadirlo, lo violamos. Seamos honestos aceptándonos a nosotros mismos y respetando el yo de los demás. Este proceso de aceptación produce sufrimiento si se lucha contra él, y no es bueno sufrir, no hay que luchar en su contra.

El principio de incertidumbre

¿Cuál es el fin que espero alcanzar en un Acto Intimo? Ninguno. Y en esto soy radical por una razón muy clara: sería aburridísimo saber cuál es el final de todo esto, cuál va a ser mi final.
Habita una frase en mí: así como Jesucristo se brindó hacia un futuro cierto porque aceptó que iba a morir hiciese lo que hiciese, yo no sé cómo voy a morir, yo no sé cuál va a ser el final de los Actos Intimos, yo no sé cuál va a ser mi final del día de hoy, y es mucho más divertido.
Por eso no proyecto nada, no tengo ninguna meta, ningún propósito y, es más, no permito que nada ni nadie proyecte ni me ponga una meta nunca, porque es más divertido no saber lo que me va a pasar, porque es divertido y yo me quiero divertir, no quiero saber lo que me va a pasar.
Por eso, como en el día a día, ¿cómo valoro si un Acto Intimo ha ido bien o mal? El día es muy largo, pasan muchas cosas y yo sé aprovechar bien todas ellas. Es decir, si me dan una mala noticia un día, si en un Acto Intimo pasa algo muy feo, ¿con qué me quedo yo, sólo con eso? El Acto Intimo dura desde quince, veinte minutos hasta seis horas y el día tiene veinticuatro, ¡anda que no me pasan cosas en una mañana! Y yo, ¿con qué me quedo? No soy un tipo que se quede con sólo una cosa, mi ambición está en eso, en querer disfrutar de todo lo que pasa en el día.
Me puede habitar la tristeza un ratito, pero no mucho más, porque quiero pasar a otras cosas, a la felicidad, a la cólera, al llanto, a la locura, a lo que sea, pero no me quedo sólo con eso que me dice el espectador o con lo aparentemente negativo, porque todo es enriquecedor, todo es muy hermoso porque viene desde un impulso también honesto y de la verdad de un espectador, y eso se ve, porque es muy poderosa.
En los Actos Intimos, no busco conscientemente nada. A la gente que me pregunta qué busco, qué espero conseguir, yo les devolvería la pregunta: ¿qué buscas tú en mí que no tienes y necesitas? Es muy revelador también: ¿qué buscas en mí que te falta y no encuentras? Porque a lo mejor no lo tengo, yo no soy un superhéroe, no lo tengo todo. ¿Qué buscas en mí que no encuentras y necesitas? Esto es muy revelador para los Actos Intimos y sobre todo para la persona que se adentra en el mundo desde el que me comunico.

Santi Senso (Cáceres, 1979) es actor, director y dramaturgo. Profesional autodidacta, es el creador del lenguaje de los Actos Intimos, una propuesta artística que parte de un impulso irracional, de un sentimiento o de una emoción visceral. Es el fundador y director del Festival Internacional
de Teatro Íntimo en Casas Particulares y participa habitualmente en radio, cine, teatro, musicales y televisión. Es profesor de la escuela Central de Cine y dirige una tertulia en el Café Gijón de Madrid.
Ha representado sus obras en los Estados Unidos, Portugal, Alemania, Uruguay, Bolivia, Chile, Venezuela, Argentina y Colombia, así como en diversos festivales españoles e internacionales como el Festival de Teatro Clásico de Alcalá, el Festival de Teatro Clásico de Cáceres, el Festival de Escena Clásica Experimental (Gigante), el Festival La Alternativa, Surge Madrid, el Festival Vegas Bajas y el Festival Internacional de las Artes Escénicas de Medellín, entre otros. Algunos de sus Actos Intimos son USEme; hEROinTImiSMO; Santo varón; EGOsenso; ConocerTEme, DespedirME de mí, DesarraigarME de mí, TejidoVIVO, Manada, Conquistar SIN violar; Libertad sin censura, Montevideo generoso; SENSOmorfismo; La Cosa Más Maravillosa Del Mundo (LCMMDM); Hiela el calor; El amor eterno; Velar el desvelo; ORGÍAme. La depravación del YO; Intento, un acto de amor; DesnuDANDO a los clásicos; La religión de Sade; Yo, indígena. La conquista de uno mismo; El descanso de Caronte; Pornocapitalismo, a sangre viva; y Casta, peste y eternidad. Una apología del Amor.

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